En la convención norcoreana del PP (aplausos, sonrisas y alguna furtiva lágrima en busca de recompensa) el gran timonel del naufragio, Pablo Casado, se ha puesto la toga cándida, en cuyo blanco inmaculado se arropaban los políticos romanos que se postulaban a una magistratura; de ahí nuestra palabra candidato. Se ha puesto Pablo la cándida toga para oculta entre sus pliegues la añagaza y su pasado. Su breve pero elocuente pasado de palmero de Rajoy y de Soraya (perdón por el pleonasmo) y la trampa de un discurso “nuevo” que apesta a naftalina.

 

Estos muchachitos tan viejos del PP, que aspiran a ser Churchill y se nos quedan en Moreno Bonilla, encajan todos en lo que Napoleón Bonaparte decía de los Borbones: “ni aprenden ni olvidan”. Pablo Casado quiere volver a seducir a los ex votantes del PP que hacen manitas y cucamonas electorales con VOX y C,s, y para ello resucita un discurso que él cree que volverá a provocar un ataque de priapismo en la derecha sociológica española, porque está convencido de que ésa derecha, a la que invoca sin llamarla por su nombre bautismal (no me vayan a tildar de facha), es como él y como sus adorados Borbones: “ni aprende ni olvida”.

 

Pobre Pablo, empecinado en sus errores políticos, en su deficiente formación, en sus taras sectarias y en el hunga-hunga tribal de los que, a su amparo, buscan cargo y nómina (sobre todo nómina) es incapaz de entender que, al menos, cuatro millones de votantes de la derecha sociológica han aprendido mucho y, efectivamente, no han olvidado nada. Por eso tienen muy presente que Pablo Casado justificaba, alababa, ensalzaba y aplaudía todo lo que el binomio Rajoy-Soraya hacía para disolver a España en Cataluña y licuar los principios y valores de la derecha sociológica española en la pócima ideológica de la “gauche divine” pseudoprogre de la Ideología de Género, de las leyes sáficas, sodomizantes y hermafrodíticas de la LGTBI y la repugnante ley de Memoria Histórica.

 

Más de cuatro millones de españoles que confiaron en el PP como Cristo confió en Judas, no han olvidado y, por lo tanto se han aprendido, como se aprende el Credo, que Pablo Casado no hizo nada, absolutamente nada, para evitar la puñalada trapera del PP a las derecha sociológica, y que cuando se “atrevió” a hacerlo fue sólo cuando comunistas, socialistas y separatistas le quitaron de encima a Mariano Rajoy; que es como lidiar un caniche en San Isidro y pedirle al tendido del 7 que te den las dos orejas y el rabo. De no haber sido por la moción de censura del Frente Popular, Pablo Casado seguiría siendo hoy lo que, en realidad, sigue estando en su propia naturaleza: el caniche de Aznar que adoptó Rajoy. Y al caniche, aunque desciende del lobo, le faltan los huevos, los colmillos y la mirada del lobo… del lobo ibérico.