El sábado treinta de marzo estuve a veinte metros de Santiago Abascal en Barcelona y le escuché invitar a los seguidores del partido a vigilar a sus dirigentes.

 

“Vigiladnos”, fue exactamente la expresión que utilizó.

 

Es decir, nuestro papel, además de acompañarles a estas demostraciones de firmeza, consiste también en vigilar para que se mantengan las ideas fundamentales que el propio Abascal sostiene en todos sus mítines. 

 

Pero, en cuanto escuché sus palabras en Barcelona, se me ocurrió esta pregunta:

 

¿Cuál es la mayor amenaza para esas ideas?

 

Me respondí a mí mismo, y allí mismo, que la carencia de una ideología que las integre y sostenga.

 

Los mensajes del partido parecen dar a entender que aquí cabe todo el mundo que busque la salvación de España.

 

Pero, ¿es eso suficiente cuando se aspira a tener responsabilidades de gobierno municipales, autonómicas o nacionales?

 

¿Es eso siquiera suficiente para explicar con qué criterio se elige a Fernando Paz para ser cabeza de lista en una provincia y días después se elige a una persona tan diferente a la anterior como Rafa Lomana para exactamente el mismo puesto?

 

¿Tienen algo en común común en las ideologías políticas de los diferentes candidatos de Vox a las inmediatas elecciones generales, aparte de su entrega a España? Si lo tienen, ¿en qué consiste?

 

¿Qué acción política será posible llevar a cabo con éxito con una heterogeneidad de futuros miembros en el Congreso como la que se está viendo en esos candidatos?

 

Se me puede decir que a todos ellos les une su amor a España y sus deseos de engrandecerla.

 

Y me pregunta entonces sería:

 

¿Es eso suficiente para llevar a cabo una acción eficaz de gobierno?

 

El tema no me parece intrascendente al recordar los ejemplos de los partidos españoles que han llegado a tener responsabilidades de gobierno sin ideologías bien claras o sin unidad de acción inspirada en ideología alguna.

 

En todos los casos, la ausencia de principios ideológicos ha llevado a todos esos partidos, uno tras otro, a interpretar el hecho de gobernar en el sentido de repartirse el botín.

 

Sin ideología, la acción de gobierno desemboca inevitablemente en corrupción.

 

Y esta es mi respuesta a la invitación del presidente de Vox tras escuchar su vibrante discurso en Barcelona el sábado: Vox necesita una ideología.

 

Las 100 medidas son propósitos de actuación, pero no constituyen una ideología.

 

El sábado, día 30, en Barcelona hubo miles de personas que sintieron la emoción de estar cerca de conseguir una España libre del yugo de las mentiras de todos esos a quienes nuestros dirigentes combaten cada día con tanto ardor.

 

Pero, ¿qué España queremos construir y cómo lo vamos a hacer?

 

Al rescate de España debe acompañar un proyecto común nacional que despierte la ilusión de todos los españoles, porque la causa de la inercia política de muchos de ellos es que no saben para qué les necesita España, o incluso porque se les ha dado a entender que España no los necesita.

 

El crecimiento de Vox no puede basarse en recoger agravios y descontentos, tanto locales como nacionales, y prometer que a todos se les va a dar solución. Esto es sembrar la semilla de una frustración mayúscula si se llega a gobernar. Es preferible pedir esfuerzos a todos, explicándoles por qué y para qué cada uno es necesario, de modo que cada persona entienda la razón del sacrificio que se le pide.

 

Para todo esto es imprescindible una ideología. Porque gracias a ella es más fácil explicar lo que se quiere construir y, al mismo tiempo, por qué a muchas demandas que se plantean hay que decir que no.

 

El liderazgo consiste en decir más veces no, que en decir que sí a todas las peticiones ciudadanas, y, a pesar de eso, conseguir que la gente te siga. Y esto es aplicable también en el caso de partidos populistas.

 

Para finalizar, diré como último punto de mi reflexión, que el eslogan de “la derechita cobarde” ha tenido una extraordinaria eficacia para descubrir ante la sociedad española el enorme engaño de un partido político indigno.

 

Pero, sin ideología, además de ser ineficaces gobernando, la miserable tentación de la cobardía y la brutal tentación de la corrupción serán irresistibles.