Me envían un “tweeter” del periodista Hermann Tertsch, ahora eurodiputado de VOX, en el que hace profesión de fe en los EEUU diciendo que “Europa fue salvada dos veces de sus propios monstruos por EEUU. Su libertad se la debe a EEUU de América- El pago ha sido siempre la deslealtad y el desprecio. Europa no perdona a EEUU que la salvara de su nazismo, fascismo y su comunismo, criaturas suyas”. Siento discrepar. Más ahora, que se cierran docenas de canales de Youtube en todo el mundo y que Facebook hace lo propio. El último 23 de mayo la abogado Sylvia Stolz era detenida por la policía federal alemana para cumplir otra nueva condena de 18 meses de cárcel a causa de expresar una opinión histórica en Suiza; el año pasado Ursula Haverbeck, de 88 años fue condenada así mismo a 2 años de cárcel también por motivos de opinión y la canadiense de 73 años, Monika Schaefer, que se hallaba de visita turística en Alemania pero tuvo la desgraciada idea de asistir a una conferencia, acabó cumpliendo 10 meses de cárcel por idéntico motivo. Estos son solo algunos ejemplos pero hay muchos más. ¿Qué tiene esto que ver con las elucubraciones de Hermann Tertsch? Pues que toda esa gente va a la cárcel precisamente para apuntalar lo que Tertsch dice. Curiosa “historia” es esa -”sobradamente documentada”, como dicen los cretinos de Youtube, mientras inundan el mundo de toda clase de detritus y bobadas- que se sostiene a golpe de condena y código penal.

Pero hay más: en respuesta, Fernando Paz ha contestado a Tertsch que “la sangre deberían ponerla los otros: primero, el Reino Unido, y luego la URSS”, haciéndose eco de la carta que el ministro de exteriores de Rusia, Sergei Lavrov ha escrito en el “International Affairs Magazine” para recordar a las potencias occidentales que el ejército alemán se desangró en la URSS. Como vemos, se trata del mismo argumento que el de Tertsch pero desde el punto de vista soviético. Lavrov y Paz, vienen a decir que que “la URSS salvó a Europa de su propio monstruo, el fascismo el nazismo”, con lo que, en conclusión, la afirmación de Tertsch es solo sostenible por un país militarmente un cero a la izquierda, como Francia, o por el Reino Unido, ensimismada en su imperio al precio de cualquier cosa. No es verdad lo que dice Tertsch desde el punto de vista de un rumano o de un polaco, entregados como víctimas propiciatorias a Stalin, que se chuparon casi cincuenta años de comunismo y purgas gracias al Tío Sam. Tampoco es verdad desde el punto de vista de los prisioneros rusos anticomunistas, entregados a los soviets por los británicos con el beneplácito de los EEUU y, no dejemos de recordar, naturalmente, que lo que ni Tertsch, ni Paz ni Lavrov dicen es que si la URSS puso “la sangre”, los EEUU pusieron los camiones, el material de guerra y los dólares que salvaron a la URSS del desastre a domicilio. Guste o no, la URSS y Stalin se salvaron CON EL DINERO ESTADOUNIDENSE.

A esto hay que añadir todas las toneladas de basura intelectual y escoria mental producidas en las Universidades norteamericanas en nombre de la libertad: desde “la escuela de Frankfurt” refugiada en los EEUU y mimada en sus universidades, desde donde se lanzó a la conquista de Europa, hasta los perniciosos análisis de Leo Strauss, que se hallan hoy día en la base de toda la nefasta élite neoconservadora estadounidense. Hay que recordar que en esas cloacas se originó la tolerancia a las drogas, la ideología de género o conceptos letales como el de “diversidad” o la revolución sexual. Sería imposible enumerar en un artículo todo lo que Europa, la Europa eterna heleno-cristiana, no la de los políticos liberales, tendría que apuntarle en el “debe” a los EEUU. Para explicar todo con propiedad tendría que reescribirse buena parte de la historia del último siglo, cosa que se impide a fecha de hoy con cárceles, multas y la transformación en un paria social. Por ese motivo puede decirse que en la afirmación de Tertsch hay poco de cierto y debería de haber muchísimo de discutible pero eso sí: de discusión verdaderamente libre.

Pero lo que dice Tertsch no lo ha pensado él. Tertsch tan solo repite una “idea fuerza” de la actual batalla cultural que sostiene la ideología dominante contra la Civilización Occidental, y que exige una Europa infeudada a los poderes hegemónicos en -no “de”- EEUU, fundamentalmente al “lobby likudnik” de Washington. Al menos parte de la cúpula de VOX cree que puede conectar con los núcleos de poder del otro lado del Atlántico, no se si por convicción o por cálculo de oportunidades. Lo que sí que es cierto, y Stolz, Haverbeck, Schaefer y otros muchos nos lo recuerdan día a día, es que la libertad de la que habla Tertsch es en realidad la libertad de no poder expresar ideas y opiniones. Paradójicamente, la libertad hoy se basa en la esclavitud, como diría Winston Smith en “1984”.