La asombrosa actitud de la abogacía del Estado acatando las instrucciones del Gobierno del Sr. Sanchez, en el llamado “proceso catalán”,siembra de desconcierto a una ciudadanía que piensa que algo oscuro se esconde tras la actitud del Gobierno. Interferir en las acciones de la justicia por parte de un Gobierno es propio de naciones totalitarias y ya parece que estemos en esa vía. Nuestra sociedad se encuentra en una encrucijada de difícil solución entendiendo esta como una situación en la que no se sabe qué conducta seguir. Y esta es la situación en la que, en mi opinión, se encuentra hoy la sociedad española. Un Gobierno títere o quizás, aún peor, cómplice de una izquierda radical y de sus acólitos separatistas negocia con líderes traidores a la Constitución y a la nación española. ¡ Inaudito!

Vemos todos los días como los terminales mediáticos del mismísimo Gobierno nos presentan a representantes del independentismo catalán dándoles toda la cancha posible en medios nacionales con absoluta normalidad. A estos personajes se les podrá acusar de cualquier cosa pero no de expresarse con claridad. Todos aspiran a romper España y a crear un estado independiente separado del tronco común al que han pertenecido desde tiempo inmemorial; poco les importan las consecuencias que puedan suponer para los ciudadanos catalanes. Imbuidos de un mesianismo e iluminación estrambóticos manejan bien el adoctrinamiento de la sociedad (especialmente la de los más jóvenes mediante la educación) y desde luego desde la manipulación ideológica que el control de los medios les posibilita.

Desgraciadamente, hay que reconocer que no lo hacen mal a la vista de los resultados que están obteniendo; y, desde luego, también, han comprendido mejor las técnicas más apropiadas para alcanzar sus objetivos. A mí todo este proceso me recuerda en gran medida lo que la historia nos enseña del nacional socialismo en la Alemania de los años treinta donde el Estado totalitario se constituyó en el depositario máximo de los mecanismos de adoctrinamiento a través de la educación, en los procesos de socialización primaria.

Y siendo esto grave, muy grave, observo e intuyo como el proceso catalán no es más que una parte de un todo general. Paso a paso, pero sin pausa, y sin cometer infracción legal alguna, el objetivo final es transformar la legalidad vigente de tal forma que, llegado el momento, queden neutralizadas aquellas fuerzas e instituciones responsables del mantenimiento de la legalidad constitucional. Y es lamentable, pero me temo que lo están consiguiendo.

Lo siento, yo no trago con lo de la Ley a la Ley cuando se trata de la unidad de España. Parafraseando a Napoleón cabe decir que cuarenta siglos nos contemplan a nuestras espaldas y lo que cientos de generaciones han construido con sangre, esfuerzo y sacrificio no pueden romperlo unos políticos coyunturales a los que se les ha dado alas en beneficio de intereses también del momento de aquellos que se lo han consentido y siguen consistiendo.

España es demasiado importante para que unos politicastros de tercera la cuestionen y esto es lo que está sucediendo ante la parsimonia de una sociedad dormida que debe darse cuenta de lo que se le viene encima. Lo que está sucediendo en Cataluña es el ensayo de lo que quieren para toda España. Me viene a la memoria una tremenda cita de Edmund Burke cuando sentencia que, “lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”. Pues bien, eso es lo que creo firmemente que está sucediendo, que nadie mueve un dedo ni levanta la voz para parar este enorme desatino.

Sí, los partidos políticos que en teoría representan a esa sociedad adormecida , PP y C,s, se enzarzan en disputas partidistas sin que de verdad se enfrenten con firmeza a la amenaza neocomunista-separatista que nos amenaza. Sólo VOX, el partido emergente que recoge cada vez más el sentir desilusionado de tantos españoles puede ser la esperanza para parar tanto desatino. Y ahí les vemos luchando por la defensa de España presentándose aquí y allá sin desmayo y dicho sea de paso con gran valentía.