¿Por qué Franco y el franquismo están en continuo primer plano político cuarenta años después? Porque no se ha superado la guerra civil. ¿Y por qué no se ha superado la guerra civil? Porque desde la transición se ha montado una verdadera industria de falsedades sobre ella y sus consecuencias  históricas.

 

Aunque en la adolescencia suelen hacerse proyectos de vida más o menos claros, los mismos no dependen solo de la visión del mundo y de sí misma que tenga la persona, sino que tienen un fundamento biológico que los condiciona.  Ya en la primera infancia, si se pregunta a los niños qué quieren ser de mayores hay respuestas significativas. Conozco los de algunas escuelas, en las que la gran mayoría de los niños querían ser policías o bomberos, y las niñas bailarinas o cosa parecida. Había excepciones, claro está. Ello implica ya una diferencia importante con la atracción masculina por la acción incluso con cierta violencia, y la femenina por la delicadeza y cierto exhibicionismo.

 

   El adolescente y el joven tienen un yo más desarrollado y con mucho más conocimiento y experiencia de la vida y un afán de independencia de los padres. Sin embargo combinan una gran energía con una experiencia vital todavía reducida, lo que hace esas edades un tanto peligrosas. Como dije, la mayoría, incluso la gran mayoría, entienden su vida futura dependiendo de dos cosas fundamentales: la carrera o el oficio, en el que quizá piensan destacar o al menos ganar dinero; y el amor, formar pareja y familia. Esta última motivación, muy fuerte en mis tiempos,  sobre todo en las mujeres, es hoy más débil. Se piensa mucho más en el sexo, sobre todo por los varones, y se ve la familia o los hijos  más bien como una carga. Siempre hubo algo de eso, pero hoy es mucho más frecuente, si bien dudo de que sea predominante, y en buena medida es pose, sobre todo en chicas.

 

   Y siempre existen, como es sabido, personas cuyo proyecto vital desborda los dos aspectos señalados, lo que puede conducir a  vidas triunfales o, más a menudo, a vidas fracasadas. Lo que se quiera entender por triunfo y fracaso es otra cuestión, como veíamos con el ejemplo de Stalin. Y de todas maneras, éxito y fracaso, aunque de maneras menos espectaculares, se producen también entre la gran mayoría que no quiere “salirse del carril”, y que asegura precisamente el sostén y continuidad de las sociedades.

 

   Naturalmente, el proyecto vital implica una sensación de libertad y una  energía enfocada al futuro (el hombre es un ser “futurizo”, en expresión de Julián Marías), pero al que las fuerzas de la realidad y los azares  modifican de manera casi constante. Si, llegados a una edad avanzada, cada uno volviera la vista atrás, vería que en la gran mayoría de los casos su trayectoria vital ha tenido muy poco que ver con los proyectos e ilusiones de la primera juventud. En unos esta constatación resultará deprimente, otros pensarán que la vida les ha dado más de lo que pedían o que el azar los ha salvado de peligros a los que  les conducía su inexperiencia inicial. Unos estarán agradecidos “a la vida”, o a Dios, otros, creo que la mayoría, más o menos verán su pasado con cierta indiferencia,  y bastantes se sentirán decepcionados o desdichados. Aquellos a quienes les ha ido bien tenderán a pensar que ello se debe a sus méritos; los de resultado contrario creerán más bien en la intervención de la mala suerte o de las injusticias de la vida. Pero en todo caso la trayectoria real y la imaginada han sido muy distintas. Dudo de que haya muchas excepciones a esto.

 

   Esto nos indica que, si la muerte es un misterio, la vida no lo es menos. Existen unas fuerzas que moldean nuestras vidas al margen de esa energía y esa libertad iniciales, y nos hacen pensar que la libertad es una ilusión. Y son las mismas fuerzas que determinan que todo haya de terminar igualitariamente en la muerte. Ante estas realidades, la mayoría de la gente busca consolarse con unas u otras creencias, en las que llega a depositar una fe fanática; y una débil minoría trata de entender. En lo que siempre fracasa, aunque quizá abra al mismo tiempo nuevos campos a la existencia.