Uno de esos filósofos autodidactas que, de vez en cuando, da color a las reuniones anodinas de una burguesía aburrida, solía pontificar que "Toda sociedad se merece los males políticos que le afectan".Y añadía que la bajeza del ser humano a la hora de hacer valer sus principios - ya que tiene muchos y distintos, como Groucho Marx - supera a lo peor que se pueda decir de cualquier especie animal, por escasa que sea su nobleza. Nos, que ni somos filósofos ni se nos ocurriría ir pontificando lo que nadie quiere oír, y que vivimos la etapa española del franquismo como niños maleables y maleados, en nuestro escaso conocimiento de lo que acontecía en palacios, gobiernos y sedes burocráticas, nos preguntábamos empero muchas cosas que no acababan de cuajar bien en nuestros tiernos intelectos. Y una de dichas interrogantes siempre fue la del contraste de una sociedad Italiana "volcada" con el Duce en los años de poderío fascista y la actitud opuesta y cainita de esa misma sociedad italiana, vociferando ofensas cuando Mussolini fue fusilado y afrentado públicamente, casi al final de la 2ªGuerra Mundial. Los italianos - nos decíamos ingenuamente - no son dignos de respeto; esas cosas no se hacen; no tienen vergüenza, ni honor, ni dignidad.

Mucho ha llovido desde entonces y muy diferentes debieran ser las sociedades de entonces comparadas con las de ahora, pero no es así. Establecer un paralelismo entre la sociedad italiana de entonces y la española de ahora no deja de ser posible gracias a que nuestros antecedentes políticos - traicionados por el hara-kiri de una clase política perjura que abandonó a su propio pueblo

- no dejan de mostrar ciertos paralelismos doctrinarios y un modus operandi autoritario  muy similares, por cierto, a los que chinos y rusos actualmente esgrimen para que no se desmanden sus masas, sin que nadie en la podrida "gauche divine" y en su versión grosera, la ANTIFA, se atreva a llamarles fascistas.  

Nos, que por no ser no somos ni abogados, ni juristas, ni estudiantes a la espera de una Tesis plagiada, pero sí irreductibles españoles bien nacidos que no vendemos nuestro honor a cambio de un escaño en un Ayuntamiento de tercera, vemos ahora con creciente alarma cómo una alianza implícita de políticos baratos y medios informativos indecentes se están cargando toda una época - la más floreciente de nuestra historia moderna - con tal de medrar socio-económicamente con el que mande en Moncloa, sea éste un cobardica al estilo del anterior o un irresponsable al estilo del que aún se aferra a la poltrona monclovita. Y lo peor del caso es que ahora incluso tenemos un Tribunal Supremo, la máxima conciencia nacional, que está dando por buena una disposición del Gobierno revanchista de Pedro Sánchez creada exclusivamente para perjudicar a un destinatario en concreto, algo que en Justicia es una solemne aberración. Y el TS no se contenta con eso: Se ha atrevido incluso a invalidar el derecho de una familia española a enterrar a sus miembros donde le venga en gana y forzarles a aceptar una localidad de difícil acceso que, por ser propiedad del Estado, Moncloa podrá mantener cerrada a cal y canto cuando le plazca. Para mayor abundamiento, la sentencia - según la entendemos - se pasa por la entrepierna el vigente Concordato con la Santa Sede que (mientras Francisco no se exprese en contrario) es de obligado cumplimiento por parte de España, y hasta llega a jugar a arquitecto invalidando el trámite pendiente de la Licencia de Obras que se encontraba en suspenso. Por ende, llega a implicar que la sentencia no es recurrible ante el Tribunal Constitucional porque ningún partido se expresó en dicho sentido en sede parlamentaria. Nos da un tufo de que el Tribunal Europeo de los DDHH en Estrasburgo no tardará mucho en leerle la cartilla a nuestro Tribunal Supremo y a esos seis magistrados de cuyos nombres hemos tomado buena nota.     

La pretensión del TS de que la Iglesia autoriza de facto la exhumación - gran mentira de la falaz Carmen Calvo cuando anunció una tal autorización tras su fallida visita al Papa - ha debido necesitar el apoyo de los medios "afines a Moncloa" para sostenerse, porque mucho han insistido en atribuir al Santo Padre una incondicional conformidad que no existe en absoluto. Como recordamos, Roma sólo cedió una supuesta neutralidad "siempre y cuando los familiares del difunto accedieran a dicha exhumación", lo cual no ha ocurrido y el TS no es quién para imponerla a ningún ciudadano si no existe ninguna legítima disposición legal al respecto. La stalinista RTVE de Rosa Mª Mateo, como siempre, ha disfrutado redoblando el tambor de la sentencia y su aneja tergiversación de la Calvo, pero no ha entrado en detalles que pudieran desvirtuar su posición - como, por ejemplo, ¿qué hacer con la veintena de monjes sepultados en el Valle que nada tienen que ver con la Guerra Civil?. La Ley debe ser para todos o para ninguno. Los diarios "El País" y "El Mundo" abrían sus portadas con un texto sobre el caso, pero sus ediciones digitales lo silenciaban en su totalidad. Peor aún "ABC", que ni lo menciona en portada ni lo incluye en su edición digital. Es como si, de pronto, alguien les hubiera dicho que calladitos se ven más bonitos.

Pero esos son los políticos y los medios que los secundan, y otra cosa muy distinta es el residuo de respeto y gratitud que muchos españoles - no cuento los revanchistas civilguerristas - deberían tener por quien pacificó España (como también hizo cuando el PSOE se rebeló contra la República en 1934), le dio la estabilidad y el orden interno que precisaba su recuperación y desarrollo y la convirtió en la 9ª potencia mundial. Todos los vítores, los "Viva Franco" y las "adhesiones inquebrantables", ¿dónde están ahora? Nadie nos dirá que la Plaza de Oriente no se llenaba anualmente con más de 1 millón de enfervorecidos franquistas, porque lo vivimos de jóvenes. Y nadie nos dirá que cuando Franco visitaba otras ciudades éstas no se paralizaban en pura fiesta popular - como por ejemplo, Barcelona, donde los catalanes se quemaban el culo corriendo a aplaudir su llegada, enbanderar sus balcones y gritar el "Viva Franco". Y no entraremos en los logros sociales (como la asistencia sanitaria, la S.S., las pagas-extra y tantas otras), o industriales y de infraestructura, porque la lista se haría interminable. Muchos españoles, muchísimos, millones, que empezaron pasando las escaseces y necesidades de postguerra (gracias al boicot internacional de la izquierda) y acabaron con una excelente educación laboral o universitaria, con su propia casa y hasta con algún vehículo de la época, debieran recordar a quién le deben que sus hijos y nietos no hayan corrido la misma suerte y hayan podido desarrollarse en paz y prosperidad.

Y ese es el problema: Que en nuestra óptica - quizás ingenua - de lo que un pueblo agradecido debiera estar haciendo en estos momentos (como hacían los italianos con su Duce en los años 20 y 30) sólo vemos un gran vacío de gente "pasando" del pasado - valga la redundancia - y dejando, por motivos de oportunismo político o de simple cobardía, que los revanchistas civilguerristas deshagan el recuerdo de toda una época (como los italianos del 28 de Abril de 1945) sin abrir la boca, en los medios, en las calles, y permitan esta pantomima de irreverente exhumación-inhumación sin plantarles cara, sin manifestaciones, sin represalias, sin hacerles pagar con su propia moneda, en las trincheras si hiciera falta. Todo ello equipara a los españoles de ahora con los italianos de antaño y hace que en los pocos - quizás no tan pocos - que desde nuestra impotencia denunciamos este triste paralelismo histórico y esta infamia, surja un sentimiento de rebeldía y rencor que - así lo proclamamos - podría desembocar en reacciones populares poco edificantes.

 

Y como este artículo nos lo cocinamos nosotros - los muy españoles, honestamente agradecidos - y no nos casamos con nadie que no respete nuestra Historia, nuestra idiosincrasia y nuestra identidad, nos permitiremos el lujo, antes y después de que los marranos lo prohiban por Ley, de cerrarlo como ya hizo nuestro Director con un:
¡¡VIVA FRANCO!!