Actualmente, son muchos los que hablan de la premeditación como si su concurrencia en la ejecución de hechos con trascendencia penal implicara una mayor sanción para el autor de la acción delictiva, siendo un buen ejemplo el del homicidio de “Rosarito” en Sevilla, en el que se habla del carácter premeditado del crimen con insistencia. Probablemente, ello se deba a la regulación anterior al Código Penal de 1995.

 

El Decreto 3096/1973, de 14 de septiembre, por el que se publica el Código Penal, texto refundido conforme a la Ley 44/1971, de 15 de noviembre, establecía, en su artículo 10, que era una circunstancia agravante obrar con premeditación conocida y, además, esa norma regulaba en su artículo 406 la existencia de un asesinato cuando se ejecutara un homicidio con premeditación. La Sentencia del Tribunal Supremo de 28 de noviembre de 1986 señaló que la premeditación estaba “caracterizada por la meditación reflexiva, madurada y persistente, por el designio preconcebido, meditado y perseverante, en la realización del crimen, «quid pluris» de maldad continuada y acentuación de dificultad defensiva en la víctima, supone una constancia y tenacidad en el mantenimiento de la volición criminal desde la concepción del hecho y determinación realizativa hasta su perpetración, en intervalo temporal más o menos pronunciado; razonablemente se resalta que el grado de la fuerza moral subjetiva del premeditado delito influye sobre la determinación del grado de imputabilidad del infractor, a la vez que a la distinta energía de la fuerza moral subjetiva suele corresponder proporcionalmente una fuerza moral objetiva distinta, que repercute sobre el daño mediato”. La misma resolución explica los componentes de la referida circunstancia al indicar que “Como elementos integrantes de la premeditación se señalan: a) el ideológico, caracterizado por la decisión firme e irrevocable, tras el correspondiente proceso deliberativo, de llevar a término la infracción criminal, proceso que comporta una meditación detenida, «fría y serena» según reiterada alusión de la jurisprudencia, «frialdad del cálculo» en expresión doctrinal, plus de reflexión y madurez de pensamiento que diferencia acusadamente la actitud del sujeto al confrontarla con la hipótesis de deliberación instantánea y decisión consiguiente y súbita de actuar; b) el psicológico o anímico, traducido, tras la determinación adoptada, ausente toda huella de influencias pasionales, con frialdad y serenidad de espíritu, en la perseverante actitud realizadora, en la persistencia inalterada de la ideación hasta verla plasmada en la ejecución, con calculado planeamiento de los estadios a ella conducentes; c) elemento cronológico, o temporalidad en semejante persistencia del designio ejecutivo, de forma estable, sin vacilaciones o mudanzas de propósito, dato enjuiciable con cierta relatividad en función de cada caso concreto; decisión reafirmada de modo homogéneo, sobreponiéndose a los motivos antagónicos que pugnen por su acogimiento en el ánimo del culpable; d) conocimiento de la premeditación, es decir, que ja misma aflore a través de signos externos, suficientemente”.

 

La Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, suprimió las reglas que implicaban la agravación de penas por obrar con premeditación. La Sentencia de la Audiencia Provincial de Oviedo 73/2008, de 17 de junio, indica que el testigo “aclaró que cuando decía que el procesado estaba "ido" quería decir que estaba como ausente, lo que para el Tribunal supone que estaba, razonando y maquinando el delito que iba a ejecutar, habiéndolo premeditado en términos tan claros y conocidos que con el Código Penal de 1973 hallaría cobertura esa otra agravante, que hoy no es apreciable porque causó baja en el nuevo código, pero si se puede valorar como indicación de la peligrosidad del delincuente”.

 

Ahora mismo, la existencia de premeditación no se requiere para agravar el marco de las penas, que se pueden imponer igualmente con delitos cometidos sin una planificación previa. Por ese motivo, habría que dejar de hablar de esa circunstancia como si tuviera la relevancia de otras como la alevosía, que si que agrava la pena en el vigente Código Penal.