En Occidente, no sólo en España, hay una gran crisis cultural e identitaria, hasta el punto que nadie sabe, o peor aún, se niega a saber, por qué las cosas son como son, quiénes somos y de dónde venimos. Asistimos indefensos a una ofensiva marxista para juzgar la realidad a la luz de sus postulados: primero de la lucha de clases, ahora de la ideología de género, el ecologismo, el cambio climático y en España, además, de la Ley de Memoria Histórica. La mayor parte de los medios de difusión de la cultura se encuentran en manos de obedientes marxistas que nos conducen de forma ineludible a un abismo en el que despeñar los logros que hasta ahora ha alcanzado nuestra civilización, la mejor que hasta ahora ha alumbrado la historia del mundo en cuanto a bienestar para sus miembros. Quieren imponer a toda costa otra que, por mucho que lo intenten ocultar, ya sabemos que sólo produce muertos y miseria.

Esta indolente actitud que predomina en la sociedad es suicida. ¿Es que alguien duda que la suya es la ideología de la muerte y de la miseria? Dondequiera que han alcanzado los resortes del poder es lo único que han conseguido: millones de muertos, hambrunas, aumentos de la miseria, campos de concentración para los disidentes… Por no hablar del odio y rencor que han sembrado, ni del aniquilamiento de las libertades individuales. Y todo en aras de sus absurdos e irrealizables planteamientos.

Especialmente culpables de esta situación, los partidos no marxistas que han callado ante la manipulación de la realidad, negándose a entrar en el fondo de las cuestiones de calado. Han dejado el campo libre a esta patulea de forajidos intelectuales que han intoxicado sin tener quien les haga frente: desde las cátedras de las universidades, a las presidencias de los organismos culturales, los periódicos y televisiones… Han copado los jurados de los premios que se costean con el erario público y otorgado honores, y dinero, a sus correligionarios, teniendo en cuenta más su tendencia política que los méritos atesorados. No hace falta que ponga ejemplos.

Ahora, los que ostentan el poder político y el presupuesto público en España, incapaces de regir nuestros destinos, nos van a abocar a una nueva crisis, no ya económica, sino también moral. Intentan dividirnos como sociedad: independentistas contra nacionalistas, feministas contra machistas, mujeres contra hombres… Se han lanzado abiertamente al frentismo ideológico del “conmigo o contra mí” amparados por el escudo de lo políticamente correcto. Asistimos como ciudadanos, con temor, al panorama que se nos avecina del cual no sabemos quién nos librará, porque quienes pensábamos que debían defendernos, se negaron apocadamente. Tuvieron miedo al enfrentamiento. ¡Cobardes!

Nos traicionaron. Se negaron a dar la batalla en el campo de las ideas. Evitaron tratar la cuestión de la vida de los no nacidos, instalados en la comodidad de la no confrontación de ideas. Es verdad que es incómodo hablar de la vida de seres indefensos, sin rostro, que no pueden visibilizar su dolor y su asesinato. Pero la verdad es que, cada año, en España, tienen lugar más de 90.000 homicidios de personas que no llegan a nacer. ¡Es verdad! El dato se camufla con el eufemismo de “Interrupción Voluntaria del Embarazo”. En 2018 fueron 92.143 los asesinatos de seres indefensos que nadie se atreve a mencionar. Y no están en cunetas, sino en los basureros en que los arrojaron los abortorios.

Nos traicionaron. No tuvieron coraje para tratar la cuestión de la Guerra Civil y la unidad de España, y dejaron el discurso en manos de unos marxistas vengativos, no porque a ellos particularmente se los hubiera agraviado. Utilizan la Memoria Histórica como vehículo para llegar al poder a sabiendas que nadie los va a detener en su insensato proceder. Cedieron la enseñanza, las televisiones, las radios, el nombramiento de jueces …

Y culpables de esta situación, también lo somos todos. Cada uno en la parte que nos toca. Hemos transigido durante muchos años con aquellos que, sin rubor y sin vergüenza, sabíamos que mentían y contaban una realidad histórica tergiversada. Preferimos callar para no discrepar y no entrar en controversias con los apóstoles de la mentira y el odio político. Y como no podía ser de otra forma, hemos comprobado que, para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada.

La solución pasa por no dejarse arrastrar por el desencanto y perder la esperanza. Al contrario. Es ahora cuando más necesitamos recuperar el terreno perdido. Sin violencias. Sin utilizar la fuerza. Sólo con la verdad. Buscadla y ella os mostrará el camino a seguir. Con ella, iremos a buen puerto. La verdad nos hará libres. No tengamos miedo a divulgarla en nuestro día a día. ¡No dudéis!