Con mucha preocupación y tristeza, no dejo de pensar, últimamente, que unas elecciones municipales, sean consideradas comicios de segundo orden. Que los llamados partidos nacionales se sirvan de ellas para hacer política nacional y que no sean valoradas como se debe, olvidando y dejando en un segundo o tercer plano a los votantes, simpatizantes... sentando en el banquillo a las bases de un partido.
 
Esas bases son los cimientos de cualquier formación política, permítanme el símil, es como la cremallera de un pantalón, empieza a cerrarse desde abajo, y desde ahí es donde debe funcionar hasta cumplir su objetivo. Si falla desde abajo no cumple.
 
Los órganos de control, dirección, secretarías generales de los distintos partidos, una vez constituidos sus gobiernos, no ejercen su derecho y su responsabilidad de apoyo y control, dejando a su suerte "rencillas" "luchas de poder", "caciquismos" e "iluminados" que campan a sus anchas, y toda una serie de comportamientos que marcan la vida política de un municipio y por extensión, del partido al que representan, debilitando de forma notable las estructuras que sustentan al partido, apagando la estabilidad del mismo, de forma inevitable y deleznable.
 
La aluminosis es una enfermedad del hormigón que afecta a la estructura de un edificio, poniendo en peligro su estabilidad. Esto es lo que hoy en día está sucediendo en las bases de los partidos, con la connivencia de las direcciones de los mismos.
 
Es cuanto menos preocupante, ver como se ha llamado a filas al votante fiel a un partido para que se deje la piel, y luego sea abandonado a su suerte una vez alcanzado, o no, el objetivo. Provocando de forma consentida e inconsciente que se debiliten las bases, y por ende, la estructura de un partido. Es lo que yo calificaría como una "aluminosis política".
 
Hemos asistido con cara de incredulidad a negociaciones de alto riesgo, donde en algún caso se ha roto la cuerda de tanto tirar en zonas estratégicas, para dejar al margen a la gran mayoría de localidades que necesitaban, igual que las "localidades estrella", del apoyo de sus mayores, consiguiendo con más o menos fortuna, acuerdos de gobierno aceptables.
¿Pero qué pasa cuándo las distensiones no son entre partidos, sino entre miembros de una misma formación, fundada por la prisa de llegar a tener representación? Que al igual que hay comicios de segunda y pactos de segunda, también hay equipos de gobierno de segunda, e incluso de tercera, donde el interés de la Sede Central está directamente relacionado al ruido que hacen a nivel social las discrepancias. Si tiene escaso interés mediático irá en proporción al interés de los equipos de gobierno del partido. No habrá futuro si no son estables y están sanas las estructuras. Habrá que evitar, a toda costa, la aluminosis política. Que tomen nota los que tengan que tomarla.