Semanas atrás, alarmados por el silencio sepulcral mantenido y ordenado por Exteriores sobre el tema de Gibraltar y coincidiendo con la presencia en Madrid de una comisión de gibraltareños negociando "de tu a tu" con el Gobierno español, nos llegó el tufo de que se estaba cometiendo una barbaridad diplomática, una metedura de pata como las que en tan sólo cuatro meses ya nos ha acostumbrado el nefasto Ejecutivo de Pedro Sánchez. Y no nos equivocábamos. Los intereses de España, en negociaciones bajo la batuta del ministro-torero José Borrell - el antiguo "novio" de Ortega Cano, según Google - han sido despreciados y malvendidos en aras de un supuesto "pragmatismo" que sólo se puede calificar de suprema estupidez.

Hace un año, Bruselas aseguraba a España que no se llegaría a ningún acuerdo con Gran Bretaña sobre Gibraltar que no hubiera sido sancionado previamente por nosotros. Pues resulta que nuestro presidente del Gobierno y su ministro-torero han renunciado a dicha sanción previa, precipitándose a negociar y acordar con los "llanitos" - como si fueran país soberano - una serie de puntos de convivencia que cierran la puerta a nuestra vieja opción de co-soberanía y a la eventual adopción de medidas drásticas para forzar la devolución del peñón. Se ha abandonado por tanto la opción de estrangular a la Colonia cerrando la verja a cal y canto; cortar servicios, suministros y comunicaciones; bloquear el aeródromo construido sobre suelo español; etc.etc. Y todo eso a cambio de que unos miles de nuestros trabajadores y contrabandistas sigan yendo a Gibraltar como hasta ahora - para facilitar un triunfo electoral a los alcaldes socialistas de la zona - y una serie de acuerdos de cooperación de esos que siempre acaban inoperantes.      

 

Para más INRI, el baranda del peñón, Fabián Picardo, ha difundido un comunicado de prensa en el que se jacta de no haber hecho concesión alguna a España: "Este protocolo no realiza absolutamente ninguna concesión en términos de soberanía, jurisdicción o control. Si así fuera, no lo habríamos aceptado". Por si fuera poco, reconoce que "El Gobierno de Gibraltar ha estado totalmente implicado de forma directa en las negociaciones, en tanto afectaban a Gibraltar", confirmando así que el Ejecutivo de Pedro Sánchez les dio beligerancia como si se tratara de una delegación de un país soberano - en esa su enfermiza costumbre de dar beligerancia a quien no la merece, como también ha ocurrido en el caso de los soberanistas vascos, navarros y catalanes.  

 

En el neo-PP de Casado no se lo pueden creer y han pedido la comparecencia urgente en el Congreso del ministro-torero José Borrell, ante lo que consideran "probablemente, el mayor fracaso de la política española en los últimos 100 años". A buenas horas se quejan. Ya les advertimos semanas atrás de lo que le esperaba a España si no se frenaba la negociación entre la arrogante delegación de Gibraltar y el ingenuo Gobierno español. No nos hicieron caso cuando les exigíamos que convocaran a sede parlamentaria al ministro y averiguaran lo que escondía el Ejecutivo del "okupa cum fraude". No nos hicieron caso.  

 

Y la triste realidad es que, malvendida por este Gabinete de inútiles, mentirosas, plagiarios y cabras-locas, España ha ido perdiendo, una tras otra, todas las ventajas obtenidas en años de paciencia y resistencia, con el triunfo final del Derecho de Veto que Bruselas nos concedía si la solución final para Gibraltar estipulada en el Brexit no nos satisfacía. Un Derecho de Veto absolutamente desperdiciado. Y con esa pérdida han caído también la larga y audaz serie de medidas drásticas alternativas con las que, con Gran Bretaña fuera de la Unión Europea, España hubiera podido acogotar a Gibraltar para forzar un acuerdo más que substancioso para nuestros intereses a largo plazo. Pedro Sánchez y su ministro-torero Borrell se han lucido como lo que en el fondo son: Una pareja de fantoches a quienes la labor de Gobierno, en unos tiempos delicados por el desafío rebelde catalán y la insurgencia revanchista civilguerrista, en verdad les viene muy ancha. Pobre España, pobre.