A estas hora de la noche está todo más o menos claro. Ya dije a este mismo medio que lo único que me preocupa a medio y largo plazo es qué va a hacer VOX. Pero es la noche electoral y toca valorar lo obtenido… también de VOX. El resto es más de lo mismo.

 

No ha resultado en el vuelco tremendo al panorama político español que creían algunos: las encuestas de prestigiosas firmas daban a VOX alrededor de 40 escaños y no ha obtenido ni eso. Losantos y su gente también le auguraban un pingüe resultado. Pero no. A grandes rasgos cuadran los números: VOX ha obtenido 2,5 millones de votos que salen del PP y que son lo que éste necesita para medirse con el PSOE; el resto que le falta al PP está en Ciudadanos más o menos. De paso, el PSOE ha drenado votos de Podemos (sacar a Franco del Valle de los Caídos, la eutanasia, etc, ¿se acuerdan?). Más o menos es una redistribución de los mismos votos, que la célebre Ley D’Hont se ha encargado a traducirlo en escaños.

 

Si, y entonces, ¿qué pasa con VOX? Pues VOX está ahora en el congreso pero en la irrelevancia política, salvo para oír algo que guste a sus votantes de vez en cuando. No cuenta para ninguna alianza electoral aunque eso sí: recibirá un dineral que antes no tenía.

 

A lo que vamos: ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué no ha salido el partido disparado como un cohete? Desde aquí lanzamos una tesis: a VOX le sobra algo o mejor: le lastra algo. Le sobran los “técnicos economistas del Estado”, los chicos “bien”, repeinados, con máster MBA y estudios en EEUU, le sobra, digámoslo abiertamente, el trasfondo liberal en el que se ha querido insertar el cabreo de muchos españoles, cuyos valores son pisoteados día a día en nombre de la ideología de género o la memoria (unilateral) histórica. El VOX actual no se nutre de otra cosa que del enfado de los electores del PP, a causa de esa manía de los políticos de decir que “te representan” para luego hacer lo que ellos quieren. Varias generaciones de españoles se han tragado el viejo cuento aznarista de que ellos iban a salvarles de la izquierda para después, por ejemplo, dejar incólume el edificio legal del zapaterismo. Ese cabreo ha derivado en frustración y eso ha creado a VOX pero el cabreo no es suficiente para comerle votos a todas la fuerzas políticas, la izquierda incluida. La bobada de “menos Estado”, las giras por los EEUU para dorar la píldora al “lobby” sionista, los “recortes de lo público”, los guiños tibios a ciertos valores que se defienden con la sutileza de apelar a la “libertad de” (por ejemplo, a la libertad de educar) -y no a los valores mismos que se dice defender-, todo eso lo único que demuestra es un compromiso con un estado de cosas del que es necesario despegarse. Y esto no se puede tapar con apelaciones sentimentales a España o a la bandera.

 

Hay que enterarse de que, hoy, a lo patriótico se llega desde lo social en primer lugar. Y para eso hay que pensar primero en la gente de abajo: el Estado no es un poder tiránico que hay que demoler para regalar sus ruinas al mercado, más bien debe servir a los más débiles; el sistema de pensiones quiebra porque no nacen niños, no porque las pensiones deban ser privadas; los EEUU no son si no una potencia fracasada empantanada en un montón de guerras injustas y los valores deben ser defendidos por sí mismos y no con el subterfugio de “la libertad”. Si se denuncia “la dictadura progre” hay que hacerlo en serio y con todas las consecuencias, hablando clara y francamente. La gente no te vota para que tu candidato más famoso al senado -¿es que no había otro?- diga las mismas cosas que los “lobbies” LGTBI más civilizados. Resulta obligado defender a los tuyos y resistir a las presiones, sobre todo cuando los que te han estado sosteniendo en mil debates y tertulias están ahora ellos bajo el fuego masivo de varios medios de comunicación a la vez.

 

En fin. Como casi siempre que ocurre un gran evento, es más importante preguntarse por lo que va a suceder después. Meter 24 escaños de una tacada en el congreso tiene un notable mérito, no sirve de nada negarlo. Pero el hecho es que muchos se han quedado con un malo, malísimo, sabor de boca. Este artículo está pensado para explicar por qué. El 10% de los votos está a un paso tanto de despegar como una fuerza con poder político real como de convertirse en un residuo en el grupo mixto. De este último destino solo puede salvarle un giro social del partido y una mayor decisión a la hora de defender una cierta visión de las cosas. Que nadie olvide que reivindicar la libertad como manera de defender valores es una mala estrategia: la libertad no es si no la ausencia de coerción, es decir, una circunstancia o una actitud del poder y por eso la libertad sirve para defender una cosa y su contraria. ¿Qué es lo que cree VOX? Todo esto va a aclararse en los próximos meses porque la izquierda quiere la guerra y está muy contenta de haber hecho caso a la maniobra genial de Pedro Sánchez para perpetuarse en el poder. Decía Santiago Abascal que el PP corría el riesgo de desintegrarse como la UCD. Desde luego, un peligro parecido se cierne también sobre VOX. Si éste insiste en no rectificar y se mantiene en su estrategia nacional de corte “light”, cabría pensar que “el invento” no ha sido si no la tabla salvavidas para muchos de un PP hundido hasta los tuétanos en los lodos de la corrupción.

La esperanza está en sus votantes: ellos deben exigir que se defienda lo que es suyo.