Como ha podido conocerse a través de diferentes medios de comunicación, los tres chicos acusados por el Caso Arandina han sido condenados por la Audiencia Provincial de Burgos con la pena de prisión de 38 años para cada uno por la comisión de tres delitos de agresión sexual contra una joven, ya que se considera a cada uno autor de un delito de agresión sexual y cooperador necesario de los delitos contra la libertad sexual de la víctima cometido por los otros chicos. De este modo, se aplica el razonamiento sugerido como más correcto en la Sentencia del Tribunal Supremo 344/2019, de 4 de julio, que tuvo que resolver el caso de la Manada de un modo distinto por lo que el Tribunal Supremo entendió como un error del Ministerio Fiscal, que solicitó en el caso desarrollado en Pamplona penas más reducidas por considerar que hubo un solo delito continuado por parte de los acusados.

 

El problema principal que se plantea en el Caso Arandina es que la condena se fundamenta principalmente en la declaración de la víctima. La misma, como señala José María de Pablo Hermida en un artículo titulado “La persistencia en la incriminación, el eslabón débil de la sentencia” y publicado en El Mundo, plantea problemas, pues “el enjuiciamiento de los delitos contra la libertad sexual presenta una especial dificultad: al tratarse de delitos que habitualmente se cometen en la intimidad, es muy poco probable que existan pruebas de cargo distintas de la propia declaración de quien asegura ser víctima”, debiendo obrar el órgano jurisdiccional que se ocupe de dictar la sentencia con mucha prudencia, pues hay que procurar garantizar que no se vulnere la presunción de inocencia, pero también hay que evitar la impunidad.

 

Hay que tener presente que la Sentencia del Tribunal Supremo 119/2019, de 6 de marzo, señala que es posible que el tribunal avale su convicción en la versión de la víctima, ya que la credibilidad y verosimilitud de su declaración se enmarca en la apreciación de una serie de factores a tener en cuenta en el proceso valorativo del órgano jurisdiccional encargado del enjuiciamiento, entre los que se encuentran: 1.- Seguridad en la declaración ante el Tribunal por el interrogatorio del Ministerio Fiscal, letrado/a de la acusación particular y de la defensa; 2.- Concreción en el relato de los hechos ocurridos objeto de la causa; 3.- Claridad expositiva ante el Tribunal; 4.- "Lenguaje gestual" de convicción. Este elemento es de gran importancia y se caracteriza por la forma en que la víctima se expresa desde el punto de vista de los "gestos" con los que se acompaña en su declaración ante el Tribunal; 5.- Seriedad expositiva que aleja la creencia del Tribunal de un relato figurado, con fabulaciones, o poco creíble; 6.- Expresividad descriptiva en el relato de los hechos ocurridos; 7.- Ausencia de contradicciones y concordancia del iter relatado de los hechos; 8.- Ausencia de lagunas en el relato de exposición que pueda llevar a dudas de su credibilidad; 9.- La declaración no debe ser fragmentada; 10.- Debe desprenderse un relato íntegro de los hechos y no fraccionado acerca de lo que le interese declarar y ocultar lo que le beneficie acerca de lo ocurrido; 11.- Debe contar tanto lo que a ella y su posición beneficia como lo que le perjudica. En el caso analizado por la sentencia del Tribunal Supremo indicada, se admitió como única prueba la declaración de la víctima por varios motivos: 1.- Se apreció una coherencia interna en su declaración; 2.- No se encontró ánimo espurio de venganza o resentimiento que pudiera influir en la valoración de dicha declaración; 3.- Detalló claramente los hechos; 4.- Distinguió las situaciones, los presentes, los motivos; 5.- Evidenció una falta de propósito de perjudicar al acusado; 6.- Discriminó los hechos que tenían lugar habitualmente, de los que no.

 

La Audiencia Provincial de Burgos ha tenido por cierta la declaración de la víctima aunque existan varios interrogantes sobre la aptitud de esa única prueba para formar la convicción del tribunal, ya que la chica presentó varias versiones distintas y mostró actitudes contradictorias ante su familia y amigos. La sentencia del Caso Arandina señala que la joven prefirió mostrarse como protagonista antes que como víctima y que por eso se jactó de la relación con los condenados ante sus amigos, pero no se puede ser taxativo sobre ese extremo, pues también era viable pensar que la chica quiso evitar el desagrado de su familia presentándose como víctima ante sus padres. Este abanico de posibilidades genera una falta de certeza que podría haber determinado la absolución, pues, en palabras de la Sentencia del Tribunal Supremo 487/2019, de 15 de octubre, “Hay hipótesis alternativas que no pueden descartarse con rotundidad y que gozan de un nivel similar de probabilidad”.