Durante la campaña de las elecciones generales del pasado día 28 de abril, se le planteó en varias ocasiones a Pedro Sánchez si, en el caso de ganar las elecciones, sería capaz de indultar a los líderes secesionistas que sean condenados por el juicio que se está desarrollando por posibles delitos de rebelión o de sedición por intentar conseguir la independencia de Cataluña. El líder del PSOE siempre evitó contestar a esa pregunta.

 

Ciertamente, lo único que se le pidió a Pedro Sánchez, indirectamente, es que declarase si, a pesar de sus intereses políticos, iba a respetar íntegramente el contenido de la sentencia condenatoria que pueda dictarse eventualmente en el caso en el que se acredite la culpabilidad de los acusados en el proceso penal por los hechos relacionados con los actos independentistas. Al no querer responder en ningún sentido, sin llegar a afirmar que descarta la posibilidad del indulto si correspondiera la imposición de una pena a los líderes secesionistas, Pedro Sánchez ha permitido que se pueda inferir fácilmente que, en el caso en el que haya condena para los dirigentes independentistas y lo necesite para gobernar, concederá el indulto, pues, para él, el fin justifica los medios, pero no podía divulgar sus planes por el coste electoral que podía suponer poner sobre la mesa la opción de indultar a los secesionistas catalanes.

 

El indulto total se otorgará, según la Ley de 18 de junio de 1870 estableciendo reglas para el ejercicio de la gracia de indulto, a los penados tan sólo en el caso de existir a su favor razones de justicia, equidad o utilidad pública. El problema es que cada uno de esos conceptos puede servir para justificar un indulto, que, por motivos políticos, lamentablemente, dejaría sin efecto la sentencia por los actos secesionistas que, en el caso de ser condenatoria, habrá sido el resultado una minuciosa labor, pues en el sistema procesal penal, es más sencillo absolver a un acusado que condenarlo. Además, se cuestionaría la eficacia de la normativa penal que protege la integridad territorial del Estado español. Sin embargo, ni una cosa ni la otra parecen importar verdaderamente a muchos que prefieren defender el romanticismo del nacionalismo catalán, basado en el egoísmo de unos pocos.

 

No se debe pensar que Pedro Sánchez tiene el objetivo principal de destruir España. Simplemente, quiere mantener el poder, cueste lo que cueste, aunque ello implique hacer concesiones a los secesionistas que no le corresponden.