En la madrugada del 12 al 13 agosto de 1961 comenzó a erigirse el Muro de Berlín, una frontera antinatura construida por las autoridades de la RDA no para evitar que oleadas de inmigrantes ilegales se colaran en su suelo, sino para impedir que su propia población escapara de esa gigantesca cárcel que es el comunismo. Durante casi tres décadas, Alemania —y con ella, Europa entera— estaría físicamente separada para vergüenza de esa ideología culpable de la muerte de más de cien millones de personas.

Desde la infame moción de censura que aupó a la Moncloa al doctor Sánchez gracias al apoyo de la extrema izquierda chavista, separatista y filoetarra, Ciudadanos se ha quedado sin saber dónde está. La llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP y el auge de VOX han terminado por descubrir las vergüenzas del partido de Albert Rivera; y es que ese cambio brusco provocado en la política española en los últimos siete meses le ha dejado desubicado y en pelotes, como cuando el mismo Rivera se fotografió en 2006 para un cartel electoral… pero esta vez con la sensación de que concurre una agravante: la que a un varón desnudo le supone encontrarse a veinte grados bajo cero.

 

Ciudadanos debe comprender que ha perdido cualquier vis atractiva sobre el electorado que abandonó aquel Partido Popular arrasado por Rajoy, Soraya y Arriola. En ese nicho de mercado será imposible que pueda volver a embaucar a nadie; hasta los incautos que creyeron haber encontrado refugio en un mirlo blanco se desengañaron prontamente al comprobar que no existe posibilidad de acomodo en lo que no se ha demostrado ser más que una veleta naranja, capaz de mantener una cosa y a las pocas horas la contraria. Esa veleta que otrora señalaba la dirección del viento como un pato mareado según le dijera la encuestita de turno decidió un día blandir la bandera del centro derecha, sin más convicción para ello que el conocer el estado de orfandad en que se encontraba ese segmento social; pero la cabra siempre tira al monte y, sin dar mayores explicaciones, hogaño ha resuelto fijar definitivamente el sentido de su flecha hacia el oeste.

En su pretensión por escenificar ese viraje a la izquierda de manera inequívoca, Ciudadanos no ha dudado en levantar contra VOX un muro virtual al que le ha puesto nombre un francés socialista a quien presentará como cabeza de lista por Barcelona: cordón sanitario. Con esa fórmula tan democrática elaborada a base de mentiras y calumnias estimó que insuflaría el suficiente miedo a sus votantes como para que no cambiaran de acera, a la par que simuló marcar distancias con una formación de la que estaba claro que antes o después iba a necesitar su ayuda, como se ha visto recientemente en Andalucía.

Sin embargo, Rivera y su cohorte de agradaores pueden esperar sentados y continuar poniéndole puertas al campo, porque la gente está harta: está harta de que se la esquilme a impuestos para que los políticos utilicen luego el dinero público no en pro del bien común, sino para dilapidarlo en toda una red clientelar de chiringuitos, asociaciones, partidos, sindicatos y demás inanidades que viven parasitariamente de los contribuyentes; está harta de que papá Estado le diga constantemente lo que tiene que hacer y lo que está marcado con una prohibitiva línea roja; está harta de que los dictadores del pensamiento único pontifiquen sobre quiénes son buenos buenísimos y quiénes malos malísimos... En definitiva, la gente está harta de que se la tome por tonta, aunque aún hay muchos que no se han enterado de lo que va la película.

Cuando, por ejemplo, VOX ha puesto el dedo en la llaga respecto a lo que hay montado alrededor de la llamada violencia de género, rápidamente toda la progresía —con Ciudadanos a la cabeza— se le ha echado encima tildándole de machista. Cuando, por ejemplo, VOX ha clavado el dardo en el centro de la diana desvelando los intereses creados en torno a la llamada memoria histórica, raudamente toda la progrez —con Ciudadanos a la cabeza— se ha revuelto acusándole de neofranquista. Y cuando, por ejemplo, VOX ha denunciado la hipocresía de esa izquierda que mientras con una mano blinda como búnkeres sus casoplones y con la otra abre sin control alguno las fronteras de nuestra Nación, enseguida toda la podredumbre progre —con Ciudadanos a la cabeza— se le ha lanzado a la yugular achacándole ser racista.

La utilidad de VOX reside en haberle prestado boca a lo que piensan y sienten millones de españoles; por el contrario, la tumba de Ciudadanos está siendo vivir de espaldas a la realidad de la calle y empeñarse en mantener una postura políticamente correcta frente a todo. La virtud de VOX radica en llamar a las cosas por su nombre; Ciudadanos se está labrando su miseria por guardar un permanente silencio cómplice ante cualquier polémica, por el temor al qué dirán. El mérito de VOX es que no tiene complejos en ser lo que es; la ruina de Ciudadanos consiste en su patológica cobardía a que le puedan tachar de algo. En suma, el éxito de VOX lleva consigo aparejado el fracaso de Ciudadanos: los electores han tomado nota de cómo se las ha gastado cada uno en Andalucía, y saben a ciencia cierta que el voto a VOX servirá de bálsamo de Fierabrás contra el Frente Popular que está presto a venírsenos encima, como saben también que el voto a Ciudadanos implicaría extenderle un cheque en blanco que utilizará para pactar con el PSOE a la primera oportunidad que se le presente.

Ciudadanos podrá seguir lanzando todos los estigmas que quiera contra VOX; podrá azuzar a sus perros de presa gabachos para que le ladren a VOX; podrá tirar de sus amiguitos del Club Bilderberg y de sus compañeros de tenidas para conspirar contra VOX… Son los estertores que anteceden al trance postrero. Porque eso es lo que le está ocurriendo a Ciudadanos: que con la irrupción de VOX es perfectamente consciente de que su final está al caer, ninguneado por la izquierda a cuyos postulados siempre se ha plegado sumisamente y despreciado desde la derecha a la que no se ha cansado de atacar con pertinaz fruición. No es nada nuevo: antes ya le pasó a la UCD, al CDS y a UPyD.

Lo que había a un lado y otro del Muro de Berlín representaba como nada el triunfo moral del mundo occidental frente a la tiranía comunista, la victoria de la libertad frente al gulag, de la vida frente a la muerte; por eso la RDA no podía permitirse que sus subyugados habitantes tuvieran la más mínima opción de ver qué sucedía allende del Telón de Acero y así comparar tan antagónicos sistemas. La noche del 9 de noviembre de 1989, los alemanes derribaron a martillazos el muro que dividía Berlín en dos y recuperaron parte de la dignidad que les había sido arrebatada durante casi tres decenios. Al igual que ellos, el próximo 26 de mayo los españoles cortarán con las tijeras de sus papeletas ese cordón sanitario bellacamente concebido por Ciudadanos como la única forma de frenar la hemorragia de votos que se les están yendo hacia VOX. Gracias a Dios, aquí todavía tenemos posibilidad de ver y comparar; y lo que se atisba al otro lado del cordón produce verdadera repugnancia.