Detritus radiactivo en La Sexta enmascarado de hembra. Los varones en ese canal, afeminados o abiertamente gais. Las mujeres, inmensa mayoría, diablos vestidos de Prada, ventoseando cualquier mierda mental. De talento exiguo, pero de belleza razonablemente elevada. Chicas monas de La Seis, y de otros canales, que solo saben joder a los hombres. Reputadas justicieras, esencialmente indigentes mentales, rebuznan durante todo el día las grandes trolas del purulento sistema que nos enluta. Juanas de Arco de quincalla defendiendo a las pobres e inútiles mujeres que no son como ellas. Rumbosas presentadoras de telediarreos relatando siempre milongas, al dictado de la repulsiva élite mandarina. Simples lacayas, perras de presa vendidas al mejor postor. Matarifes intelectuales a tiempo completo, sirenas de la secta, egregias mamporreras, clítoris resentidos, su hábil competencia verbal, agregada a una potable belleza, van colando de matute cualquier basura intelectual mediante el ropaje del exquisito bombón (de arsénico). Cuanto más bonito es el estuche, más lo vinculamos con la (presunta) alta calidad del producto que contiene. Son mercancía para una única y exclusiva finalidad crematística. El hipersexualizado chasis de estas muñecas hinchables nubla la mente del varón medio español, inyectándole en vena toda la porquería ideológica posible. Atorrantes manginas disfrazadas de heroicas periodistas. Su lógica es aplastante: soy superfeminista, no quiero que me cosifiquen, por eso llevo escotazos. De risa. Propagadoras del feminismo “Mujeres, hombres y viceversa”, lunáticas de doble, triple o cuádruple moral, su envenenamiento, al igual que los disruptores endocrinos, es de baja intensidad pero inasequible al desaliento. Sus inferencias, crudas: el hombre es un ser depravado, la mujer, un ángel de luz. Todo muy sencillo de desentrañar: odio y dinero. Presentadoras hasta en la sopa. Una plaga. Femicacas que nunca pisarán la trena o el manicomio por flagrantes y sistemáticos delitos de odio sexista. Ahora son árbitras intelectuales y versadas en los programas de fútbol. Te cagas, lorito. Esta Stasi Versace cumple a la perfección la sabiduría pregonada por el gran rey judío, Salomón. Proverbios 11, 22. Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa apartada de la razón. Su honda fatuidad, su luctuosa vaciedad, su simulada sofisticación. Solo berrean sus más insondables carencias e inseguridades. Estas televisivas sílfides petardas, tal vez, se retorcerán de dolor y se quebrantarán en mil cascajos cuando sean desafiadas a toda la maldad deliberada y consciente que han generado. Ojalá.

 

La Mutante Calva

El mal rollo no lo comenzó la sección feminazi de la SEXTAPO. Años 90, Telecinco o teta circo, tías buenorras a todas horas. El mafioso Jesús Gil con sus Mama Chicho cuasi mostrando tetamen, todo tan sutil. Los ataques al macho de la especie sapiens no eran tan asilvestrados. Se cuestionaba, esencialmente, su virilidad. Hoy, apretado el acelerador, prevalece la paranoia lesboterrorista amarrada a la mafia lavanda. Los hombres, unos hijos de puta heternormativos, comumachos y androcéntricos. Puntazo de palabros. Además de, puteros, acosadores, maltratadores, pedófilos, asesinos. Vamos, judíos en la Alemania del tito Adolfo. Absolutamente despojados de cualquier barrunto de humanidad. Hombres y mujeres, mientras tanto, en perpetua conflagración. Nos dividen, de entrada, de ese modo, al 50% y luego prosiguen fraccionándonos en miles de identidades fragmentadas. Se nos olvida que la especie humana tiene ante sí morrocotudos retos, que son comunes a mujeres y hombres. Por ejemplo, enfrentarse a deshonrosas e ilegítimas ministras. O ministres, ministr@s o ministrxs. Sí o sí, rozna La Calva Egabrense, ellas siempre tienen razón por ser mujeres. Hasta la Inquisición demandaba una mínima prueba para acusar a alguien de herejía.

 

Lenguaje pedorro

Este feminismo caníbal acabará con todos, hombres y mujeres. Preferentemente, blancos y heterosexuales. Y terminará con todo. El lenguaje, por ejemplo. Me duele especialmente que devasten la venerable gramática española. La sintaxis es una facultad del alma, apuntaba Paul Valery, una cuestión ética que tiene que ver con el orden del pensamiento. El ser humano, un mono gramático (Octavio Paz) que estructura el mundo a través del lenguaje. Por ejemplo, veamos. Los movimientos feminista y LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales) se han ido convirtiendo en LGTB+, con la incorporación de nuevas orientaciones sexuales e identidades de género. Una indigerible e ininteligible e insufrible sopa de letras. Se ha pasado ya por el añadido de “intersexuales” (I) y “queer” (Q). Lo último, eso sí, es el colectivo de los “pansexuales” o “poliamorosos”       (P) y los asexuales (A). Tendríamos, de momento, un sumatorio LGTBIQPA. Los otros grupúsculos se hallan a la espera de próxima "inclusividad". Coñazo de gente. Pronto el teclado QWERTY del ordenador se quedará corto. Extremadamente corto. En fin.