Hace unos meses, en circunstancias muy similares, lancé un grito de auxilio a Santiago Abascal. Iba de camino a Córdoba a pasar el puente de La Inmaculada con mi familia.
Hoy, Martes Santo, mi destino es el mismo, y mientras mi mirada se pierde entre fincas de olivos a mi paso por Jaén, me entrego al mismo espíritu que aquel día me llevó a escribir con renglones torcidos.

Querida Rocío:
Hoy me dirijo a ti con un grito de guerrera a guerrera. Más allá de la posición que ocupas en tu partido, nuestro partido. Más allá del poder mediático tan necesario para tratar de cortejar con elegancia a quienes quieren destruir nuestra Nación, más allá del sillón que te espera en La Cámara, quiero hablarte como si lo estuviera haciendo con mi amiga del alma, ella se llama Raquel, pero hoy la voy a llamar "Rocío".

Somos madres de familias numerosas. Yo tengo tres infantas, y es tanta la inquietud que siento por su futuro, que hoy me atrevo a pedirte que no decaigas en tu empeño por caminar hacia el cambio.
Nos quieren robar nuestras tradiciones a base de la más burda cobardía, mirando a contraluz, porque ellos no saben mirar de frente. Sienten miedo de la "España Viva".

Te lanzo un grito de socorro para pedirte que pongas foco en el odio irracional a todo lo masculino, que estas especies raras, y esperemos que a extinguir, quieren imponer en la formación de las generaciones gestantes. Que esta misandría degenerada se ahogue.
Quiero que la vida saque a mis hijas a bailar como lo hizo conmigo. Pero no quiero ver cómo "les toca bailar con la más fea". Quiero que tengan la posibilidad de elegir dentro de unas directrices basadas en la libertad y quiero que sientan el respeto a los demás como un aprendizaje hoy, convertido en obligatorio mañana, y que haciéndose respetar alcancen su propia excelencia, tan en desuso.

Últimamente estamos asistiendo a una degeneración del feminismo, arengada por grupos políticos de extrema izquierda que hacen creer a la sociedad, de la existencia de una explotación sexual, económico laboral e intelectual de la mujer de hoy.
Quiero que puedan desarrollarse en el primer mundo donde no tenga cabida este tipo de ignominia, y que la mejor arma para combatirla sea la democracia que unos cuantos desaprensivos quieren abolir.

Somos mujeres, madres y esposas. La familia nuestro objetivo y la sociedad el hogar de un pluralismo en decadencia.
No te rindas Rocío, sigue defendiendo el Estado de bienestar, y cocinemos entre todas un caldo de cultivo propicio para que nuestros hijos puedan vivir en un país donde los valores no sean un reclamo.

Por eso te escribo querida amiga, para pedirte que con tu manto verde hagas resurgir lo que unos cuantos desalmados nos quieren quitar.
Desde aquí, inmersa en "un paseo por España" quiero decirte que mi lucha siempre será pacífica y apoyada en la fuerza de sus argumentos.