Las declaraciones de Miquel Iceta, suponen una aportación más al problema de convivencia y normalidad en nuestra vida diaria que nos están provocando los partidarios de la independencia de Cataluña. Había cargado la pluma para disparar (es un decir) contra este señor tan simpático que baila en los mítines con la misma gracia que un borrachín pesado en una boda, porque nos ha pedido, como solución para dejar de sufrir a los botarates a los que se les ha puesto por barretina decir que no son españoles que, la democracia, es decir, nosotros, encontremos un mecanismo que dé solución a sus absurdas pretensiones. Como está visto que estos orates han sido incapaces de conseguirlo, y no será porque no lo han intentado, ahora nos pide que les echemos una mano y les arreglemos el problema que han creado. Si no lo han leído o escuchado, dijo: si el 65% de los catalanes quiere la independencia, la democracia deberá encontrar un mecanismo para encauzar eso". ¡Hay que ser… eso, para pedir algo así!

 

Como comenzaba diciendo, iba a dedicarle estas líneas al botarate de Iceta, cuando se me adelantó José Luis Ábalos, el portavoz del grupo del PSOE en el Congreso. Con exquisita elegancia, puesto que ambos son de la misma agrupación, dijo: "El compañero Iceta, que es muy dado a hacer reflexiones, cuando se inserta esto en un contexto como el actual de confrontación electoral, resulta inapropiado". Magnífico. ¡Qué finura en el verbo y qué bien escogidas están sus palabras! Se nota que se esforzó, porque no siempre es así. No se crean. A este señor, le he oído decir, refiriéndose a Santiago Abascal, que España se merece mucho más respeto que un personaje de cómic”. Como ven, ahí no fue tan exquisito como con su compañero.

 

Perdonen, que me voy de un tema a otro. Les decía que iba a escribir sobre el Primer Secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya. Pero la memoria me hizo recordar que, los problemas a que aludía al inicio de este artículo, comenzaron con la elección como Secretario General del PSOE de un infausto personaje de cuyo nombre no quiero olvidarme ahora, que empieza por José Luis y acaba por Rodríguez Zapatero.

 

Porque allá por el año 2000, competían a la Secretaría General del PSOE José Bono y el que he nombrado antes. Salió elegido quien ustedes ya saben por muy pocos votos pero, sobre todo, porque, a pesar de algunos dirigentes del PSC como José Montilla optaban por el castellanomanchego, Pasqual Maragall convenció a los de su partido que, lo “mejor para “Cataluña”, era elegir a… bueno, a aquél.

 

Y en pago de su apoyo, Zapatero, en 2003, visitó Barcelona para corresponder a Maragall por la ayuda recibida. Ante las muchas personas que concurrieron al mitin, y ante las televisiones de toda España que las difundieron, pronunció estas palabras: “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”. Ante los aplausos de la concurrencia, este hombre sonreía como… Venga, dejémoslo en que sonreía. Continúo. Esta frase ayudó a que Pasqual fuera elegido “Muy Honorable”, que es el título que se da al presidente de la comunidad autónoma del noreste. Y precisamente allí comenzó el actual problema que hoy sufrimos.

 

Recordarán que, los primeros años posteriores a 2003, el tema central en los medios de comunicación fue la reforma del infumable e inconstitucional estatuto que aprobó el parlamento autonómico, que quedó en nada, como no podía ser de otra forma. Y eso que el PSOE, entonces en el Gobierno, hizo cuanto pudo y más para legalizarlo. Pero no hubo manera. Y después, el protagonismo fue de las muchas acciones que a lo largo de los últimos años han perpetrado los acusados de cometer el delito (no me gusta la palabra presuntos en este caso) de rebelión y las de sus “pacíficos” seguidores. De aquellos lodos, estos polvos. Por favor, no lo olvidéis.