Quien nos diría que en pleno siglo XXI y después de 43 años de su muerte, hablar de Franco, seria hablar de actualidad. La izquierda tiene una obsesión enfermiza por tergiversar la historia, manipularla e inventarse sucesos y hechos que nunca sucedieron. No pretendo yo aquí enumerar los distintos episodios, o mejor dicho, ocurrencias que la izquierda cuenta y que pretende sean aceptadas sin discusión. Por eso están empeñados en mantener, ampliar e implementar la ley de memoria  histórica. Se trata de establecer una verdad única por decreto, con el agravante de no poder poner en duda ninguno de sus dogmas que además, en la mayoría de las ocasiones, no se corresponde con lo sucedido.  Toda investigación queda cercenada y toda sombra de duda sobre la veracidad de lo que se nos cuente, puede ser constitutiva de delito. El objetivo último de esta ley totalitaria es el blanquear el pasado de la izquierda de este país, tan cargada de odio, crimen, corrupción y violencia. En ningún caso se trataría de hacer justicia, o de reparar a las supuestas víctimas no se sabe muy bien de que o de quienes. Se trata de encontrar un hilo conductor en lo que basar su propia legitimidad. Un punto de inflexión en la historia, borrando todo aquello que no les conviene y santificando e idealizando un modelo que fue un fracaso y origen de muchos de los problemas actuales que  padece España.

La transición en España sigue inconclusa, y solo quedara cerrada cuando en un arranque de honestidad y dignidad, la izquierda reconozca que  algo hizo mal, que en algo se equivocaron, pidan perdón y asuman su cuota de responsabilidad de lo sucedido a lo largo de la historia. Imagino que es mucho pedir cuando no conocen ni lo que es honestidad, ni mucho menos lo que es dignidad. Si lo conocieran, no estarían reivindicando a criminales y poniendo en el mismo plano de  igualdad a victimas con verdugos. Nos hablan de los cinco últimos fusilados en el Franquismo, cinco terroristas, cinco asesinos, tres del FRAP y dos de ETA, y jamás hablan de las víctimas, de los muertos que causaron y del daño y dolor que provocaron, y lo peor de todo, la izquierda cree tener una superioridad moral de la que en verdad carecen. Su continua huida hacia adelante y el sentirse orgullosos de su pasado, solo les hace despreciables.

Obsesionados con cunetas y fosas comunes. Es lógico. Saben mucho de cunetas y de fosas comunes y sin embargo, lo dicen como si hubiesen sido otros y no ellos, los usuarios habituales de las cunetas y de las fosas. Reivindican la figura de Puig Antich, y no de su víctima, un joven subinspector de policía de 24 años de edad. Y se olvidan con facilidad del atentado en la cafetería Rolando, en la calle Correos, donde son asesinadas 13 personas en 1974 y más de 70 resultan heridas, cuando se estaba celebrando la boda de unos recién casados. Varios militantes del PCE estuvieron involucrados y dos mujeres fueron señaladas como colaboradoras, en palabras de la abogada de los criminales Lidia Falcón, una conocida feminista que poco le importo defender a los asesinos de varias mujeres en este atentado. La idea de poner la bomba en esta cafetería partió de la propia Eva Forest, la mujer de Alfonso Sastre. Los criminales de ETA nunca fueron juzgados por estos hechos y fueron puestos en libertad, en virtud de la vergonzosa amnistía del 77, la que ahora Pablo Iglesias quiere derogar, y en eso coincido con él, sobre todo, para que estos crímenes dejen de estar impunes y se pueda juzgar a los asesinos.

Todos tenemos memoria, pero unos más que otros. Yo me niego a olvidar a las víctimas de hace 80 años, a las de hace más de 40 y a las más recientes. Ellos, la izquierda, tienen una memoria selectiva y olvidan con facilidad su  pasado más reciente, ensalzando a los criminales y condenando al ostracismo y al olvido a sus víctimas. Los que ensalzan a los asesinos y recuerdan a los criminales fusilados del 75, son los mismos que desean profanar el cuerpo de Franco y que se han olvidado de forma intencionada de sus propias atrocidades. Y Franco, bien gracias, pasó el 10 de Junio y sigue donde debe estar, en el Valle de los Caídos.