¿Cómo puede ser?

 

¿Cómo puede ser que el presidente de Vox pida a los afiliados que vigilemos a los dirigentes para que no se aparten de las ideas fundamentales que predica el partido, y que yo reciba un mensaje de la sede, redactado en términos extremadamente impertinentes, en el que me piden que me calle y deje de expresar opiniones que, según ellos, dañan a Vox?

 

Mis comentarios tenían como objetivo poner de manifiesto mi disconformidad por la defenestración de un candidato magnífico: Fernando Paz. Fueron realizados en un grupo de Whatsapp integrado por los que fuimos a Alsasua a homenajear a la Guardia Civil el domingo cuatro de noviembre de 2018. Quiero decir que se trataba de un grupo de afiliados o simpatizantes de Vox, en el que creo que deben ser absolutamente normales discusiones políticas de este tipo.

 

Pero en la sede se deben haber dado instrucciones para que se aplauda todo lo que sea conforme con las decisiones de la dirección del partido y se silencien todas las críticas a su actuación.

 

¿No es esto incoherente con la invitación del presidente a vigilar?

 

Pueden haber sido varias las causas de esta incoherencia.

 

Que los que trabajan en la sede estén tan absortos en su trabajo de control, que no conozcan el pensamiento del presidente de su propio partido ni estén al tanto del contenido de los discursos que pronuncia.

 

Que al presidente de Vox le pase lo que a Francisco, que se le caliente la boca cuando habla y diga cosas que no se corresponden con la realidad de la organización que dirige.

 

Que en el seno del partido haya un auténtico complejo por el comportamiento que se ha tenido con Fernando Paz y se haya decidido que cualquier referencia a lo que sucedió debe ser eliminada.

 

No lo sé.

 

El caso es que a mí me han pedido que me calle.

 

Obedezco y me callo.

 

Pero me voy.

 

No tuve más aspiración que la de ser un simple afiliado.

 

Adiós, Vox.