Leemos con tanta sorpresa como alarma la última parida del portugués Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, al habérsele concedido el Premio Carlomagno, el no-va-más de las recompensas por una ejecutoria política basada en el combate al nacionalismo soberano; un premio anteriormente concedido a conocidas figuras globalistas, como el montonero Papa Francisco, la imperturbable Angela Merkel y el advenedizo Emmanuel Macron. Para no ser menos que aquellos, Guterres se dejó caer con la tesis de que "las naciones europeas deben ceder los controles migratorios a Bruselas y abrir totalmente sus fronteras a la inmigración masiva desde fuera del continente", porque "Europa se ha visto enriquecida por la diversidad a través de la Historia". Y se ha quedado tan fresco.


El inicio de su discurso ad hoc ya anunciaba el mensaje cuando señalaba que "muchos votantes en Europa estaban mirando al pasado, a una Edad de Oro que probablemente nunca lo fue". En un texto redactado para complacer a sus anfitriones alemanes, Guterres decía la pasada semana en Aachen (nuestra admirada Aquisgrán) que el mismísimo Palacio de Carlomagno "tomó prestados diversos elementos de las civilizaciones romana y bizantina", pero se le vio el plumero político cuando vaticinó que "los europeos no serían capaces de proteger la rica herencia del Continente" sin adherirse a demandas globalistas como la inmigración masiva, suprimiendo el 100% de las emisiones por carbón para el 2050,  y "reforzar la Agenda 2030 de la ONU y sus metas de desarrollo sostenible" - que curiosamente incluyen la total liberalización del aborto, la igualdad salarial de géneros y la promoción de los estilos de vida LGTB entre los niños menores. Toma castaña.


Y hubo más. El socialista Guterres afirmó que Europa no tenía otra alternativa que abrir las fronteras del bloque, dado que "cerrar nuestras puertas a los solicitantes de asilo no protege nuestra herencia sino que la envilece" y añadió: "Todas las sociedades tienden a ser, o son ya, multi-étnicas, multi-culturales y multi-religiosas. Esto debe ser considerado como una riqueza, no como una amenaza" - frase tras la que Guterres se atrevió a exigir de Bruselas que derribe las fronteras exteriores de los estados-miembro de la UE y fuerce a sus contribuyentes a enviar dinero hacia el Sur Global con el fin de conseguir "una orientación migratoria equilibrada centrada en las causas de la emigración pero preservando los derechos y la dignidad de los emigrantes".  


Todo esto nos recuerda el programa del llamado "Pacto Migratorio Global" - auspiciado por la Asamblea General de la ONU, en la que Antonio Guterres tuvo que llevar la voz cantante - que el impresentable "presidente del Gobierno en funciones" Pedro Sánchez ocultó al Congreso y a la opinión pública y firmó a escondidas en Marrakesh (Marruecos) en diciembre del 2018, comprometiendo a España al ingente gasto y tribulaciones de una esperada "invasión migratoria" ilegal - calculada en unos 200.000-300.000 subsaharianos y magrebíes - a la que se comprometió a legalizar y darle asilo, vivienda, sanidad, trabajo, escuelas, becas y unos subsidios que ya los quisieran los cerca de tres millones de pensionistas españoles que hoy día pasan hambre, pobreza energética y continua e incesante indignidad. Y hasta se comprometió a tipificar como "delito de odio" cualquier crítica relacionada con la inmigración y sus efectos negativos sobre los servicios públicos, la sanidad o la seguridad ciudadana. Y los partidos políticos - que fueron advertidos - entre otros, por "El Correo de Madrid" - antes de la firma, durante la firma y después de la firma del documento, han seguido tirándose los trastos a la cabeza, aspirando a posiciones intrascendentes, dispuestos a vender el culo a cambio de Dios sabe qué pactos, sin exigir a Pedro Sánchez que explique y justifique en sede parlamentaria la firma de un Pacto Migratorio que acabará contaminando y arruinando a España de forma tan desvergonzada. Un silencio, el de los partidos políticos españoles, que apunta hacia cierto grado de complicidad, cuando recordamos que no sólo Pedro Sánchez obedece a Soros - que ya le ha visitado en al menos dos ocasiones. Soros también ha visitado a Albert Rivera, en aquella extraña cena a la que acudió Ana Botín y aquellas misteriosas dignatarias marroquíes, y en su nómina de "confiables" figuran centenares de militantes de PSOE, PODEMOS y Ciudadanos (y hasta alguno del PP - como "El Correo de Madrid" publicó en su día).  


Ahora, al menos, ya sabemos de dónde sacó la Asamblea General de la ONU unas directrices que obviamente fueron alentadas por su Secretario General, Antonio Guterres, un sociata más en esa gran letrina de iluminados socialistas europeos empeñados en borrar el pasado de Europa para re-editarla como una gigantesca cantera de mano de obra barata, humilde y sin grandes aspiraciones y reivindicaciones sociales o políticas. El "Plan Kalergi" en todo su taimado desarrollo. El único partido político español que se le opone es VOX - que abraza posiciones más próximas a las del llamado Grupo de Visegrado, capitaneado por el húngaro Viktor Orban, compuesto por ex-satélites soviéticos como Hungría, Polonia, Rep.Checa y Eslovaquia - grupo al que se están aproximando ideológicamente otros países europeos como Eslovenia, Austria, Holanda e Italia, donde Mateo Salvini se está revelando como un líder europeo de creciente influencia - y cuyos dirigentes, en lo relativo a España, son considerados por el PSOE, Ciudadanos, PP y PODEMOS como una banda de indeseables. VOX cuestiona la legitimidad de algunas imposiciones de Bruselas a manos de una cohorte de funcionarios no-electos; la desbocada inmigración ilegal y la desaparición paulatina de la identidad nacional en favor de una sociedad globalista y multicultural que haga pedazos a Europa y provea al Gran Capital de una nube inacabable de mano de obra africana y magrebí, dócil, humilde, analfabeta y barata. Lo contrario - lo que defienden sus detractores acusándolos de xenófobos - es un esfuerzo de solapada alta traición a la sana identidad española - amparada parcialmente en las urnas -, un nefasto cocktail compuesto por un indeciso centro-veleta, una derechita cobarde, un socialismo zafio y ladrón y una extrema izquierda totalitaria, falaz y desnortada, con los aditamentos de esa pestilente gentuza separatista periférica pescando en río revuelto. Y, como telón de fondo a semejante tragedia y por si la injerencia de Bruselas no bastara, viene ahora la ONU en la afable y acomodaticia persona de su Secretario General Antonio Guterres a enseñarnos lo que es diversidad e intercambio cultural y a pedirnos que abramos nuestras fronteras (¿más de lo que ya están?) a una marabunta de inmigrantes ilegales destinados a "que Europa deje de ser blanca".  Pobre España pobre, a quiénes ha votado .... si supiera lo que le espera.....