Encontrándonos en plena vorágine electoral, no pierdo la esperanza de que la posible victoria en las próximas elecciones municipales de las formaciones que se oponen al sectarismo, que, durante estos últimos años, ha impuesto la Sra. Carmena, pueda poner orden en esta absurda batalla del callejero de Madrid. La aplicación torticera que la Ley de Memoria Histórica ha ocasionado, y la interpretación sectaria que de ella se ha hecho, ha llevado a borrar de nuestras calles a personas insignes que lucharon en el bando nacional durante la pasada guerra civil, al mismo tiempo que se han dedicado otras a personas del bando contrario, algo a lo que no me opondría - la historia es de todos - siempre y cuando esas personas fueran dignas de ello, lo que no es el caso muchas veces.

 

Así, en la exposición de motivos de la cita Ley se puede leer que los lugares públicos deben ser lugares de encuentro y nunca de confrontación, algo en lo que podemos estar de acuerdo; claro que lo que ha sucedido es que en aplicación de esa Ley se retiran del callejero el recuerdo , por poner un ejemplo, de personas como el General Moscardó, y otros, y en su lugar se rotulan calles, y se erigen monolitos, en homenaje a la Pasionaria o a Santiago Carrillo. Sectarismo puro.

 

En cualquier caso estas líneas van más allá de lo expuesto hasta ahora y quieren reflejar el galimatías e injusticia histórica que se observa en las calles y monumentos de Madrid en general.

 

Hablo de Madrid más cuanto escribo es aplicable a muchas otras ciudades españolas con toda seguridad. Es tradición en España, al igual que en todas las ciudades europeas y en casi todo el mundo, que las calles de las mismas recuerden personajes o hechos de su historia para honrar o perpetuar su memoria. La misma función la ejercen monolitos o monumentos recordando gestas o personas notables. Hasta tal punto es esto cierto que muchas ciudades toman su alma y ser de de estas circunstancias. Así reconocemos a París por la torre Eiffel o por los Campos Elíseos, a Roma por su Coliseo, a Londres por la plaza de Trafalgar o a Berlín por la puerta de Branderburgo. Son sólo algunos ejemplos de tantos que se pueden dar.

 

Por supuesto que con Madrid sucede lo mismo. Así, la estampa de la Cibeles o de la puerta de Alcalá nos retratan un Madrid dieciochesco bien reconocible. Sin embargo un paseo por nuestra capital nos depara sorpresas que la cotidianidad no nos deja constatar en relación con la relevancia que en nuestro devenir histórico han supuesto muchos de los próceres honrados con nombres de calles o monumentos.

 

Hace apenas cinco años surgió con fuerza un movimiento social que consiguió la erección de un monumento al insigne marino Don Blas de Lezo, hombre de gran relevancia histórica - injustamente tratado y olvidado - sin cuya existencia la presencia de España en América no hubiera sido la misma. Un movimiento espontáneo que nació, además, impulsado, en parte, por la ridiculez que supuso honrar a una enemiga de España como Margaret Thatcher con el nombre de una plaza. En esta ocasión no fue la Alcaldesa Carmena sino Ana Botella quien no debía saber muy bien lo que hacía ni a quien honraba.

 

Lo que escribo hoy es consecuencia de un reciente paseo por Madrid acompañando a unos norteamericanos y sobre todo de sus preguntas al hilo de su curiosidad por lo que iban viendo por nuestras calles.

 

No es Madrid una ciudad grande y no es difícil su recorrido a pie por la misma, siempre y cuando no se extienda uno por la periferia, y las zonas urbanas adyacentes, claro.

 

Siendo Madrid la capital de España uno espera toparse de una u otra forma - callejero y monumentos - con aquellas personas o hechos que han contribuido de forma positiva a nuestra larga historia. Sería prolijo relatar aquí a toda esa retahíla de personajes que desde la perspectiva de la cultura, la milicia, la política o la aventura han conformado nuestra historia y que son en muchos casos el motivo por el que nuestra Patria es conocida.

 

Fijémonos, por ejemplo, en quienes fueron Reyes de España. Son bastantes las estatuas dignas de mención que adornan nuestras plazas. Carlos III, Felipe III, Felipe IV, Isabel II o Alfonso XII son algunos ejemplos. Bueno, vale. Pero, ¿cómo le explico yo a mis amigos norteamericanos la razón por la que Isabel la Católica o Felipe II están cuasi escondidos en un rincón y que Carlos I o Fernando III el Santo son casi ignorados?

Me preguntaba uno de mis amigos de Oregón si Felipe IV o Isabel II, ubicados en plazas de relieve, fueron más importantes que Fernando el Católico o Carlos I a la vista de lo que él veía. Desde luego quedé sorprendido por la pregunta ya que no había reparado en este detalle de nuestro callejero madrileño y de cuanta razón tenía mi amigo americano.

 

Otro tanto cabe decir, si de estatuas hablamos, de la sorpresa de mis acompañantes al ver las ecuestres de Espartero o del Marqués del Duero. Les explico que fueron Generales liberales del siglo XIX, destacados militares y políticos sin duda. Claro que a años de luz de relieve en nuestra gastada historia si los comparamos con Hernán Cortés, Pizarro, el Gran Capitán o El Cid, entre otros muchos, a quienes Madrid ignora. No sólo era Blas de Lezo el olvidado. Al menos sí que nos encontramos con Colón. Menos mal.

Mi amigo americano no salía de su asombro.

 

Sin duda Madrid necesitaba un monumento que recordara a Blas de Lezo pero igualmente a muchos otros y desde luego reemplazarlos por los existentes citados que deberían ser removidos de la zona noble de Madrid y trasladados a otros lugares si queremos que Madrid sea coherente con la historia de España.

 

Lo mismo cabría decir si de personas procedentes de otros ámbitos habláramos como Cervantes, Teresa de Jesús o Goya…….etc.

 

Al menos Velázquez y Goya tienen calles en su recuerdo, claro que asombra ver que con la misma relevancia que la dedicada al General Serrano, el amigo bonito de Isabel II y otros compañeros liberales del XIX.

Inaudito.

Sí, sin duda Madrid necesitaría una remodelación profunda de su paisaje y una adaptación más ceñida a la historia de España. No sería difícil.

¿Se imaginan un paseo de la Castellana con la presencia concatenada de plazas o glorietas recordando junto a Colón, a los Reyes Católicos, el Gran Capitán, Hernán Cortés, Pizarro, Juan Sebastian Elcano o a los héroes del Plus Ultra, después de trasladar a otros lugares a los que ahora ahí están que en mi opinión al lado de los citados son irrelevantes en nuestra historia ?

 

Lamentablemente no será así y deambular por las calles de la Villa y Corte seguirá siendo el reflejo real de la vida misma actual en nuestra nación:

Los mediocres en la calle y los Pizarro, Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola o Cortés.....en el ostracismo o desaparecidos.

Así nos va pero esto es lo que hay. Ya lo he dicho : real como la vida misma.

 

Y dejo para el final la bomba: ¿ se atreverá alguien a devolver algún día a la historia de Madrid a quién la liberó en 1939 de las garras comunistas y del terror rojo de las checas? Al Generalísimo Franco me refiero claro.

Y hecha esta pregunta que a más de uno le pondrá los pelos de punta, y más, pienso si no será posible ver algún día una plaza de la reconciliación en donde pudieran convivir, por ejemplo, un monumento al soldado nacional abrazado a un soldado republicano. Desde luego hoy gracias al sectarismo revanchista de la izquierda gobernante es imposible pero en ningún caso por la parte ideológica en la que me encuadro. Yo no tendría ningún inconveniente. En eso somos diferentes.