Es francamente sorprendente la celeridad con la que la violenta protesta francesa contra un aumento del impuesto sobre combustibles y - con mayor raz√≥n - contra el asfixiante aumento del costo de la vida se ha extendido a B√©lgica y Holanda. Estas repentinas manifestaciones de ciudadanos, en sus chalecos amarillos, indican sin lugar a dudas la existencia de un profundo malestar e insatisfacci√≥n en las sociedades de dichos pa√≠ses. Las protestas francesas han acabado convirti√©ndose en una revuelta contra Macron, bajo cuya presidencia los impuestos no han hecho m√°s que subir hasta provocar una verdadera indigesti√≥n nacional. Macron es hoy d√≠a acusado de dejaci√≥n de deberes en su obligaci√≥n de defender y proteger el bienestar y la cultura del pueblo franc√©s. Y lo mismo ocurre en B√©lgica y Holanda, donde sus respectivos m√°ximos dirigentes administran el pa√≠s como si se tratara de una compa√Ī√≠a cotizada en Bolsa, obligada a lograr beneficios sea cual sea el sacrificio de la poblaci√≥n. Y la poblaci√≥n ha dicho ‚ÄúBasta‚ÄĚ.

Paralelamente, existen causas de insatisfacci√≥n tanto o m√°s graves que las anteriores que los dirigentes en cuesti√≥n procuran mantener lejos de la atenci√≥n popular. Un n√ļmero cada vez mayor de ciudadanos en cada uno de esos tres pa√≠ses est√°n crecientemente preocupados por la excesiva Inmigraci√≥n, el imparable aumento de la extrema pobreza y el incierto futuro de sus hijos. Para complicar a√ļn m√°s la situaci√≥n, la mayor√≠a de esas gentes no pueden ser clasificadas pol√≠ticamente. Pueden ser de izquierdas, o de centro, o de derechas, indistintamente, pero un alto porcentaje de ellas comparten una caracter√≠stica esencial: Son la anta√Īo laboriosa clase media. En la moderna Europa occidental, esos colectivos est√°n sub-representados, no s√≥lo porque no sepan a qui√©n votar sino porque los medios informativos - siempre tan dependientes de avales bancarios y de subsidios y publicidad institucional - suelen referirse a ellos como xen√≥fobos¬†si no aprueban el actual flujo migratorio, y los pol√≠ticos de la derecha ‚Äúbuenista‚ÄĚ al alim√≥n con los socialistas ‚Äúglobalistas‚ÄĚ consecuentemente los ningunean de la forma m√°s inicua y miserable. Y los pol√≠ticos ‚Äúglobalistas‚ÄĚ, tan centrados en sus relaciones pol√≠ticas y comerciales internacionales, no saben detectar este d√©ficit democr√°tico que, invariablemente, como vemos en Francia, B√©lgica y Holanda, cataliza este tipo de explosiones sociales, con revueltas cada vez m√°s frecuentes y violentas.

En la Europa central y oriental la situaci√≥n es muy diferente. Los pol√≠ticos gobernantes de pa√≠ses como Hungr√≠a y Polonia - calificados por la prensa liberal y de izquierdas como autoritarios - s√≠ parece que escuchan a sus pueblos, como se deduce de las dr√°sticas medidas adoptadas por ellos para proteger la identidad √©tnica, cultural, social y religiosa de sus respectivos ciudadanos. En el manido tema de la exagerada e incontrolada inmigraci√≥n de supuestos refugiados, los h√ļngaros votaron en un 98% su negativa a aceptar inmigrantes y refugiados de determinado tipo y Europa entera vio y aplaudi√≥ c√≥mo el Gobierno h√ļngaro lo acept√≥ y puso en pr√°ctica sin ceder a las insistentes presiones ‚Äúbuenistas‚ÄĚ y ‚Äúglobalistas‚ÄĚ de los bur√≥cratas de la Uni√≥n Europea. Y ante una tan encomiable cooperaci√≥n entre pol√≠ticos y ciudadanos, en ninguno de esos dos pa√≠ses se han registrado protestas, disturbios o algaradas como las que estamos viendo al otro lado del mapa europeo.

¬ŅY c√≥mo estamos en Espa√Īa?

Me temo que no muy bien. En 40 a√Īos de Gobierno bipartidista, en los que tanto el PSOE como el PP - heredero de aquella pulcra Alianza Popular de Manuel Fraga - y otros partidos regionales (como los secesionistas catalanes) han medrado en una corrupci√≥n generalizada, el desprecio de los pol√≠ticos para con los intereses de sus votantes ha puesto los cimientos de una verdadera aniquilaci√≥n de la clase media y media-alta. No se supo evitar ni gestionar la crisis econ√≥mica y mucha gente de esos colectivos que viv√≠a muy bien antes de la crisis perdi√≥ su trabajo, se arruin√≥ y se sumergi√≥ en una pobreza extrema. No se habla de la alta tasa de suicidios en Espa√Īa por problemas econ√≥micos - que incluyen los problemas de salud cuyos gastos de asistencia para cuidados no se pueden pagar sin arruinarse - pero las cifras son francamente mareantes.

 

El Estado no cubre mucho de lo que debiera cubrir, los servicios sanitarios y las colas son cada vez peores y mucha gente se muere antes de tiempo. Hasta morirse en Espa√Īa es caro: No baja de 5.000 Euros. Se deshaucia sin el menor miramiento a ancianos enfermos - como d√≠as atr√°s se deshauciaba a una madre abandonada con 4 hijos, una reciente ces√°rea de gemelos y dos peque√Īos. Y es que el pa√≠s est√° mucho peor de lo que se percibe a simple vista y los pol√≠ticos lo callan de la forma m√°s inicua y cobarde. En Espa√Īa los aut√≥nomos son cada vez menos y los √ļnicos que viven con relativa tranquilidad son los funcionarios. La inseguridad, la precariedad y los sacrificios familiares van en aumento y no me extra√Īar√≠a en absoluto que a corto o medio plazo vivi√©ramos en nuestro sufrido pa√≠s una situaci√≥n de alta volatilidad social como las de Francia, B√©lgica y Holanda. Si Alemania y Gran Breta√Īa, con problemas similares a los de los anteriores pa√≠ses, ¬†llegaran a sumarse a la protesta, Espa√Īa se subir√≠a al tren de inmediato y Europa occidental vivir√≠a una nueva revoluci√≥n europea: La de las empobrecidas clases medias, compuestas por una inusual amalgama de obreros e intelectuales, en activo como en paro - todos en sus chalecos amarillos - afectados por la ceguera, la ineptitud y la ¬†terquedad de algunos bur√≥cratas y pol√≠ticos visionarios.¬†