Anoche emitía la Sexta un programa especial titulado Los archivos secretos de Franco del equipo de investigación habitual, cuya emisión fue precedida de un calentamiento sectario y sensacionalista por parte de la cadena con la consabida gracieta de José Miguel Monzón, autoapodado Wyoming.

Dado lo que se planteaba, para informar a nuestros lectores críticamente, hemos querido analizar lo allí vertido contando con la ayuda de nuestro colaborador, el historiador Francisco Torres, que además conoce en toda su extensión el archivo personal de Francisco Franco, agradeciéndole que nos atendiera para comentar solo con el visionado directo y fiando a la memoria el contenido de la emisión.

-¿Se ve capaz de resumir el programa emitido por la Sexta el 20-N en dos palabras?

Sí, decepcionante y manipulador. Decepcionante porque esperaba algo novedoso y el contenido de esos archivos secretos que no aparecieron por ninguna parte…

 

-No parece que su opinión vaya a ser positiva. ¿Cómo se enfrenta un historiador a un programa como el de anoche, rotulado como periodismo de investigación? ¿Qué le pareció?

Es complicado hacer un juicio en profundidad, porque sería necesario visionarlo detenidamente, haciendo una crítica argumentada desde el punto de vista del historiador; pero estamos ante un ejemplo de sensacionalismo interesado al servicio de una determinada versión de la historia.

Gran parte del documental es una mera reiteración de lo que ya han hecho otras veces, hay mucho de recorta y pega porque la investigación, a mi juicio superficial, daba para poco. De hecho después volvieron a emitir un reportaje antiguo de la misma cara del equipo, Gloria Serra, con el mismo objetivo: denunciar el supuesto enriquecimiento ilegal de Francisco Franco –más que supuesto directamente inventado–; el tópico de la “España esquilmada por los Franco”. Eso sí, obviando que el supuesto enriquecimiento poco tiene que ver en cifras reales con lo que han puesto de manifiesto las facturas de la corrupción del PP o del PSOE.

Tampoco es que sorprenda lo emitido: es un documental de la Sexta con todo lo que ello significa. No es un documental de la BBC, por aquello de la comparación; así que hay que valorarlo en la medida de lo que es la línea editorial de esa cadena. Hay que situarlo en esta coyuntura de acoso y derribo que busca la criminalización de Franco; y de paso echarle una manita al señor Sánchez, para paliar al revés sufrido por Sánchez en lo referente a la exhumación de los restos de Franco. Y ahora el gobierno ya sabe cuál es la jurisprudencia en Estrasburgo que deja bien claro que el gobierno tiene muy poco que hacer en los tribunales.

En cuanto a lo que me pareció, pues para sintetizarlo, un ejercicio de manipulación escasamente imaginativo; de mezclar de forma relativamente simple temas muy diversos para poder lanzar un mensaje que llevan repitiendo desde hace tiempo. Luego está el cómo se cortan y montan los testimonios que se recogen, a veces torpemente porque pese al corte dejan en entredicho lo que va contando la voz de la narradora que reinterpreta al gusto del guión lo que le dicen. Y luego han contado con algunos “investigadores” adictos a la manipulación con verdades a medias o datos incompletos. Todo ello aderezado con la imagen de algún que otro documento y no con series completas… es coger un documento que me puede valer pero aislándolo de los demás que lo explican para darle un supuesto valor a lo que se dice amparándose en lo que el espectador ignora sobre determinadas cuestiones.

 

-Alguna aportación que usted considere importante o que pudiera tener trascendencia para justificar que fuera un programa de periodismo de investigación.

No creo que vayan a ganar el premio Pulitzer -lo mismo se verían condecorados si estuvieran en Corea del Norte-, pero sí, hay algo a anotar aunque metido con calzador: el misterioso archivo de 85.000 documentos que un militar regaló o dejó en depósito a un señor que vive en la serranía de Málaga. Aunque no parece que encontraran nada de lo que buscaban tan ávidamente: las cuentas de Franco y datos sobre ese inventado enriquecimiento.

 

-¿Ha hablado de manipulación?

Aunque siempre existe el error involuntario, la equivocación puntual al generalizar, el borrón del escribano, yo cuando alguien insiste en una idea, en un ejemplo, notoriamente falso o lo utiliza como recurso a través de una meditada puesta en escena, suelo desconfiar del resto de la información. Y eso ocurre nada más arrancar el reportaje. Antes le comentaba que el documental era poco original, por eso empieza con el tópico.

Se inicia con imágenes de un acto de La Falange en recuerdo de José Antonio Primo de Rivera. El tradicional acto que se celebra en las inmediaciones del 20 de Noviembre para llevar, andando, una corona hasta el Valle de los Caídos. Naturalmente la narradora, que es la periodista que dirige el equipo, Gloria Serra, quiere ese marco para transmitir una imagen indicando que van a la tumba de Franco (naturalmente no dice que no pueden pasar al Valle y que se quedan en la puerta), lo que es incierto (anda muy preocupada de que hubiera muchos jóvenes, lo que horroriza a otra de las estrellas de la mañana televisiva, Ana Rosa Quintana). Eso sí, saca provecho de las sonoras muestras de antipatías hacia la Sexta -la cadena de los que se suenan los mocos con la bandera de España- de los asistentes al acto, haciendo una gira por la cadena en las horas anteriores para ganar audiencia. Una cortinilla metida con calzador que poco tiene que ver con un documental, por otra parte bastante anárquico, como rellenado a puñetazos (el guionista no pasaría del 6), porque la tesis que van a presentar carece de suficiente apoyo y entidad por lo que hay que adornarla con el recurso a lo irracional.

 

-Se atreve usted a diseccionar el montaje.

Tendría que verlo más despacio y tomar notas, pero sin priorizar yo le diría: tiene un ritmo de misterio para cubrir la inexistencia del misterio (solo faltó lo de estar atento a la pantalla, dejar paso a la publicidad y volver); busca convertir en aparente secreto y ocultamiento lo que ni es secreto ni está oculto; acaba montando una historia sin respuestas.

Si nos centramos en los “papeles de Franco” existe la intención, nada inocente, pese a que se afirma que se trata de documentos de su archivo personal, de buscar presentar como apropiación indebida el archivo que hoy custodia la Fundación Francisco Franco. No se puede prescindir del hecho de que los programas de la Sexta son beligerantes contra la Fundación y contra la familia Franco, que su objetivo es ese. Así, en esta versión, mientras Franco agonizaba, el marqués de Villaverde -siempre lo retratan como el malo de la película-, que se pasaba la vida en el Hospital en esos días, dirigía una operación de empaquetado para ocultar no sabemos qué… Si hubieran investigado un poco más pues sabrían que doña Carmen permaneció todo el tiempo que quiso en El Pardo hasta que se trasladó a su piso en Madrid y que lógicamente, después de 40 años viviendo en el palacio, eran muchas sus pertenencias (¡Existen las mudanzas, señores del equipo de investigación!).

Curiosamente, un dato que se les pasó, es que nos explican que al lado del despacho de Franco estaba la biblioteca. ¡Cáspita! Si hay una pléyade de historiadores que dicen que Franco ni tenía biblioteca en El Pardo, que solo veía la tele (fútbol y toros) y leía el periódico dada su “ausencia de inquietudes intelectuales”.

En realidad, el hilo conductor del programa no es ningún archivo secreto, ni documentos perdidos que no son tales, sino tratar de denunciar que la FNFF oculta papeles o que se han ocultado papeles que no se pueden consultar por interés; especialmente aquellos sobre las cuentas de Franco, para enlazarlo con la cuestión de la “fortuna de Franco” y su origen. Una fortuna, básicamente en inmuebles, que se estima, según los “expertos” en 500 millones euros. Curioso, porque transcurrida una hora de programa nos explican que el Pazo de Meirás, quizás la segunda propiedad en importancia de Franco, se ha puesto a la venta con todo su contenido en 8 millones de euros, por lo que les va a resultar difícil cuadrar las cuentas. ¡Es que cuando se manipula hay que tener cuidado con los detalles!

Como es habitual en estos reportajes se apoya el mensaje en pretendidos expertos que den una indispensable patina de credibilidad, pero no quedan como tales en sus intervenciones. Así, aparece un tal Gutmaro Gómez Bravo presentado como experto en los papeles de Franco, profesor de la Complutense especializado en el régimen de Franco como sistema represivo, que en su intervención no demostró que supiera gran cosa del Archivo de Franco y que lo único que vino a decir es que en los noventa no pudo consultarlo.

En este sentido hubo algunas informaciones inexactas, como que solo se pudo consultar la documentación custodiada por la FNFF a partir del año 2000, lo que es relativamente falso. La digitalización facilitó esa posibilidad, pero anteriormente se podía solicitar la documentación. En los noventa, sin tener ningún “padrino”, yo solicité un volumen importante de documentos para un trabajo de investigación y una comunicación en un congreso universitario remitiendo un escrito y me facilitaron las copias sin mayor problema. En algún caso le hablo del año 1990. Recuerdo que en la presentación comentaron que era una novedad al contar con los documentos del Archivo de Franco a los que se consideraba no se podía acceder. Supongo que entonces esa posibilidad dependía del grado de ordenación del archivo en relación a la petición porque estaba en ese proceso. De hecho se utiliza un corte de una entrevista con el profesor Suárez Fernández de esa época en la que se indica que se estaba trabajando para que se accediese al mismo y que la FNFF era la primera interesada en que esa documentación se conociera.

 

-¿Entonces no hay ocultación de documentación?

Rotundamente no. Los documentos ofrecen una imagen de Franco muy distinta al tópico en casi todas las dimensiones de la persona y de su obra. Hay muchas cosas que sacar a la luz y hay que trabajar en ampliar el Archivo de la FNFF porque es fundamental para luchar contra la “falsedad oficial” que pretende convertirse en “verdad oficial”.

 

-En el programa el presidente de la FNFF habla algo de ello

Como usted sabe, en la actualidad, yo soy miembro de la FNFF y estoy trabajando como historiador en la restructuración del archivo y en su ampliación. Y le aseguro que se está haciendo con mentalidad de investigador, de ayudar a los investigadores y por tanto al servicio del conocimiento de nuestro pasado para lo bueno y para lo malo.

El hecho, y conviene resaltarlo -yo he sido antes de este tiempo usuario de ese archivo en Madrid y en Salamanca- es que desde la apertura a los investigadores primero, tal y como establecía la ley, y a todos los españoles en la actualidad derivado de la reforma de la ley realizada por Rodríguez Zapatero, todos los que han acudido a la FNFF han podido consultar con plena libertad la documentación. Allí no se le pide el carné político a nadie, ni se les pregunta por su opinión sobre Francisco Franco.

Insisto, la FNFF es la primera interesada en que el conocimiento sobre Franco y su época sea lo más abierto, amplio y libre posible. Son otros los que temen la libertad y se muestran partidarios de la censura. Son otros los interesados en hacer desaparecer documentos. A no pocos lo que no les gusta precisamente son los documentos.

 

-¿Pero en el documental se habla de documentos que no están?

Eso es una nueva manipulación porque los documentos sí están. Que haya alguno que no esté digitalizado no es extraño en cualquier archivo. Los procesos son caros, hay que mantener equipos y programas informáticos para que esa digitalización sea útil. En la FNFF se hizo un gran esfuerzo para tener un sistema mucho más cómodo para el investigador que el de los antiguos rollos microfilmados -que también tiene la FNFF-. Lo fundamental es si en las listas de descripción está el documento: luego facilitarlo en consulta original o digital es resultado de la situación. Es algo que deberían de saber los “expertos” que desfilan por el programa -es posible que se lo indicaran pero los guionistas prefirieran cortarlo en aras de la manipulación-.

 

-¿Entonces…? No lo entiendo muy bien.

 

Mire, de los 27.000 documentos que están en la FNFF y en Salamanca -nosotros tenemos ahora más documentos porque el archivo ha continuado ampliándose, porque es un archivo vivo y se procura rescatar papeles que de otro modo se perderían-, que suponen más de 100.000 folios….. más de CIEN MIL… los reporteros, que se han leído según se oye en el documental las 27.000 descripciones, solo encontraron uno que no estaba. Por lo que fuera, puede que se saltara en el proceso de digitalización, no está en el microfilm. Esto solo se puede detectar cuando alguien pide ese documento en concreto.

Que no hay ningún ánimo de ocultación se hace realidad -pero en el programa se oculta el hecho- cuando se comprueba que no solo está identificado el documento en el listado que el investigador consulta primero para localizar aquello que le interesa, las fichas, sino que además se explica con detalle el contenido. Ese índice descriptivo no lo hizo el archivo de Salamanca, sino que es el que hizo la propia FNFF. Si se quería ocultar algo bastaba con no incluirlo o borrar la identificación. Pero no, está ahí. Es más, existen otros documentos similares correspondientes a otras fechas que sí pueden consultarse sin problema en los microfilms de Salamanca. Todo ello hunde el mensaje que se quiere transmitir de “ocultamiento y misterio”.

Como el guionista no es muy bueno incurre en la contradicción en el montaje y los espectadores debieron quedarse bastante fuera de juego cuando tras explicar a los periodistas que el documento si está indicado está, por lo que le enviarán una copia. Y así lo hacen. ¿Dónde está el ocultamiento?

Seguro que eso sucede con algún documento más, aunque los audaces investigadores solo han encontrado uno entre 27.000. Lo evidente es que se produjo algún salto al digitalizar, un error en el que hasta hoy nadie había reparado. Es algo que tampoco es tan infrecuente cuando el investigador de enfrenta a documentos digitalizados. Insisto, el documento no estaba perdido sino perfectamente catalogado, fichado e identificado.

Pero era lo que argumentalmente necesitaban para poder entrar en el tema que les interesa: la fortuna oculta de Franco. Esa es la clave.

 

-Acláreme una cosa, estamos hablando de datos personales o de datos que deben de ser públicos.

Ese es un debate complicado al tratarse de un Jefe del Estado. En los documentos del archivo personal de Franco que la FNFF custodia hay bastantes referencias a sus cuentas personales -otra cosa es que los “investigadores” que han ido buscando esos datos sean capaces de localizar todos los documentos que pudieran tener alguna conexión con esta cuestión- y a las propiedades del Generalísimo y doña Carmen, que son las que pueden tener interés para el historiador y no los beneficios, inversiones, etcétera que sus descendientes hayan obtenido (no se puede recurrir a lo que valía un piso cuando se adquirió al final de la Castellana y el incremento especulativo de esas propiedades en los últimos cincuenta años, como hace algún “experto” en la “fortuna de los Franco”).

Si nos atenemos a la Ley tanto sus herederos como la propia Fundación podía haber considerado que al ser datos de carácter personal se deben cumplir los plazos establecidos para que sean de libre consulta. ¿Qué ha hecho la Familia y la Fundación? Pues dejarlos en los legajos en que estaban y permitir libremente su consulta. ¿Dónde está la ocultación? Mire, en el programa se muestra la escritura de la adquisición de Valdefuentes. Son varias escrituras con decenas de páginas que no se pueden despachar con tres frases y una toma como se hace en el programa. Están en el Archivo y a disposición de cualquier investigador.

Cierto es que no hay muchos documentos y que solo permiten al investigador sustentar documentalmente la situación económica de Franco en unos instantes, pero el conjunto de la documentación permite plantear la realidad desde otro punto de vista al que nos están contando.

Para precisar la cuestión se necesitaría tener más documentación pero lo más probable es que esos papeles no existan. Nadie guarda los extractos de sus cuentas bancarias durante toda su vida. Ahora bien, es posible que documentos como los que existen en el archivo de la FNFF, resúmenes de cuentas, estén en el Archivo de Palacio en la documentación de la Jefatura del Estado. Dudo que la familia de Franco guarde algunos papeles sobre esta cuestión.

 

-Abordará usted esta cuestión.

Hace unos meses me pidieron un artículo como historiador para una publicación científica sobre un tema colateral que me obliga a enlazarlo con este. Estoy en ello. Solo le adelanto que he encontrado alguna documentación que ayuda a precisar muchas cosas.

 

-Conociendo su contundencia espero ávidamente conocer su tesis… aunque si no se da prisa no sé si podrá publicarla.

Habrá que desafiar a la censura -sonríe el profesor-… Tiene algo de lección que uno tenga que enfrentarse a la censura para hablar sobre Franco.

 

 

-Mientras hablaba he reflexionado sobre lo que me ha dicho de hacer un documental revoltijo y me ha venido a la memoria la aparición del embalsamador del cadáver de Franco, Antonio Piga, que afirma que Franco debió de fallecer a las 9 de la tarde del 19 de noviembre.

Más o menos eso es lo que se deduce de sus palabras. Sobre esta cuestión se lleva especulando desde el 20 de noviembre de 1975. Me resulta curioso que Antonio Piga, que junto con su padre y Antonio Haro realizaron el embalsamamiento, haya tardado tantos años en “cambiar la historia”. Pero tampoco el programa es en esto original aunque se cuelgue medallas, porque esto se publicó en noviembre de 2017.

Lo cierto, si asumimos que no hay error en lo que cuenta Piga, es que el equipo llegó al hospital entre las 0.30 y la 1 de la madrugada y que Pozuelo les alertó sobre las diez de la noche de que la muerte era inminente y les llamaron sobre las 12 para que acudieran al hospital. Los que recordamos aquel día sabemos que TVE cambió la programación sobre las 9 de la noche retirando un programa de Raphael para emitir la película “Objetivo Birmania”. Recuerdo que en casa mi padre comentó que Franco no pasaría de esa noche. Los años hacen que las horas bailen con suma facilidad en los recuerdos después de 43 años. Olvida Piga y no lo menciona la narración del documental que el equipo médico era muy amplio, que sobre las diez de la noche se produjo el cambio de turno y que Franco continuaba con vida según el médico saliente que publicó su testimonio décadas después. Ninguno de los testimonios de los médicos -claro puede que todos hicieran un pacto- avala las palabras de Piga. Yo mismo tuve una larga charla, con muchas confidencias, con el médico de Franco, el doctor Pozuelo quien me indicó que el electroencefalograma señalaba que el paciente aún estaba vivo sobre las 10 de la noche. Lo que todos los testimonios médicos indican es que después de las diez de la noche solo era cuestión de poco tiempo. En esa tarde había asumido que su misión había concluido. Si se atiende a estos datos, con algunos testimonios de quienes prestaban servicio de escolta en la planta, la hora real de la muerte se debe situar a partir de las 11.30 de la noche; el más extremo afirma que no más allá de las 2 de la madrugada. La hora exacta de la muerte puede que solo la conociera su yerno, el prestigioso doctor Cristóbal Martínez-Bordiú.

 

-Volvamos al programa y su contenido

Lo que más ingenuo resulta es que se hable de dinero desviado, de misterios y demás y acaben en un archivo público pidiendo la documentación y que esta aparezca con todos los detalles.

Es de aurora boreal el torpe intento de camuflar que los republicanos se llevaron ilegalmente, rogándolo, joyas, obras de arte, lo que había en las cajas de seguridad…. Es algo conocido. Pues equipo de investigación lo silencia, lo oculta, porque es necesario para mantener su historia. Ignoran lo que fue la Comisión de Recuperación de Bienes. Los republicanos asaltaron casas, robaron y se incautaron, cuando no destrozaron, miles de obras de arte, a lo que se sumarían todo tipo de joyas, bienes, etc. Las Comisión de Recuperación recuperó en España innumerables objetos… La prensa de la época –podían haber ido los de equipo de investigación a la hemeroteca-, y hasta creo que el NODO, reflejó estos hechos y las exposiciones que se montaron para que las víctimas del expolio realizado por los republicanos pudieran recuperar sus pertenencias. Todo ello está documentado.

¿Qué hace equipo de investigación? Sugerir que parte de lo recuperado pudiera ir directamente a los bolsillos de Franco. Eso sí, cuando las autoridades incautan lo hacen con registros documentales que se conservan. Investigar estas cosas requieren mucho tiempo y no se pueden despachar con unas tomas de cámara.

Yo me suelo fijar en el lenguaje que no es inocente. Los testimonios recogidos indicaban que era el Estado el destinatario de lo recuperado en el extranjero -de esto existe bastante documentación diplomática por cierto- y la narradora, la periodista, insiste en decir Franco para transmitir, sin decirlo, la idea de que el dinero iba a los bolsillos de Franco.

A mí no me gusta personalizar, pero convendría recordar a los miembros del “equipo de investigación” que la inmensa mayoría de los palacetes de la nobleza madrileña fueron asaltados y las obras de arte que poseían expoliadas. Alguien se las quedó.

 

-Insistían de forma recurrente en el patrimonio de Franco…

A mí me resulta muy curioso esta cuestión cuando debe de ser relativamente fácil identificar correctamente el patrimonio del Caudillo salvo que existan cortapisas por parte del Estado. Esto no me extraña, a fecha de hoy es imposible consultar en ningún lado la Hoja de Servicios completa de Franco que, pese a su empeño, la FNFF no ha conseguido tener. Pero la verdad interesa poco en este tema…

Como es natural recurrieron a los “expertos” habituales: Javier Otero y Mariano Sánchez. Con ellos hablan del documento perdido con las cuentas personales de Franco (bueno en el archivo hay cuatro documentos similares y alguna otra documentación complementaria). Naturalmente, ninguno de los dos “expertos” explican con corrección las partidas, porque la documentación se divide entre cuentas personales y la cuenta de donaciones. Ya puestos podían haber comentado el listado de donaciones con mayor detenimiento.

Otero y Sánchez buscan demostrar el enriquecimiento ilícito de Franco. Dejemos a un lado a Mariano Sánchez, cuyo libro es una manipulación porque infla las cifras, las valora a precios actuales y él siempre habla de la “fortuna de los Franco”, aunque transmite la idea que es la fortuna de Franco. Como las propiedades conocidas son fáciles de explicar hay que inventar historias truculentas. De antología es la manera de presentar la finca de Valdefuentes que Franco compró para dedicarse a la explotación agraria. El experto nos dice que como Franco cobraba entre 600.000 y 1.000.000 de pesetas al año, hubiera necesitado 22 años para pagarla. Eso sí se olvida del patrimonio que él y su mujer tenían antes de la guerra civil y en el que están parte de las propiedades. Pero es que, además, podían tener la delicadeza de leerse con detenimiento los documentos.

Una salvedad. La famosa cuenta de Franco para donativos era abastecida por donaciones para estas obras. Franco jamás hizo publicidad de las donaciones, y fíjese si se podía aprovechar de ello propagandísticamente. Tenemos constancia de la existencia de la contabilidad de la misma. Es más, cuando Franco murió, la familia, su hija, sabiendo perfectamente que ese dinero no era de Franco, ella y el administrador Felipe Polo entregaron al rey Juan Carlos I esa cuenta y la contabilidad. Ya tienen entretenimiento los “expertos”, que no lo mencionan, y los miembros de “equipo de investigación”.

-Para cerrar, ¿qué le ha parecido el tratamiento informativo sobre el 20-N?

Supongo que me pregunta sobre la información vertida en los grandes medios… Me voy a centrar en lo que es habitual, las decenas de Misas que se ofician en toda España, la mayoría sin publicidad. La misma cadena del programa, pero sumando a otras, insisten en que son actos de “exaltación del franquismo”. Eso es una manipulación porque el objetivo es que se prohíban y se persigan, lo que, por cierto, agrede a los derechos individuales. Acudir a una Misa por el alma de Francisco Franco no es un acto político, ni es un acto de exaltación, es un oficio religioso. Si se manipula y tergiversa en algo tan evidente, como le decía al principio, qué no harán con el resto de la información. Blanco y en botella.

 

-Estando charlando, y teniendo en cuenta que usted escribe no pocos artículos de análisis político, nos ha llegado la información sobre la votación en el Senado a propuesta del PSOE para condenar el franquismo. ¿Qué piensa de esto?

Yo suelo ser muy sincero y le doy mi opinión muy particular desde el punto de vista del analista político. Que el PSOE y PODEMOS hagan esa propuesta es normal, a nadie debiera escandalizar. No se puede esperar otra cosa, son coherentes, así que no puedo criticar al señor Sánchez por ello.

Ahora bien, lo que sí tengo que resaltar es la “cobardía moral del PP”, un partido fundado por varios ministros de Franco, lleno durante años de cargos del régimen de Franco a todos los niveles. Tienen mayoría absoluta en el Senado y podían haber votado en contra, pero no, se han abstenido. Y esa moción condena el franquismo, cualquier acto de exaltación y apoya la exhumación. Tampoco puede sorprender la opción del PP y Ciudadanos. Políticamente ambos hubieran votado que Sí, pero un Sí les dejaría sin excusa prefabricada -los argumentarios que tienen preparados- para evitar perder votos. Pero, bueno, el PP es un partido que ha decidido suicidarse y todo esto va a tener un coste en las urnas. Y tienen suerte de que no tengan que enfrentarse a una protesta de esos sectores que les señale como colaboradores necesarios para que salga adelante tanto la exhumación de los restos de Franco promovida por el PSOE como la nueva y amenazante Ley de la Memoria Histórica.