Resulta enormemente ilustrativo de la nadería decadente en la que nos encontramos, del elevado número de los bufones inmorales existentes en esta democracia degenerada, del cipayismo obsceno y ofensivo, amen de lesivo para los intereses nacionales, de tantos diputados nacionales, autonómicos y concejales, a la hora de formular su retórica investidura, más bien debería considerarse embestidura, por muy humana que parezca.

La nulidad de tales actos, ante la ausencia de una formula de rigor comúnmente aceptada, debería declararse por los tribunales. Quienes no saben de dónde vienen, ni a quienes representan, ni las normas constitucionales, morales y hasta de educación que comporta cada cargo público, impide una rectificación que no sea impuesta por ley y defendida por un estado de derecho.

Ello tiene su antecedente, cosa lógica, en las negociaciones previas para configurar mayorías necesarias de los distintos gobiernos municipales, autonómicos o de la nación. Dada la naturaleza de la actual política y la ausencia absoluta de búsqueda del bien común e intereses generales, toda negociación se convierte en un “zoco persa”. Cualquier puerilidad accidental o programática es utilizada para discrepar o establecer el mal llamado “cordón sanitario”. Tal parece que estarían emparejándose los partidos para asistir colectivamente, diferenciados nada más que en el atuendo, al baile obsceno de la política, al son del viejo tango argentino “el cambalache”, cuya letra refleja nuestro panorama político/cultural: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador...¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!. Lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao. Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón”.

Cuando no avistamos salida a la “tormenta perfecta” que gravita sobre España, imputable a la crisis económica provocada por un sistema político corruptor, endogámico, desintegrador y sin principios, cuyas decisiones políticas desacertadas y manifiestamente contrarias al interés general, están empobreciendo a la clase media española y frustrando las expectativas de futuro de la juventud emprendedora, llega un turiferario e indocumentado personaje del progresismo socialista, que representa lo más zafio del zapaterismo guerra civilista, a reescribir nuestra historia y pretender profanar la tumba de Francisco Franco..

Pues bien, al no pretender convertirme en “relator de las mezquindades” que impone el conjunto de turiferarios que gobernaran, para nuestra desdicha, España, incapaces de aportar una sola idea de futuro. Odian todo lo que ignoran; la verdad que los desnuda; la libertad que los retrata; la tolerancia que los descubre; el perdón que los confunde.

Lo urgente es que se encuentre la mano con la herida, que comencemos el combate ideológico, moral y practico de las cuatro alertas que conviene trasladar al pueblo español para que despierte. La alerta del separatismo en su última y desafiante fase y que amenaza sin rubor la soberanía nacional y la desintegración de nuestra patria. La alerta de la Ley electoral que impide la formación de gobiernos estables y nos lleva a la dispersión del voto, favoreciendo a los que pretenden destruirnos. La alerta de las Autonomías, ficción anti-histórica que, como los antiguos “reinos de taifas”, nos van a llevar a la ruina y a desmembrarnos como nación. La alerta de la justicia, cada vez más politizada, menos independiente, más dirigida por lo políticamente correcto y menos dotada de medios para cumplir su misión.

Apoyando las anteriores alertas en fundamentos, por su naturaleza, no cuestionables, debemos formular los dogmas en los que se ha basado la permanencia de nuestra civilización y sin los cuales, el progreso, la libertad, la justicia, el derecho, la igualdad de oportunidades, la dignidad humana, no existirían. La extirpación de los falsos dogmas en el campo de la ciencia política, es hoy más necesario que nunca, dada la revolución que experimentamos en el campo de la ciencia y la tecnología, y el alcance y profundidad que pueda tener en el campo de la economía, de la política y del trabajo.

Sería estéril todo deseo de restaurar el viejo orden social, si no desmontamos los falsos dogmas que los sustentan: El dogma del panteísmo individualista; el dogma del nihilismo existencial; el dogma del relativismo antropológico; el dogma de la verdad objetivada a través del voto; el dogma de los partidos  como agentes naturales de representación política; el dogma de la utilidad del voto para avanzar en el progreso individual o colectivo; el dogma de la división de poderes; el dogma de la libertad de expresión y/o, manipulación; el dogma de la violencia de género; el dogma de la memoria histórica impuesta por Ley; el dogma de la imposición del error lingüístico, de la idea, del concepto y del término; el dogma del nacionalismo separatista; el dogma del comunismo democrático y el dogma de la cultura progresista.

Toda la responsabilidad recae sobre los políticos e intelectuales que, al fallecimiento de Generalísimo Francisco Franco y hasta hoy, han gobernado en España. Es la tarea que debemos imponer a quienes pretendan salvar del naufragio a la sociedad y tal vez a la civilización, la nuestra, la occidental cristiana, que ha perdurado durante dos mil años.

Como señalara el restituido por Franco, en su Cátedra de Salamanca, D. Miguel de Unamuno: “Los españoles somos un pueblo enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia y a soportar la opresión”. Esa situación hoy, resulta mas amarga y lacerante que nunca, seguimos los españoles prefiriendo la mentira ilusa, a la verdad amarga.