Hay declaraciones tan aberrantes y escandalosas, que es de urgente necesidad salir en su condena, bajo pena grave de cobardía o consentimiento del error. Así sucede con las declaraciones del arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro, entrevistado en Antena 3 sobre el autobús de “Hazte Oír”.

Carlos Osoro ha dicho que “la Iglesia respeta absolutamente todas las posiciones” – refiriéndose a la transexualidad-. Que “la Iglesia nunca se ha metido con nadie por la dirección que tenga su vida, al contrario, la respeta, y censura que se quiera imponer una manera de entender la vida”.

 “Toda imposición es una dictadura y las dictaduras no vienen bien a nadie, y que “nunca uno es demasiado dialogante”, como si a base de diálogo se pudiese trasmutar el plomo en oro, como los alquimistas intentaban.

Todo esto es la degeneración diabólica del escepticismo, del relativismo moral y del nihilismo.

Este Jerarca de la única Iglesia verdadera, además de una cobardía escandalosa y traidora, no sirve ni para vulgar diplomático.

Atenta contra la naturaleza de la Revelación Divina y de la misión salvífica de la Iglesia que es “Camino, Verdad y Vida”, fuera de la cual no hay salvación: “Id por todo el mundo predicando el Evangelio. El que crea y se bautice, se salvará. El que se resista a creer, será condenado”.

Pero según este arzobispo, y Cardenal, toda imposición es una dictadura, confundiendo dictadura con tiranía.

Los Diez Mandamientos son la imposición del orden divino y su cumplimiento es la demostración del amor a Dios y el acatamiento de su suprema autoridad.

Según Osoro, son una dictadura que no viene bien a nadie, y el entender la vida como Cristo nos impone para salvarnos es otra dictadura. Por consiguiente, entender la vida como la entienden los terroristas, los genocidas, los idolatras, los blasfemos, los mafiosos, los traficantes de personas, los homosexuales y los judíos “hijos del diablo”, son formas “respetables” de entender la vida…

¿Cómo puede un Cardenal de la Iglesia Católica –o de lo que quede de ella- hacer tan heréticas declaraciones, él que fue formado mucho antes del Vaticano II con esa profundidad filosófica y teológica de aquellas épocas tan estrictamente doctrinales?

Sus insípidas declaraciones condenan todas las condenas que el Magisterio eclesiástico ha pronunciado contra el liberalismo, el comunismo, la masonería y todas las herejías cristológicas, trinitarias y morales de todos los tiempos, con sus sabios y heroicos Pontífices.

El error jamás tiene derechos. Respetar a la persona no significa tener que respetar sus errores.

Dice preguntarse “qué nos pasa para no saber qué nos pasa”. Lo sabe de sobra: descristianización generalizada, fruto del sistema liberal y materialista inmerso en ateísmo práctico que degenera la moral y el espíritu evangélico con su hedonismo animalizante.

Si Dios estuviese de acuerdo con el estado general de tolerancia, solo nos habría dado las “Diez Recomendaciones”.