Bien sabido es que en un país de precipitaciones tan irregulares como es España, el agua es un bien de primer orden, tanto para el consumo cotidiano como para otros usos, tales como regadíos o producción de electricidad. Quisiera en las líneas que siguen, a modo introductorio de futuros artículos, exponer algunos datos para conocer una de las más notables obras del Régimen de Francisco Franco, cual es la política hidráulica, con la construcción de la gran mayoría de embalses que operan hoy en nuestro país.

Antes de 1940, existían en España unas 200 presas, siendo aproximadamente la mitad de ellas de más de 15 metros de altura, con 4000 millones de metros cúbicos de capacidad en total. La guerra supuso una paralización prácticamente total de la construcción de obras hidráulicas, centrados todos los esfuerzos en ambas zonas en ganar la contienda, por lo que una vez terminada el 1 de abril de 1939, al Régimen del Generalísimo no se le escapa que en un país como España, con tendencia a padecer períodos de sequía prolongados, constituye una prioridad impulsar la terminación y construcción de nuevos embalses.

Se inicia así inmediatamente la reactivación de la política hidráulica, con la Ley de 11 de abril de 1939. En los siguientes años, se elaborará una nueva planificación (a través del desarrollo del Plan General de Obras Hidráulicas de 1940, que amplía, mejora y corrige el planteado con acierto por D. Manuel Lorenzo Pardo en 1933) en la que se irá ampliando el número de presas a construir, con el triple objetivo de garantizar el abastecimiento de agua a todo el territorio , implementar nuevas zonas de riego al amparo de los proyectos del Instituto Nacional de Colonización (como el famoso Plan Badajoz) e incrementar la producción hidroeléctrica.

La construcción de pantanos se elevó a partir de 1948, pues en 1955 el número de grandes presas alcanzaba los 158 sobre un total de 300 y la capacidad de dichos embalses era de unos 8.700 millones de metros cúbicos. Sin embargo, a partir de 1955, con la construcción del embalse de Alarcón (que permitió la puesta en riego de 45.000 hectáreas) la política hidráulica despega espectacularmente, tanto en número de presas como en capacidad de los embalses que se construyen, elevándose a más de 22.000 millones de metros cúbicos en 1963, es decir, casi tres veces la capacidad de los embalses españoles en 1955 y aproximadamente 6 veces la que tenían en 1939.

Para el año 1961, fecha en que se conmemoran los XXV años de Paz, existían ya 298 presas de más de 15 metros de altura y estaban en construcción otras 65.

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En los siguientes años se proyectaron varias decenas de presas más, cuya construcción, en algunos casos, se finalizó ya concluido el período de gobierno del Generalísimo, algunas incluso en la década de los 90. Para el año 1975, fecha de la muerte del General Franco, la capacidad de los embalses españoles frisaba los 39.000 millones de metros cúbicos, o traducido al lenguaje cotidiano, prácticamente 10 veces la capacidad que tenían los embalses españoles en 1939.

El número de embalses se situaba en el entorno de los 900, por lo que durante su mandato se construyeron aproximadamente 700. Actualmente, la construcción de presas ha sufrido un preocupante parón desde el año 2000, como se desprende del gráfico, con datos oficiales del Comité Nacional Español de Grandes Presas, situándose el total de presas españolas en 1180 para el año 2000 (sin apenas variaciones hasta el presente) con una capacidad de unos 56.000 millones de metros cúbicos, por lo que se han construido unas 225 presas desde la muerte del general Franco hasta el año 2000, y prácticamente una cifra ridícula desde entonces, paralizándose prácticamente la construcción de estas obras hidráulicas tan necesarias para el normal desarrollo de la vida de los españoles y del medio rural.