Escuchando las voces de los denominados constitucionalistas, grandes empresarios y la inmensa mayoría de medios, parece que están empeñados en vendernos que la unidad de España está indisolublemente unida a la defensa del actual régimen constitucional. Si prevalece la Constitución del 78 se conservará la unidad nacional. Mal camino ese de anudar el destino de la Nación al destino de una Constitución.

En primer lugar, porque conceptualmente, -o si se quiere, en abstracto- es falso. La Nación es el fundamento de la comunidad política, es decir, precede a la Constitución, que tan sólo es un instrumento al servicio de aquella. Las constituciones van y vienen a lo largo de la historia, la Nación es lo que prevalece, porque toda Constitución es el resultado jurídico en el que se expresa, en un momento determinado, la voluntad política de un pueblo constituido en comunidad nacional. Esta unidad política existente tiene su valor y su razón de ser, no en la norma fundamental que se otorga a sí misma para regir el Estado en que se organiza, sino en el hecho de constituir una comunidad social, cultural y política en la Historia, que a lo largo de los siglos ha compartido un proyecto común. Mientras que el concepto de pueblo se refiere a las pocas generaciones que comparten el presente, el concepto Nación se compone del legado de las generaciones pasadas y el proyecto en que nos sucederán las generaciones futuras. Consecuentemente, nunca se puede colocar al mismo nivel la defensa de la unidad nacional con la defensa del constitucionalismo.  No se puede confundir el imperio de la ley, por importante que sea, con la Nación que le sirve de razón de ser. Más llanamente, el Ordenamiento Jurídico, con la Constitución a la cabeza, refleja el sistema de valores vigente en el grupo; si el grupo deja de existir porque se divide, las normas se quedan “colgadas de la brocha” y sin fundamento que las legitime.

En segundo lugar, porque en el caso concreto de la Constitución del 78, es portadora en sí misma del germen que ha contaminado el cuerpo de la Nación. Para empezar, acoge en su art. 2 la contradictoria alusión a unas nacionalidades que nunca habían existido y que solo ha servido para inutilizar la referencia de su primer párrafo a “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Para seguir, todo el Título VIII diseñó un Estado Autonómico que cualquier persona con un mínimo de honestidad intelectual comprende que en su desarrollo ha provocado la desigualdad jurídica entre españoles y la creación de compartimentos estancos, con la consecuencia de fragmentar la sociedad española y poner en peligro la idea de España como Nación. Los teóricos partidos nacionales, UCD y PSOE, en aras del consenso y el dialogo de cara a la galería, y por detrás en provecho propio, aceptaron sin reparos ni la menor prudencia que todo el proceso autonómico estuviese condicionado por los separatistas. Posteriormente el bipartidismo de PP y PSOE ha dejado obrar a sus anchas al nacionalismo disgregador, cuando no se han sumado a sus postulados tal y como ha sucedido con el PSOE en Cataluña, Valencia y Baleares o con el PP en Galicia.

Cuando lo que hoy necesitamos es recuperar el éthos que fragua la comunidad nacional, de poco sirve a la defensa de la unidad reivindicar un texto legal cuya interpretación en la práctica nos ha conducido a que en Cataluña y Vascongadas se permitiese que desde las instituciones autonómicas se fomentase la hostilidad hacía la idea de España. Más bien va siendo hora de reconocer que, desde su nacimiento, la Constitución del 78 contenía unas disposiciones, tal y como el tiempo ha demostrado, que suponían un gravísimo peligro para la unidad nacional. La verdadera defensa de la patria pasa por corregir aquellas malhadadas previsiones legales, no por mantener impertérrito ante sus errores el sistema constitucional vigente

Así que cuando en un medio de comunicación, foro económico o partido político les coloquen el discurso del constitucionalismo, no les quepa la menor duda, lo que por encima de todo están defendiendo es su cuenta de resultados, no la unidad de España.