Muchos llevan décadas buscando colgarle al Caudillo el marchamo de corrupto. A ello han dedicado ímprobos esfuerzos y no pocos, sino muchos, artículos y libros. Pues bien, siguen sin poder hacerlo; y mal que les pesa. Y es que no les entra en la cabeza que un “dictador” no hubiera, también, metido la mano en la caja.

La última andanada ha sido la publicación como gran “exclusiva” del testamento que en 1968 hizo Franco dejando a su mujer e hija 28,5 millones de pts.; 1,8 millones de euros. Y como el aparato de agit-prop no puede descansar, se presenta esa cifra como monumental.

Pues bien, ni lo era, ni lo es, porque entonces, en la España del desarrollo galopante gracias, precisamente, al bien hacer de los sucesivos gobiernos presididos por el Generalísimo, España era un cohete lanzado al estrellato, astro refulgente admirado por el mundo entero y especialmente envidiado por los países que disfrutaban del “paraíso socialista”; ese del que gracias a Dios, al Caudillo y al Alzamiento se libró España, nación en la que en aquellos años los buenos y grandes o medianos empresarios, los directores de bancos y otros muchos hacendosos españoles ganaban más, incomparablemente más, que el propio Franco, el cual, por ejemplo, tenía graves problemas para conseguir que personas tan preparadas se avinieran a ponerse al frente de un ministerio porque les suponía… perder dinero… no como ahora que babean por la poltrona hasta los más mindundis porque saben que desde ella se harán, impunemente, con… toda la pasta..

Lo más interesante de la “exclusiva” es que viene a corroborar lo que ya se sabía: la austeridad, honradez y decencia en lo material, como en todo, de Franco.

En el archivo de la FNFF existe un valioso documentos, entre otros miles --copia de todos los cuales se depositaron en su día en el Ministerio de Cultura tras su legal y legítimamente subvencionada digitalización--, en el que, con fecha 30 de Junio de 1961,Felipe Polo, cuñado de Franco, resumía al Caudillo el estado de sus finanzas, que era el siguiente: poseía un total de 23.405.098 pts., de los cuales 11.842.599,19 estaban invertidos en valores mobiliarios y 11.562.499,46 permanecían depositados en una cuenta corriente. Además, le notificaba que en el primer semestre de ese año había conseguido ahorrar --sí, como lo leen, ahorrar--, 610.622 pts., incluidos los intereses de sus valores financieros. Si hacemos un rápido cálculo vemos que las cuentas cuadran, pues siete años después Franco poseía los 28,5 millones de la “exclusiva” conseguidos mediante el ahorro personal.

Más aún. Se publicó hace ya bastante una copia de una de las nóminas del Caudillo que era, en 1975, de 168.477 pts./mensuales de las cuales, hechas las deducciones obligadas, percibía 154.710 pts.; salario más que ajustado para todo un Jefe del Estado, para qué hablar de un supuesto "dictador". Pero es que, además, si se analizan los conceptos de tal nómina resulta que sus conceptos más elevados eran la pensión de 24.375 pts. de la Laureada de San Fernando y de 19.500 pts. de sus dos Medallas Militares Individuales, éstas ganadas durante la campaña de África jugándose la vida; los gastos de representación ascendían a tan sólo 12.700 pts. Las cifras hablan por sí solas, pues si extrapolamos, con las diferencias debidas, a los para entonces algo más de veinte años al frente del Estado y del Gobierno, resulta que la “fortuna” de Franco procedía, como se ha dicho, del ahorro personal, de su austeridad, sin que en ella pueda encontrarse mácula alguna de haber poseído ingresos de otras fuentes, mucho menos ocultas.

En cuanto a las propiedades que dejó al fallecer, redundan en lo dicho, pues fueron, tras casi cuarenta años al frente de la Jefatura del Estado, sólo tres: el Pazo de Meirás, donado por el Ayuntamiento de La Coruña por decisión de su pleno --sólo para aumentar su seguridad se expropiaron algunos pequeños terrenos colindantes por los que sus propietarios recibieron el correspondiente justiprecio--, el caserón y finca del Canto del Pico en Torrelodones cuyo propietario, el Conde de las Almenas, la donó en 1937 a Franco al morir sin herederos porque su único hijo había sido vilmente asesinado por militantes del PSOE frentepopulista, y el edificio de la calle Hermanos Bécquer de Madrid --donde vivió su mujer hasta su muerte-- que había sido adquirido con su propio dinero.

¿Repasamos las finanzas de los políticos, líderes sindicales y demás gentes de mal vivir desde la llegada de la democracia y desde su ascenso a sus cargos, la mayoría de ellos desde la nada más absoluta? Y es que cree el ladrón que todos son de su condición.

Paco Bendala