Los que anoche esperaban en la televisión pública un debate con salsa debieron de aburrirse soberanamente. Los que lo vieron con la intención de decidir su voto me parece que tendrán que aguardar al debate de esta noche, si es que tienen ganas de verlo. Y menos mal que a Tele-5 no se le ocurre contraprogramar lanzando en paracaídas a la Pantoja sobre la isla de Supervivientes porque entonces retirarían el debate por falta de audiencia.

 

Dicen los medidores que el debate tuvo una audiencia del 38%. Similar al número de indecisos, pero sí descontamos los fans de cada partido el porcentaje de los que aún no han decidido su voto que lo siguieran sería muy reducido.

 

Cualquier analista, politólogo, consultor político -este nuevo título de experto induce a la chanza-, periodista y demás sabe que como debate electoral estaba cojo desde el principio. Las maniobras, que las ha habido, que son más que evidentes, para la manipulación, han sido tan burdas que la eliminación de la partcipación de uno de los contendientes no contribuye a despejar en el elector indeciso el camino sino todo lo contrario.

 

La realidad es que después de tanto plasma, de ruedas de prensa sin preguntas, de entrevistas pactadas, de comparecencias escenificadas, de rifirrafes de segunda en el Parlamento, de monólogos para fans... la capacidad de debate político de los cuatro candidatos es muy justita. Tanto que el tronista de Pablo Iglesias, el que en peor situación se encuentra víctima de sus errores, parecía la fierecilla domada.

 

No sé si el debate de hoy, que o cambia de tono o será inútil, seguirá el mismo planteamiento. Si los candidatos seguirán igual de monitorizados por sus respectivos equipos o si serán capaces de aprovechar las debilidades evidentes de un Pedro Sánchez cuyas únicas armas son su ensayada postura ante la cámara.

 

Viendo el debate tuve la impresión que al ser una eliminatoria a dos partidos, más que el combate de boxeo que se esperaba, Casado -el más flojo-, Sánchez e Iglesias, salieron a no perder un votante, confiando en sus respectivos espadachines mediáticos para convertirlos en flamigeros triunfadores -Casado parecía diciendo: Marhuenda dónde estás-. Craso error porque ello beneficia a Sánchez. Solo Rivera salió a ganar votos y por eso hoy casi todo el mundo le da como vencedor, lo que le coloca con un punto de ventaja en la salida para esta noche. Lo que probablemente polarice el espectáculo de está noche en un cara a cara entre Rivera y Sánchez.

 

Ahora bien, ¿qué peso puede tener en el indeciso? El de ayer muy poca. El problema para entenderlo es que pocos han entrado a subrayar dónde está la indecisión y cómo puede reaccionar. Interpretémosla en función del debate:

 

  1. a) Hay un espacio de voto indeciso entre el PSOE y PODEMOS. Las encuestas dicen que se está decantando a favor de Sánchez, de ahí la distancia porcentual del socialismo sobre los demás. Iglesias sabe que los debates eran y son su única oportunidad para recuperar voto, pero tras su actuación de ayer, su look ya no vende sino todo lo contrario -la imagen en televisión es demoledora-, solo cabe anotar que es un boxeador sonado. Sánchez lo tiene dominado e Iglesias sólo espera ser el mozo necesario al que premiar con un ministerio. Ya no va a asaltar el cielo sino el sillón del despacho.
  2. b) Hay un espacio importante de voto indeciso entre PSOE, PP y Cs. Este es el que se disputa de verdad en estos debates y en la batalla mediática que generan, que es lo importante. Rivera lo sabe y hoy puede rematar, pero no es suficiente con el tema catalán. Sánchez, que es un contrincante que pierde fácilmente la compostura si le sacan del guión, es débil y contradictorio cuando le llevan al terreno económico y muestra su radicalismo sectario en el tema ideológico. De ahí que se refugie en la “justicia social”, en el para todos de su campaña, frente a la insolidaridad de sus adversarios, de las derechas (ni Casado, ni Rivera han sabido contrarrestar el discurso perfectamente armado de la propaganda socialista). Reitero, a los indecisos en ese espacio hay que darles algo más que Cataluña y no hacer propuestas de mercado que suenan a tomadura de pelo como los 2 millones de puestos de trabajo de Casado. El problema es que en el debate ideológico Casado y Rivera no están tan lejos de Sánchez como aparentemente pudiera parecer y Sánchez puede utilizar la “superioridad moral de la izquierda” que Rivera envídia y hace que Casado se achante. Así pues esta noche sí puede ser decisoria en ese segmento de indecisión y Rivera puede ganar mucho, porque hasta ahora los vientos eran favorables para el Sánchez moderado que ha sabido vender la propaganda socialista.

 

  1. c) El tercer espacio de indecisión, probablemente el más extenso, es el que se da entre el PP, Cs y VOX. En este segmento la cuestión catalana, el debate territorial y los referentes ideológicos son elementos fundamentales. Sánchez ha sido habilidoso a la hora de reducir su radicalismo izquierdista en esta campaña, que es lo que produce la escisión entre los votantes del PP y el movimiento pendular de los que por la cuestión catalana se habían inclinado hacia Cs; lo que ha catapultado los mítines de VOX hasta hacer temer su conversión en voto. Esta indecisión entre los electores no se va a solventar en el debate porque se ha prescindido de VOX. Entre otras razones porque esos indecisos me parece que van a seguir poco el debate, aunque sí el día después. En este espacio Rivera, esta noche, puede jugar con ventaja sobre un Casado que se refugia en el eufemismo y en los genéricos porque su partido no cuestiona el Estado de las Autonomías, aunque Rivera también haya bajado mucho el perfil de su cuestionamiento.

 

¿Dónde estaría la clave del debate?¿Qué lo podría convertir en decisorio? Algo muy complicado: primero, que Iglesias, que creo que se conforma con mantenerse, saliera dispuesto a retar a Sánchez en el terreno ideológico; segundo, que Rivera y Casado fueran capaces de sacar al Sánchez real del figurante ensayado que es, de retratarle como es. Sánchez puede dejarse de 20 a 30 escaños esta noche y lo sabe. Los que no sé si lo saben es los demás. Y a esos hacer combate nulo les sirve de muy poco.