El siglo XIX español fue un periodo prolífico en guerras civiles y asociado a estas se vivieron momentos de gran convulsión en la política. Hubo consecuentemente gran cantidad de pronunciamientos militares hasta el punto de que nació un fenómeno conocido como “el de los espadones”, generales que se metían en política ocupando cargos de todo tipo en el gobierno o derrocando a este para traer uno nuevo. Esta figura del general político se hizo muy común en España.

De esta época nace el dicho popular “caja o faja”, atribuido al General Prim, que viene a significar la idea de que lanzada la aventura aquel que la propiciaba era bien consciente del destino que le esperaba si fracasaba en su intento. No eran tiempos en los que se anduvieran con remilgos a la hora de juzgar a quien fracasaba. Sin duda era una época en la que el “romanticismo” y su implantación en la sociedad era también moneda corriente. Es así que aquel que se lanzaba a la aventura y no tenía éxito en su empresa no dudaba en reconocer su error y afrontaba su destino con honor y valentía. Raros son los casos en los que el acusado buscaba el subterfugio en su defensa emprendiendo toda clase de excusas torticeras que le evitaran la “caja”.

No es única esta actitud en la historia. Así, dos mil años antes, las madres espartanas ya despedían a sus hijos antes de partir para el combate con la conocida frase de “con el escudo o sobre él “. Frase que evidentemente no necesita mayor explicación y que está en la misma línea que la de los espadones españoles del pasado.

Acuden a mí estas reflexiones cuando veo estos días a los dirigentes catalanes sometidos a juicio en el Tribunal Supremo negando toda clase de evidencias contrastadas de su implicación en su intento de romper la unidad nacional. Es asombroso ver como en el uso de su derecho de defensa – eso no lo niego – intentan evadir toda clase de implicación y responsabilidad en el hecho de querer proclamar una República catalana y romper la unidad de España y su ordenamiento constitucional.

“Sí, lo hicimos, asumimos nuestra responsabilidad y nos sometemos a las penas correspondientes” hubiera sido una actitud gallarda y valiente. Serían evidentemente condenados pero indudablemente al menos adquirían un respeto y admiración de sus seguidores que con su actitud de hoy no tienen. Y también, hay que decirlo, de aquellos que no estando conformes con su forma de proceder reconoceríamos al menos su gallardía.

Lo que demuestran es simplemente es una actitud cobarde y ajena al sentido del honor. Y qué decir de aquellos otros que ni siquiera están presentes en el juicio por encontrarse huidos fuera de España. Aún peor.

Es difícil por no decir imposible romper la unidad de una nación forjada a lo largo de mil años pero más lo es cuando los que la propician adolecen de la valentía suficiente para hacerlo tal y como nos están demostrando con una actitud que linda la cobardía. España puede descansar tranquila con estos dirigentes de pitiminí que lanzan la piedra y luego se esconden.

Y eso que han contado – y sigue contando – con una oportunidad de oro ante la pusilanimidad e incompetencia mostrada por el Gobierno del Sr. Rajoy y la connivencia del actual del Sr. Sánchez.

Sí, soy consciente de que todo el desarrollo del denominado “proceso” sigue un curso subversivo/revolucionario de libro pero esto no obsta para que esté abocado al fracaso porque si algo necesita para triunfar la subversión es la de la firme y decidida voluntad de los que la lideran y afortunadamente ya vemos con satisfacción que no es el caso.

“Caja o faja”. Pues en este caso ni una cosa ni otra. Dan lástima y son ridículos.