Hace hoy dos años del día en que cerraste los ojos en este mundo para abrirlos a la luz de Cristo. Dos años del día en que conociste por fin la Verdad, los misterios que nos inquietan, el porqué de tantas cosas que no somos capaces de entender. Dos años del día en que moriste para vivir siempre.

 

Pero fue tanto lo que sembraste en vida que puedo decir que la muerte en ti no manda. No manda, porque tu recuerdo sigue vivo en el corazón de esa gran familia que formaste y en el de miles de españoles en los que anida la virtud de la gratitud. No manda porque tus escritos, tus discursos, tu incansable cruzada por mantener una verdad maltratada siguen llegando a muchos españoles que no han sido anestesiados por la mentira. No manda porque la colosal obra social que tú contribuiste a hacer realidad sigue en pie aunque arranquen las placas y borren los nombres de hospitales, viviendas, pantanos, universidades y hogares de ancianos. No manda porque todavía queda un puñado de españoles valientes que no están dispuestos a asistir impávidos y cobardes a que se escupa impunemente sobre la tumba de sus padres y abuelos. Porque cada vez son más los españoles que sienten la emoción de serlo y muy pronto empezaremos a ver esa primavera que, pese a todo, seguiste anunciando en cada escrito.

 

No hay noche sin aurora, repetías. Y la noche que ha sido larga, no va a ser eterna, ni mucho menos. No vamos a permitir impasibles a que los muñidores del odio profanen vuestras tumbas y vuestra memoria y nos impongan un relato mentiroso de nuestra historia, de vuestra historia para blanquear el odio de quienes te robaron la niñez y llenaron de sangre las calles de España.

 

Los españoles empiezan a reaccionar a una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa, como decía José Antonio. Estamos hartos de que nos digan cómo tenemos que vivir, pensar y hablar y el grito de Viva España y los acordes de nuestro himno vuelven a escucharse vibrantes por toda nuestra Patria.  

 

He tenido el privilegio y el honor de poner mi grano de arena en la defensa de la dignidad del sepulcro de tu viejo capitán. No creo en las casualidades. Tú te empeñaste en que aquél niño de 6 años te acompañase a conocer al capitán de tu juventud y hoy tengo el orgullo de estar en primera línea de combate defendiendo con mis armas de abogado su dignidad frente a los profanadores.  En este año convulso, a veces angustioso, he sentido como nunca tu aliento y tu presencia. Sé que estás conmigo y que desde tu lucero, pides por España.

 

Como tú mismo dijiste, la verdadera tumba de los muertos está en el corazón de los vivos.  Por eso en ti la muerte no manda. Porque siempre seguirás vivo en nuestro orgulloso corazón.

 

Recibe, una vez más, en esta nueva primavera, esas cinco rosas como tributo del amor eterno de tu hijo que jamás podrá olvidarte.