La igualdad entre mujeres y hombres o entre hombres y mujeres, importando poco el orden, ha generado numerosas normas jurídicas durante los últimos años. Algunas incluyen mecanismos y tienen fines que merecen ser destacados, aunque hay muchas que tienen poco sentido y que resultan reiterativas, sin que lleguen a aportar importantes novedades en un ordenamiento jurídico tan saturado como el español. Además, hay algunas joyas en el Boletín Oficial del Estado que pueden servir igualmente para provocar la risa o la desesperación.

 

El Boletín Oficial del Estado número 108, de 6 de mayo de 2019, incluye, en su página 48049, la Corrección de errores de la Ley 2/2019, de 7 de marzo, para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres de Cantabria, que establece que advertido error en la publicación de la Ley 2/2019, de 7 de marzo, para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, publicada en el «Boletín Oficial del Estado» número 76, del 29, se procede a su corrección, para que, donde dice “Ley 2/2019, de 7 de marzo, para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres”, diga “Ley 2/2019, de 7 de marzo, para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres”. Esa norma tiene por objeto hacer efectivo el derecho de igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres para lograr una sociedad igualitaria, en la que todas las personas puedan tomar decisiones y desarrollar sus capacidades personales sin coerciones de género, tanto en el ámbito público como en el privado, aunque ya es más conocida por la citada corrección de errores que por su contenido.

 

La Corrección de errores de la Ley 2/2019 de Cantabria es una muestra del grado de estupidez que se puede encontrar en los Parlamentos, pues, como se dijo anteriormente, poco importa que se hable de igualdad efectiva entre hombres y mujeres o de igualdad efectiva entre mujeres y hombres, ya que pensar que el orden supone un factor determinante de la discriminación resulta enfermizo y constituye un signo de poca inteligencia. En cualquier caso, hay que reconocer que es esperanzador que hayan hecho el cambio mediante una corrección de errores y no por una ley de reforma, que alguno habrá sido capaz de pensar en esa posibilidad.

 

Si se quiere igualdad, no hay que alterar el orden de los términos. Simplemente, debe obrarse de manera que cada uno obtenga lo suyo sin