Los acuerdos en el ayuntamiento de Madrid y en la Comunidad de Madrid revelan que habrá un gobierno de “la derecha” en la capital. Ayer día 5 el diario El Mundo publicaba una entrevista con el periodista Federico Jiménez Losantos en la que éste consideraba “esencial que haya un gobierno de derechas” en Madrid. Losantos culpa a VOX de los problemas de las negociaciones y da algunas claves de lo que para él es importante: en tono de reproche a Espinosa de los Monteros, Losantos dice que el primero “es un ricachón millonario” que no sabe “lo que es que te suba los impuestos un gobierno socialista. O a lo mejor no pagas o te da igual ir a juicio”. En fin: Losantos cree que los socialistas son los únicos que suben los impuestos y por eso hay que avenirse, como ha hecho VOX, a ceder el oro y el moro a cambio de no se sabe qué. Es lógico que piense eso porque los liberales, como el PP, creen que lo único que importa es la economía, una economía en la que siempre fracasan porque desde después de la Segunda Guerra Mundial los liberales viene confundiendo la propiedad privada con el mercado. De ahí que la propiedad privada de algunos acabe por no garantizar la de otros. Pero esto sería tema de otro artículo. Lo que aquí importa son las razones que han llevado a VOX a ceder en los acuerdos con PP y Ciudadanos. O dicho de otro modo, queremos saber qué es lo que ha obtenido VOX en Madrid y, por extensión, en Murcia y en Andalucía.

En primer lugar parece que está claro que VOX no ha conseguido en ningún lugar ni un endurecimiento de las leyes contra la inmigración, ni nada que contravenga esencialmente los intereses del “lobby” LGTBI. En este punto, las leyes del PP “contra la discriminación”, propiciadas por el gobierno de Cifuentes en la Comunidad de Madrid, siguen intocables y eso significa que existe en Madrid el armazón legal para imponer en la enseñanza los dogmas de la ideología de género. En Murcia la negociación ha reculado nuevamente ante el “lobby” LGBTI en aquella comunidad y en Andalucía, la pretensión de investigar seriamente a donde iban las subvenciones del gobierno socialista a los chiringuitos feministas ha costado el puesto al juez Serrano. Por supuesto, en ningún sitio la lucha contra la inmigración ha sufrido un vuelco radical. Todo sigue más o menos igual.

Está claro que a VOX le toca mover ficha respecto de su electorado. Es palmario también que la ejecutiva de VOX ha calculado que permanecer cerca del poder, aunque sea en calidad de “sujetavelas”, les renta más que asumir el riesgo de nuevas elecciones. El problema es que a veces no quedan demasiadas opciones y para no perder hay que afrontar riesgos. Casi 2,5 millones de españoles les han votado para que las cosas fueran de otra manera y resulta que todo va seguir más o menos igual. Tendrán que armarse de valor para explicarles a sus electores qué es lo que realmente ha sacado VOX en las negociaciones a excepción de expulsar a los socialistas de ciertos gobiernos. Y es que una cosa es hacerse el duro e insinuar que Losantos es tal o cual y otra bien distinta decirle a un electorado que parece ser el “punching-ball” de medios y partidos al uso, que pese a avenirse a la versión 2.0 del bipartidismo, no han sacado, en términos reales, absolutamente nada.

Lo peor de todo es que los medios han convencido a los votantes de que todo era imposible por la “dureza” de VOX. Al fin y el cabo era evidente que los acuerdos PP-C’s llegarían enseguida porque no son verdaderamente distintos. El verso suelto era VOX y se ha repetido “ad nauseam” que no ha habido gobierno por su intransigencia. C’s, en cambio, ha encarnado el papel de la corrección política y han sido los segundones en eso de no pasar por el aro. Solo el PP ha conseguido hacer creíble la patraña de que nada era por su culpa. De ahí que, de haber nuevos comicios en noviembre, todo apunte a una reedición del bipartidismo y un hastío de los electores que volverán al redil del PP, convencidos de que es lo “menos malo”. Se trata de otra versión análoga de lo sucedido en la izquierda entre PSOE y los podemitas.

Pero lo que aquí importa no es precisamente que el PSOE se acabe merendando a Pablo Iglesias. Más bien nos preocupa que 2,5 millones de votantes queden nuevamente, primero, neutralizados y, después, profundamente defraudados. Para ese viaje no hacían falta alforjas. Eso sí: los impuestos serán más bajos. Dicen por ahí, claro. Porque yo tengo que verlo con estos ojos que se han de comer la tierra. Mientras tanto, las cosas en las que todos los partidos están de acuerdo, y que son de consecuencias inimaginables, permanecen sin apenas ser objeto de debate. Por algo será.