Dios no me ha enviado a criar cerdos, sino a evangelizar a mis hermanos (Guillermo Rovirosa, alma máter de la HOAC, actualmente en proceso de beatificación)

Conocida la versión de Juan Manuel Cepeda sobre el asesinato del joven falangista sevillano Antonio Corpas Gutiérrez, publicada en este El Correo de Madrid ("Antonio Corpas, el humilde obrero falangista que asesinaron por veinte pesetas y que la falange sevillana supo vengar": 28/08/2019), por su parte de la manera que sigue informa una publicación libertaria o anarquista sobre el mismo asesinato del joven falangista sevillano, a manos de su amigo Jerónimo Misa Almazán, militante anarquista también sevillano.

 Antes, querría destacar varios aspectos. El autor del escrito libertario presenta a Jerónimo Misa Almazán, alias "Titi", como un militante anarquista ejemplar totalmente volcado en el Ideal (a falta de sentimientos religiosos y de sentimiento de filiación con la Iglesia, los anarquistas desde su ateísmo militante o, como mucho, masonería, panteísmo y similares, abrazaban el Ideal en sustitución del Reinado Social de Cristo: la lucha militante por un reino de justicia social totalmente al margen de la fe de la Iglesia). Y asimismo no nombra para nada el dato que aporta Juan Manuel Cepeda (entusiasta historiador del falangismo en España) en su artículo publicado en El Correo de Madrid. A saber: el paso de Jerónimo Misa de su militancia anarquista en CNT y en la FAI (Federación Anarquista Ibérica), a la militancia comunista en la sevillana Unión Local de Sindicatos.

 

Dos. Como buen progre que sin duda debe ser el autor del apunte, habla del Alzamiento Militar del 18 de Julio en términos de "golpe de Estado fascista". En verdad, por muy anarquista que sea el autor de la loa a Jerónimo Misa, alias "Titi", a estas alturas seguir hablando de "golpe militar fascista contra la legalidad de la Segunda República" es una majadería que no merece mayor refutación ni comentario, de suerte que ya se refuta sola por su mismísima o intrínseca inconsistencia.

Tú mismo, comentarista: si sigues creyendo en tamaña necedad y mentira histórica, allá tú. En lo mismo creen José Luis Rodríguez Zapatero (alias Zetaparo), Pablo Iglesias el Coletasy Pedro Falconetti Sánchez, ¡casi nada al aparato o fíjate qué siniestros personajes sostienen la misma mentira histórica que tú!

Y tres. Cuando se refiere a que algunos compañeros falangistas sevillanos vengaron la muerte por asesinato del jovencísimo Antonio Portas Gutiérrez tiroteando los locales de la Unión Local de Sindicatos de Sevilla (con un saldo de cuatro muertos), carga las tintas de tal modo que da a entender que los falangistas fueron en España unos sanguinarios fascistas y facinerosos ocupados en asesinar a esforzados e idealistas militantes izquierdistas, quienes nunca, por cierto, habrían roto un plato, quienes nunca quemaron iglesias y asesinaron curas y monjas y seglares por el mero hecho de ser católicos...

Falso de toda falsedad, pues ciertamente los falangistas acabaron respondiendo al pistolerismo perpetrado desde sectores extremistas del PSOE y de la CNT FAI, con la dialéctica de los puños y las pistolas, dicho a la manera joseantoniana, solo que ello fue una respuesta a la brutal agresión primera perpetrada por las citadas fuerzas izquierdistas contra la Falange, agresión que produjo en torno a veinte víctimas mortales antes de producirse en efecto esa reacción violenta de defensa propia por parte de Falange.

De manera que es tan falso el dato que aporta el divulgador anarquista, históricamente hablando, que acaba por trufarse en cínico, ¡como si a su autor o propalador le importase un bledo mentir, particular por lo demás que bien pudiera resultar cierto, pues sabido es que para amplios sectores de la izquierda la mentira funciona como un arma revolucionaria!

Sin embargo, a todo esto que nos viene ocupando cabría añadir que yo nunca he sido falangista, más bien he militado en organizaciones de izquierdas, incluso próximas al movimiento libertario, en las últimas tres décadas de mi vida. Hasta el extremo de que ante la sola pronunciación de nombres ilustres del movimiento anarquista español como Fermín Salvochea, Diego Abad de Santillán, Cipriano Mera, Salvador Seguí, Ángel Pestaña, Melchor Rodríguez y tantos otros, yo sigo experimentando como un escalofrío de admiración y asombro. Porque sigo entendiendo que los nombrados, juntamente con otros y otras enamorados de la causa o Ideal, entregaron su vida entusiasmadamente a la lucha por un mundo de radical justicia social y de crítica permanente a los excesos y estragos del poder político, económico, eclesial... Pero henos aquí con que aunque nunca he militado en las filas del falangismo sino más bien en sus antípodas, algo me lleva a considerar que hay mucha más verdad en el escrito del historiador del falangismo español Juan Manuel Cepeda que en el escrito del anónimo simpatizante de la causa anarquista.

Y asumo el riesgo de mi apuesta, toda vez, en efecto, que en mi decisión no pesa precisamente el rigor científico, claro, lo admito, es una decisión la mía determinantemente subjetiva. Mas sin embargo, considero que no deja de haber también ciertamente un dato de aliento científico o documental que sí pesa lo suyo: un simpatizante de la causa libertaria que es capaz de repetir el topicazo (mentira histórica como una catedral de grande) del "golpe de Estado fascista o franquista contra la legalidad republicana", de entrada me genera desconfianza. Porque además pareja con la propalación de este topicazo, o sea, mentira, viene la contumaz negación de la atroz persecución religiosa contra la fe católica que las izquierdas (con particular saña de muchos anarquistas, todo sea dicho, si bien otros, como Juan Saña, padre del historiador y pensador libertario hispano-alemán Heleno Saña, llegaron a salvar a monjas de ser asesinadas) llevaron a cabo en España ya años antes del estallido de la Guerra Civil. Y esta negación, totalmente asumida por los sectores de izquierda más radicales con muy pocas excepciones, ya me parece blasfema, inmoral, cínica, a tope falsaria, despiadada, diabólica.

Así que vamos con el escrito del anónimo simpatizante del ideal anarquista:

Jerónimo Misa Almazán: El 17 de noviembre de 1914 nace en Sevilla, el militante anarquista y anarcosindicalista Jerónimo Misa Almazán, también conocido como Titi. Militante de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) trabajó en la Casa del Pueblo de Sevilla. Con José Silíceo Victorio y Miguel Arca, formaba parte de un grupo de defensa confederal que actuaba en la capital andaluza. Fue implicado en el atentado el 7 de agosto de 1935 del dependiente de comercio y falangista Antonio Corpas Gutiérrez, que murió al día siguiente. Procesado por un Tribunal de Urgencia sin garantías judiciales, fue condenado a muerte por la Audiencia Provincial de Sevilla. Resulta que Antonio Corpas Gutiérrez, ex militante de la comunista Unión Local de Sindicatos de Sevilla, era amigo íntimo de Jerónimo Misa Almazán y por ser la última persona que lo vio con vida y militar en el anarquismo, enfrentado a muerte con el falangismo ,fue procesado en un típico montaje policial. Tres días después del atentado, el 10 de agosto de 1935 un pelotón falangista tirotea los locales de la Unión Local de Sindicatos de Sevilla causando cuatro muertos. Se montó una campaña pidiendo el indulto de Misa con mítines y artículos en la prensa libertaria. Incluso el Ayuntamiento de Sevilla y José Antonio Primo de Rivera, en un discurso pronunciado en el «Frontón Betis» de Sevilla el 22 de diciembre de 1935, pidieron el indulto. Más tarde, el 6 de febrero de 1936 le fue conmutada la pena por la de 30 años de reclusión mayor. Ese mismo año fue amnistiado y participó en las barricadas levantadas contra el golpe militar fascista. Después luchó en el Ejército popular y al terminar la guerra fue detenido. Jerónimo Misa Almazán fue fusilado, con otros 47 compañeros, el 27 de abril de 1940 en las tapias del cementerio del Este de Madrid en una de las muchas sacas que se realizaron en aquella época.

No soy digno de desatar las sandalias de algunos militantes ateos,
llegó a reconocer el filósofo católico francés Emmanuel Mounier, sin duda parafraseando a Juan 1, 27: "Él viene detrás de mí, y yo no merezco soltarle la correa de la sandalia" (palabras puestas en boca del profeta Juan el Bautista, llamado el Precursor, referidas a Cristo Jesús). Lo mismo por mi parte: ante la altura moral descomunal y la pasión por la justicia social de los clásicos del anarquismo en España (ojo, empero tal admiración no me lleva a canonizar a personas que, por otra parte, habiendo sido ateas...; ciertamente, perpetraron injusticias, errores, tropelías, hasta crímenes...), yo debo ser un mindundi, vale. Por más que por ello no pueda dejar de admirar la talla humana de toda esta gente -ni quiera-. Aunque ojo, al menos de ser al lado de ellos un mindundi, lo soy católico, mindundi católico, fe que prácticamente ninguno de ellos profesó, ni siquiera anarquistas de la talla humana compasiva y misericordiosa de Melchor Rodríguez, El ángel rojo.

Y asimismo como no he sido nunca militante falangista pero sí creyente en los valores de la civilización cristiana (otros autores la llaman el Reino de Dios y su justicia, la Realeza de Cristo, el Reinado Social de Cristo), no tengo reparo alguno en confesar que frente a las estúpidas animalistas españolas que han hecho viral estos días un vídeo en que aparecen rompiendo contra el suelo huevos de gallina con el propósito de aleccionarnos con que "los huevos les pertenecen a las gallinas y los humanos no tenemos derecho alguno a comerlos" (sic), me comunica inmensamente más la figura de José Antonio Primo de Rivera, pongamos, asimismo haciendo notar en tal preferencia mía que esas dos descerebradas animalistas se confiesan ekofeministas, ekolibertarias, femianarquistas, transfeministas interseccionales, antiespecistas abolicionistas, ecologistas anticapitalistas, asamblearistas, comunistas libertarias... ¡Con dos ovarios!

Femianarquistas, sí, lo dicen ellas, ellas que son las anarquistas de nuestro tiempo, las que igual hasta se reivindican herederas de los clásicos del anarquismo, por más que me huelo que yo mismo debo saber inmensamente más sobre la historia del movimiento obrero que estas femianarquistas... Asimismo lo cierto es que son abortistas, ultralaicistas, ateoides, relativistas, ultraapóstatas, enamoradas de las versiones más sectarias de la antropología cultural (para cualquier feminista de estas, la antropología cultural es palabra de Dios), globalistas, partidarias de la invasión migratoria... De manera que servidor como católico y por mucho que admire a los Cipriano Mera y compañía, ¿cómo va a admirar también a estas jóvenes que degradan lo más sagrado de la condición de la mujer, y que a menudo transitan de la pasión por la justicia (social) a la pasión por la gusticia(sexual)? Y además, por cierto, ahora que lo pienso mejor, ¿qué tienen que ver en verdad estas tiparracas con Salvador Seguí, Cipriano Mera, Ángel Pestaña, Melchor Rodríguez, incluso con Teresa Claramunt (una de las históricas del anarquismo en España, madre biológica de un rancho de hijos y...)?

Comunistas libertarias, transfeministas interseccionales y animalistas abolicionistas como estas sujetas son culpables de la dramática crisis que vive la familia en la actualidad, pues estas individuas como feministas supremacistas y por tanto radicalmente antinatalistas que son vienen a ser divulgadoras de todo ese rollo de la crítica al patriarcado y otras hierbas, todo lo cual esconde un rechazo visceral al tradicional papel de la mujer como buena esposa y madre. Si precisamente hoy día escasean las mujeres jóvenes decididamente partidarias del ideal de la familia cristiana (mujer apasionada por Cristo y su Iglesia, militante, sensible, con sobresaliente instinto maternal, deseosa de ser buena esposa y madre...) es porque tiparracas como estas femianarquistas de nuestros días no comedoras de huevos lo han jodido todo, intoxicado todo, lo han echado todo a perder con sus desquiciadas movidas de feminismo supremacista y antipatriarcal; para más inri, apoyado desde sectores dizque católicos o progreeclesiales, por feministas supuestamente católicas, por progresaurios y demás familia.

Si España hoy día es un desierto demográfico, en gran parte la culpa la tienen tipas como las dos descerebradas y desalmadas (sin alma, o con el alma extraviada, adormecida, aletargada, imbecilizada) que han hecho viral el vídeo de los huevos de gallina, ¡a qué tamañas mentecatadas puede dar lugar una sociedad que ha perdido casi todos sus referentes morales y que por tanto chapotea en las aguas purulentas de la dictadura del relativismo de que nos hablara nuestro recordado Benedicto XVI!

Si nuestra vieja piel de toro es hoy en día un erial de secularismo, descristianización y paganismo, en alguna medida es por mi culpa, dado mi muy mediocre testimonio como militante católico, pero sobre todo es por culpa de individuas como estas veganas y anarkotransfeministas antiespecistas que no comen huevos.

De manera que si la admiración por las prácticas modernas del anarquismo ha de pasar por el aplauso a las extravagancias llevadas a cabo por tipas como las traídas aquí, que se vaya esa admiración por el sumidero o a freír puñetas: estas anarkofeministas postmodernas, veganas abolicionistas y demás hierbas o apellidos, a falta de temor de Dios en sus vidas se dedican a hacer apostalado del ateísmo y de las más absurdas extravagancias.

Porque eso es lo que ustedes han llegado a ser, chicas, preciso es decirlo con firmeza y también con delicadeza, pero no callarlo, por falsos respetos humanos: ustedes son la muestra del extravío ético y moral al que nos puede conducir un mundo que ha dado la espalda a Dios, al buen Dios Uno y Trino. Ustedes mismas -y lo peor es que ni lo reconocen- son la muestra de lo que es el drama del humanismo ateo, parafraseando aquí y ahora un conocido ensayo del teólogo y jesuita Henry de Lubac. Por más que a decir verdad la movida de ustedes ya ni humanismo sea sino transhumanismo, transespecismo: ojo, peligro con todas estas derivas de la desantropologización del hombre (fase final de su deconstrucción), tal como nos lo está advirtiendo el último Michel Onfray, uno de los enfant terrible de la actual filosofía francesa, por cierto nada sospechoso de católico y sí de todo lo contrario.

De suerte que siempre nos quedará París, esto es, los ideales de Dios, patria y justicia social que sumar a lo mejor del ideal libertario por un mundo en verdad de paz, justicia y libertad, pero abierto a la trascendencia y al servicio del hombre (varón y hembra), que no al de las gallinas.