Todos los veranos se organizan huelgas por parte de los trabajadores que desarrollan labores en el sector de los transportes. Especialmente llamativas son las huelgas que afectan a las compañías aeronáuticas.
Hay que tener presente que el artículo 28.2 de la Constitución reconoce el derecho fundamental a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses, cumpliendo la normativa de manera que, sin desarrollar sus tareas y sin cobrar, ocasionen daños al empresario hasta que se decida a satisfacer las pretensiones laborales de sus empleados. Por ese motivo, no se puede negar la legitimidad de los paros que los trabajadores de compañías aéreas deciden realizar en el verano.
El problema se encuentra en los aspectos relativos a los servicios mínimos y a los perjuicios ocasionados a los usuarios. Deben garantizarse los servicios mínimos esenciales de la comunidad, que no pueden aplicarse de un modo restrictivo para la aplicación del derecho a la huelga, según lo indicado por la Sentencia del Tribunal Constitucional 11/1981, de 8 de abril. Sin embargo, en esta época, debido a la gran cantidad de gente que ha contratado para realizar los vuelos, resulta imposible que pueda haber servicios mínimos que lleguen a satisfacer a los interesados en disfrutar de unas vacaciones que, en muchos casos, les toca disfrutar como trabajadores.
La ironía de las relaciones laborales ha llegado a conseguir que haya trabajadores que, por defender sus intereses, fastidien a otros trabajadores. Sin embargo, cuando se sufre un retraso, hay opciones más allá de la resignación, ya que se puede reclamar una indemnización por los daños sufridos.
La indemnización debería comprender, además de los los gastos del billete, los daños morales sufridos por los retrasos. Ya hay alguna sentencia que se ajusta a ese planteamiento y podría servir, si se generalizara su aplicación, para promover que las compañías cumplan estrictamente con las condiciones pactadas en el convenio colectivo vigente y en los contratos colectivos, aunque lo hagan con la única de finalidad de huelgas veraniegas que no benefician a nadie.