Séptico tochazo, firmado en Marrakech. Infame turba de nocturnas aves pespunteando astrosos el fin de las patrias como siempre fueron concebidas. Las fronteras, inexistentes. Escenarios futuros, inquietantes. Guerras étnicas como posibilidad real. Schengen, como murciélago preliminar. Además, este reciente tratado se metamorfosea en una apología del crimen aparentando lo contrario. La inmigración siempre fue necesaria. Y tantas veces salutífera. Pero este diabólico acuerdo es otra cosa. Pacto Global para la Migración Segura, Ordenada y Regular, lo llaman. Veintitrés tétricos objetivos astutamente edulcorados. Por ejemplo, se afirma que no es vinculante. Traducción: no lo es hasta que me salga de los huevos. La neolengua en su acrisolada, blandengue y eufemística perfección. Todas las administraciones del Estado, con los siniestros psicosociales como avanzadilla, al servicio de la perfidia globalista. Un sistema de absoluta fiscalización, examen y mando. Todos marcados como ganado. Creación de perfiles sumisos, por un lado y disidentes, por otro. La medición, la gestión, la mercantilización, paradigmas del control social. Más maderos, militronchos y togados, las (malsanas) arterias del Sistema. Siempre, eso sí, al servicios de grandes lobbies corporativos, gestionando tu deuda y tu pobreza, Soros y sus cuates, mediante. Desestabilizar del todo a naciones absolutamente reventaditas, véase España. Business is business. That`s folks. Eso es todo, amigos. Agenda 2030, omnipresente en el documento, las soberanías nacionales definitivamente eclipsadas. Un solo gobierno mundial. Chistoso cinismo criminal. Texto legal escrito en las logias. Crean el problema, ofrecen la solución. Otro nuevo pretexto para seguir invadiendo los países que estimen oportunos. Provocando las guerras que ahora chapuceramente intentan suturar. Pura demagogia, maquillar un muerto, en definitiva. Se preocupan por África y América Latina, pero sin dejar de expoliarlas, sobre todo los chinos.

 

 

Declaración de guerra contra la humanidad

 

Documento que revalida una declaración de guerra. Nada es lo que parece. Palabras vacías, todo un gran trampantojo de preñado de flatus vocis. No son inmigrantes ilegales. Son personas en tránsito en proceso de adaptación. Otra forma de decir que seguirán recibiendo todo tipo de regalías, privilegios, mercedes y paguitas. La coronación de la sopa boba. O, algunos, convertidos en mano de obra esclava. Mayorías autóctonas discriminadas en su propia tierra. Más deuda en vena. Vasallaje eterno. Cada de uno de los contribuyentes europeos, haciéndonos cargo fiscal de semejante y psicopático desaguisado demográfico. Y siempre con la correspondiente y mareante ración de la perspectiva de género. Grotesca expresión colada en cuanto uno se despista. Apabullante papelera restaurada, ferozmente empoderada. Superlativa inmundicia onusina. Los mafiosos mundialistas haciendo un simpático paripé, dando lecciones sobre menores. Perspectiva infantil, dicen. Por supuesto, ellos no las cumplen. Tráficos de órganos, prostitución y rituales satánicos, pasatiempos tan del gusto de la élite. Crueldades full time. Monopolio del crimen. Solo nosotros somos la Cosa Nostra. Uno no puede quejarse ni discrepar mínimamente sobre estos temas. Límite de opinión tolerado. Llegado el caso, psiquiatrización de la disidencia. Objetivo diecisiete del Pacto. Censurado, multado y hasta encarcelado. La libertad de expresión, vapuleada. El matiz, desintegrado.

 

El fin de lo conocido

 

El mundo postfamiliar, transnacional y posreligioso como senda de inicio del transhumanismo. La destrucción de nuestra tradición e identidad y nuestro permanecer en un mundo reconocible. El fin de la especie humana, más adelante. Un omnímodo poder de los vivos de hoy contra los vivos de mañana. La infernal usurpación de libertad a las generaciones futuras. La transformación de la especie humana en rebaño perfectamente intercambiable. El totalitarismo biotecnológico, consumado. Fusionados con la cibernética, se intuye perentorio crear una sociedad de varones sin masculinidad, mujeres sin feminidad y pueblo sin arraigo cultural, que tan solo sirvan de pasadero de transición hacia el evo transhumanista. Ahora, tan solo avizoramos el principio del fin. El pacto onusino, el arranque. Su maligno odio a la humanidad sobreviene infatigable. El odio a la complejidad humana, su finitud e imperfección, sus límites, su condición mortal, en definitiva. El transhumanismo, el colofón. Como presagió Roy Batty, el replicante de Blade Runner, en perdurable secuencia final, todo se perderá como lágrimas en la lluvia. En fin.