En estos atribulados tiempos en que la opinión mundial está pendiente de los encontronazos entre los EEUU, la Federación Rusa y la China continental, no sólo comerciales sino estratégicos con metas a futuro, son muchos los comentaristas reputados que se han preguntado cuál es la posición de los rusos ante las elecciones europeas del próximo fin de semana. Uno de los que nos han llamado la atención es el británico Con Coughlin, editor en temas de Defensa y AA.EE. del londinense conservador "Daily Telegraph" - uno de los pocos rotativos de la Gran Bretaña que (a diferencia del "The Guardian" y los tabloides vespertinos, entre tantos otros) no suele caer en sensacionalismos baratos. En una "revelación", que por pura lógica ya ha sido "revelada" cada vez que se celebran elecciones en Europa, Con Coughlin viene a decir que el presidente ruso Vladimir Putin está cultivando muy activamente toda una red de contactos en el seno de la Unión Europea con el fin de "construir un bloque pro-ruso" en el próximo Parlamento Europeo, entidad ésta que jugará un importante papel en favor de que se eliminen las actuales sanciones contra la Federación Rusa.
 

 

Esta esperada actividad de la cúpula rusa no ha dejado de preocupar a las cancillerías, inteligencia, servicios algo guarrindongos y hasta las cloacas de países como Francia, Grecia, Italia, países Bajos y Alemania, que aún andan escocidos por la cuestión de si Moscú intentó o no intentó interferir el referéndum británico del 2016 sobre la salida de la Unión Europea. Ni que decir tiene que la preocupación de estos y otros países europeos está siendo monitoreada cuidadosamente por la CIA norteamericana y sus colegas de la "Operación Echelon" - Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda - con quienes comparte inteligencia a go-go sobre todo lo que se mueve fuera de ese club.  
 
Para hacer el pastel más apetitoso y desviar quizás la atención de los anglosajones, los diplomáticos y espías rusos están trabajando a destajo para mejorar y consolidar unas relaciones más íntimas con Hungría y Bulgaria, dos de sus antiguos satélites que - molestos con la trayectoria socio-política de los eurócratas de Bruselas se diría que prefieren mantener mejores relaciones con Rusia que apoyar ciegamente a la Unión Europea. Como pieza adicional y esencial del plan ruso hay que hacer constar los muy recientes esfuerzos de Vladimir Putin por cortejar al presidente de la República Checa, Milos Zeman - un conocido pro-ruso que visitó a Putin en Moscú en Noviembre del 2017 - y a su controversial Primer Ministro, Andrei Babis. La meta de sumar a los checos a la familia de ex-satélites soviéticos es la de consolidar una entente cordial con el mayor número posible de países simpatizantes de la Federación Rusa, con el fin de socavar los esfuerzos de la Unión Europea por mantener un frente unido contra Rusia.
 
Aún cuando es obvio que Rusia nunca será miembro de la Unión Europea, sus esfuerzos se centran en la necesidad de que sean eliminadas las sanciones comerciales y financieras que le han sido impuestas por la Unión Europea como respuesta a determinados actos de provocación. Entre ellos, el envenenamiento mortal con polonio radiactivo de uno de sus ex-espías en Salisbury, o el intento de asesinato de Sergei Skripal con "novichok" en Marzo del 2018, a manos de un comando del GRU. Ambos atentados hicieron que lloviera sobre mojado, aumentando las sanciones anteriores de la UE por la invasión de Crimea y por la interferencia en la Ucrania oriental. Para levantar piedras de tanto peso Vladimir Putin necesita contar con un Parlamento Europeo medianamente favorable al respecto, y de ahí su marcado interés por el desarrollo y resultado de las elecciones europeas del próximo domingo.


Como plataforma de influencia rusa en el corazón de Europa, el papel que pueden llegar a jugar los antiguos satélites de la vieja URSS es merecedor de la máxima atención rusa. Un elemento coadyudante del nuevo sentimiento pro-ruso en algunos de esos países está relacionado con la descabellada y nociva política migratoria europea - promovida por Frau Merkel y secundada por cretinos como el francés Emmanuel Macron y el español Pedro Sánchez que tanto le imita - a la que se oponen abiertamente los países ex-satélites del llamado Grupo Visegrado - Hungría, Polonia, Rep.Checa y Eslovaquia - grupo al que se están aproximando ideológicamente otros países europeos - como Eslovenia, Austria, Italia, Holanda o Dinamarca - y cuyos dirigentes, en lo relativo a España, son considerados por el PSOE, PP y PODEMOS como una banda de indeseables, lo que no extraña lo más mínimo cuando recordamos que George Soros ya ha visitado secretamente a Pedro Sánchez y a Albert Rivera y en su nómina de "confiables" figuran centenares de militantes de esos tres partidos (como "El Correo de Madrid" publicó en su día). Por el contrario, para VOX (según declaraciones de Santiago Abascal y Javier Ortega-Smith) la posición identitaria del Grupo Visegrado representa la fórmula política más lógica y adecuada a nuestro país con la que está cayendo en materia de inmigración. Una fórmula que cuestiona la legitimidad de algunas imposiciones de Bruselas a manos de una cohorte de funcionarios no-electos; la desbocada inmigración ilegal y la desaparición paulatina de la identidad nacional en favor de una sociedad globalista y multicultural que haga pedazos a Europa y provea al Gran Capital de una nube inacabable de mano de obra africana y magrebí, dócil, humilde, analfabeta y barata. Un esfuerzo de alta traición en el que están involucrados prácticamente todos los partidos políticos españoles antes mencionados, a excepción de VOX.  Un centro-veleta, una derechita cobarde, un socialismo zafio y ladrón y una extrema izquierda totalitaria, falaz y desnortada, con los aditamentos de esa pestilente gentuza separatista periférica pescando en río revuelto. Menudo cóctel. Los supuestos defensores del pueblo hipotecando el futuro del pueblo a garrote-vil. Pobre España indefensa....