Apple, buque insignia de los tres decenios de nuestra asumida, sutil y alevosa tiranía: internet. Y, rampante, la hembra alfa del oscuro conciliábulo forjado por Steve Jobs. De nombre Siri. Siri hace llamadas y manda mensajes cuando estás al volante, vas con las manos ocupadas o simplemente tienes prisa. Además, va un paso por delante y te sugiere cosas como enviar un mensaje para decir que has pillado un atasco y llegas tarde. Siri es una forma más rápida y fácil de hacer de todo como si nada. Siri es la manera más inteligente de controlar una casa inteligente. Siri puede hacer reservas o buscar y enviar archivos más rápido que tú. Siri no deja de aprender para no parar de ayudar. Y, sobre todo, me quedo con este puntazo, Siri tiene respuestas a todo tipo de preguntas.

 

Siri es la polla, pero no sabe o no puede chuparlas. El abrillantamiento de glandes no se encuentra, de momento, entre sus poliédricas posibilidades. Leíamos, en las pancartas del pasado 8-M, dos referencias al bicharraco de la compañía de la manzanita. No soy Siri, búscate la vida. Y la mejor, Que te la chupe Siri. Lemas simpáticos, dentro de lo que cabe. Se alejan, algo, del feminismo cancerígeno, valga la redundancia. Y de sus genocidas lemas, que huelgo reiterar. Repasemos algunos cordiales, además del memento a la soplagaitas Siri. Por ejemplo, inmortal instante, algún varón zascandil cambió el cartel No somos princesas, somos Dragonas. Modificó la letra d. Queda más chulo. No somos princesas, somos Tragonas. Hay mucha maldad masculina por el mundo y debemos denunciarla. Mira tú que cambiar las letras de las pancartas. Otros dos lemas rezumaban cierta gracia. Las niñas ya no quieren ser princesas, quieren ser alcaldesas. Ten cuidado, Manolita Carmena, abuelita fiera. Sin Hermione, Harry hubiera en el primer libro. Tienen un pase. Poco digno de salvarse durante el aquelarre del 8-M.

 

 

Jodiéndonos la vida

 

Cantaba la muchachada de Portugalete, Dinamita pa`los pollos, que "tras sus tetas no había corazón". Lo único que se detecta es un turbión de zumbadas con la máquina del tiempo suspendida. Una avalancha de mujeres actuales, salvo honrosas excepciones, hipernarcisistas, parásitas, carentes de empatía, con doble o triple moral, manipuladoras, sin el mínimo sentido de la autocrítica, con tendencia a la sociopatía (y a la manía persecutoria), irresponsables, impulsivas, histéricas y muy caóticas. Como aclara mi admirada Alicia Rubio, las prohibieron ser mujeres y el resultado, añado, es un (psicópata) churro caracolero. Están, casi todas, muy averiadas. Las mujeres hace décadas que tienen abiertas todas las posibilidades educativas y laborales. Los que no las tienen son los pobres, como siempre. Ya sean hombres o mujeres. Aplastados por el Leviatán y el Gran Capital.

 

Lo demás es lo que vivimos a diario: sistemática satanización del varón y una gran multinacional del victimismo, un embuste perpetuo que escenifican, un día sí y otro también, las vividoras feministas de las sociedades occidentales. Solo se ve lo sabido: niñatas (y no tan niñatas) corrompidas por un macizo lavado de cerebro. El feminismo, sin más, un poderoso instrumento de control social del Estado y de fundaciones privadas de megamillonarios (Open Society, Friedrich Ebert, Rockefeller, Ford...) que se irradia pertinazmente en medios de comunicación, a través de la clase política, con el soporte del sistema judicial y el lucrativo socorro del entorno académico cediendo sus recintos universitarios para la propaganda de género.

 

Tendentes a la sinécdoque, confunden la parte con el todo. Las feministas, que tienen la nociva costumbre de hablar en nombre de todas las mujeres, disfrutan del privilegio de tener leyes específicas a su favor, como es el caso de la Ley Integral Contra la Violencia de Género que, después de 15 años de su entrada en vigor en España, no sólo no ha “resuelto” la molestia de la llamada “violencia de género” (una cuestión que consiente muchas variables difícilmente controlables y que ha fundado nuevas injusticias) sino que, paradójicamente, la ha acrecentado. Esa Ley, ese pavor indeclinable, con Juzgados específicos, entre nazis y bolcheviques, con sus siempre abrumadoras sentencias a favor de la hembra en los casos de separaciones y divorcios. Totalitarismo.

 

 

Los tres cerditos

 

Eso sí, siempre con el apoyo fortachón de los tres cerditos del Estado: milicos, togados y maderos. Y, rúbrica, los siniestros servicios secretos para lo que se tercie. También es, desde luego, un enorme negocio. Las asociaciones feministas reciben cuantiosas regalías estatales del que llaman Estado “patriarcal opresor” (progre-neoliberal), quien ampara la venturosa industria de género a través de sus organismos públicos estatales (Observatorios, Instituto de la Mujer…), autonómicos y locales, sin referir los favores que reciben de Entidades privadas o asociaciones como la Comisión Europea. Unos privilegios abultadísimos y colosales, desorbitados y totalitarios. Las manifas solo sirven, pues, para exigir más. La mujer tiene hoy día acceso predominante, por el sistema de cuotas, en menoscabo de principios de justicia básicos, como los de mérito y capacidad, a empleos estatales o privados. Y, deletéreo agregado, filtran a diario una aterradora neolengua, semántica corrupta y postmoderna: yo si te creo, techo de cristal, sororidad, cultura de la violación, masculinidad tóxica, espacios seguros no mixtos, cosificación. Mierdas léxicas, vamos.

 

 

Todo este manicomio es parte de una agenda global, onusina y feminista que, al igual que acontece con la migratoria posee conspicuos patrocinadores y colaboradores, con unos objetivos que se conectan con los del Nuevo (des)orden estatal y capitalista, grandes ricachones y agencias de inteligencia como la CIA para usarlas como herramienta de descomposición social. El feminismo actual, intolerante, dogmático, neopuritano y censor. El hombre (blanco heterosexual) devastado ante la mágica verborrea y acciones de las sumas sacerdotisas feministas. En este esperpéntica astracanada postmoderna, todos sabemos que si la sociedad está dividida gana el que tiene el poder, por lo que no hay nada mejor que emponzoñar teatralmente las relaciones hombre-mujer, empotrando debates de parvulitos, neutralizando definitivamente de esa manera los verdaderos males que nos afligen: trabajos y sueldos de mierda, corrupción masiva, sistemas de control y vigilancia totales, envenenamiento aéreo y alimenticio, bajísima fecundidad, bombas demográficas a punto de de estallar. Y tanta basura inoculada por el Sistema.

 

 

Sin la gloria de Espartaco

 

Espartaco, en la espléndida obra de Kubrick, pudo ver en el ultimísimo momento a su retoño colgado en mitad de la Vía Apia, aquella calzada que unía Roma con Brindisi. Tengo la sospecha de que las pijas progres, Varela, Dolera y Cía, nos seccionarán las pelotas sin llegar siquiera a darnos cuenta del estropicio causado. Sin ese adarme final de decoro del esclavo rebelde. En fin.