Sabido es que las relaciones entre Pacma y los círculos animalistas de Podemos no son precisamente lo que se dice buenas; desde luego, no son fluidas. Entre otras causas o razones porque comparten el mismo espacio electoral, y al tiempo que se lo disputan -y ello en principio es legítimo en una sociedad de pluralismo partidista e ideológico democrático-, a los unos puede irles mejor la cosa y a los otros, peor. Ergo, Podemos ha salvado los muebles en las últimas elecciones generales -por increíble y dramático que venga a ser el hecho de que Podemos haya llegado al poder, con el ya sabido apoyo financiero de ciertas narcodictaduras latinoamericanas, cuyos tentáculos es posible que también hayan alcanzado al mismísimo PSOE, ¡échale más honradez a sus 140 años de existencia!-, hasta el extremo de que ha conformado Gobierno con el PSOE de Pedro Sánchez, más el apoyo de los separatistas vascos y catalanes. Este hecho es una total desgracia para España, pero el caso es que es, se ha dado, en tanto Pacma en las últimas elecciones ha sufrido un estrepitoso descalabro.


A mi juicio, el ideario de Pacma y el de los círculos animalistas de Podemos son, más allá de muy ligeras diferencias de nada que no afectan al fondo o núcleo ideológico, el mismo perro -nunca mejor dicho lo de perro, tratándose del movimiento animalista- con distinto collar. Esto es: ambas son movidas de perroflautas que reivindican lo mismo, el mismo modelo de cultura y de sociedad. A saber: un mundo al margen de Dios, secularizado a tope, descristianizado, pagano, irenista, relativista, hedonista, multicultural o globalista, transhumano (queda sobradamente demostrado que el animalismo habría que incluirlo en los movimientos ideológicos nacidos del llamado transhumanismo), invadido por doquier por el feminismo supremacista y la ideología de género, y dominado por esa nueva religión postmoderna que viene a ser la antropología cultural.


De manera que las desavenencias y los fuegos cruzados existentes entre ambas organizaciones casi nada importan, pues el objetivo de los animalistas de Pacma y el de los de Podemos confluye: conculcar y socavar los valores y cimientos de la civilización cristiana. Así las cosas, lo que sí vamos a tener asegurada es esa nueva sensibilidad animalista en este Gobierno Frankestein o Frente Popular II, sin que ello impida que se vaya a aprobar también una ley reguladora de la eutanasia. O lo que es lo mismo: las aspiraciones neomarxistas de Pablo Iglesias & company no ven incompatible protestar contra la caza hasta tratar de prohibirla (sabido es que entre las huestes animalistas no escasean las exaltadas voces que llaman "asesinos" a los cazadores, a los toreros, a los pescadores...), y hacerlo por una cuestión de humanidad (humanitarismo) hacia los animales, y a la vez defender el derecho al aborto libre y gratuito, el derecho ya referido a la eutanasia, el derecho a la implantación social de esa fuente de degeneración moral que es la ideología de género...


Entonces, en este estado de cosas he rescatado un apunte reflexivo del año pasado, cuyo asunto da título a este nuevo artículo. El sitio de Internet en que lo leí llevaba un breve comentario de forista que firmaba como El caballero andaluz, y que he rescatado y que traigo a colación aquí y ahora. Es este (las cursivas son nuestras): 

 

 

¿Y sabéis por qué se ha paralizado la caza? Pues nada más y nada menos que porque en el programa Tendido Cero de TV2, se dijeron cosas como: “tanto tonto nuevo que hay en el ecologismo de ciudad” o “un charlatán de asfalto metido a verde”. Y un ecologista se molestó y les demandó.

 

Pero lo gracioso es que esas palabras del director de Tendido Cero fueron a raíz de que dichos elementos “animalistas”, hubieran avisado a los “bomberos voluntarios”, para rescatar a una rata asquerosa que se había quedado atascada en una alcantarilla. ¡Madre mía! No me extraña que el director del programa dijera ese comentario. De esto se deduce que dichas asociaciones son puras ratas de alcantarilla y defienden a sus hermanas.

 

 

Y así pues conocedor de este incidente sentí asombro, ¿cómo es posible tanto desatino? De modo que continué mi escrito con un con que desde luego -lo empato con este con toda normalidad- , a la luz del comentario firmado por El caballero andaluz a nadie debiera pillar por sorpresa o con el pie cambiado el afirmar que el movimiento animalista, sobre todo en sus manifestaciones más radicales, es uno de los más característicamente perrofláuticos de cuantos pueblan la escena urbanitas de nuestro tiempo histórico. 

 

Porque no cabe aventurar o suponer otro diagnóstico para individuos capaces de poner el grito en el cielo ante la peripecia y dificultad que comporta el rescate de una rata de alcantarilla, o capaces de llorar a moco tendido totalmente desconsolados ante los corderos llevados en camión al matadero (vigilias animalistas las llaman), al tiempo que legitiman, esos mismos individuos e individuas, el aborto humano, el feminismo supremacista, la ideología de género, la eutanasia, la financiación partidista con fondos procedentes del blanqueo de dinero del narcotráfico, el ultralaicismo, el multiculturalismo, el relativismo moral, el desierto demográfico imperante en España...


Sí: partidarios de la eutanasia, de socavar los fundamentos de la civilización cristiana, abortistas convencidos o hasta la médula prácticamente todos los que conforman el Gobierno presidido por Pedro Sánchez, empero son tan 
misericordiosos con los derechos de los animales que tienen entre ceja y ceja acabar prohibiendo la caza, al tiempo que seguirán maquinando todo lo maquinable contra la tauromaquia. Hacen la vista gorda ante cientos de abortos que se sabe se han producido en este país de nasciturus de entre 5 y 7 meses, y les da absolutamente igual el que los seminarios y noviciados católicos estén alarmantemente vacíos de vocaciones (esta movida no va con ellos y ellas en absoluto), y les trae al pairo el que en las iglesias preferentemente se vean cabezas canas o calvas o rostros de viudas septuagenarias o para arriba, pero esto sí: cerco mortal a la caza.    

 

Para mí poca duda hay dado el estado de cosas: Dios ha muerto, el hombre ha muerto, y yo no me siento nada bien, que sentenciara un reputado filósofo francés de nuestros días.