Para purgar su doble frustración por no haber podido exhumar los restos mortales del Generalísimo Franco y por haberle faltado la “osadía” bárbara y brutal (que no las ganas) de profanar su tumba, Pedro Sánchez, el traidor de la Moncloa, se fue de excursión al sur de Francia, a depositar sus flores de odio sobre las lápidas de Azaña y de Antonio Machado exhibiendo toda su montaraz ignorancia y su venenosa incultura en el “responsito” laico, blandito y pretenciosamente revolucionario con el que verbalizó la quincalla que flota en su oquedad mental y la escoria que bombea su corazón.

 

Allí se arrogó las legitimidad para pedirle, en nombre de todos los españoles, perdón por el exilio a Manuel Azaña y a Antonio Machado ¿Perdón? ¿Por qué? Manuel Azaña, tan brillante como canalla, tan cobarde como ilustrado, desencadenó con su verbo y con su pluma, con sus actos y sus inhibiciones, una guerra fratricida que la horda frentepopulista por él pastoreada y, finalmente, por él despreciada, buscó afanosamente con el único objetivo de exterminar a la media España que se negaba a dejar de rezar el Ave María y a amar a la Patria por encima de una República que Azaña y sus tártaros comunistas, socialistas y anarquistas convirtieron en una cheka gigantesca en la que torturaron, despedazaron y asesinaron a decenas de miles de españoles que no quisieron ser esclavos del totalitarismo estalinista y que por eso, sólo por eso, murieron en la guillotina de hielo que la URSS había levantado en todas las plazas mayores de España.

 

¿Perdón? ¿Por qué? Ellos y sólo ellos fueron los albañiles de la Guerra Civil. La buscaron porque la querían, la desencadenaron porque creían que la ganarían y, gracias a Dios y a Francisco Franco, la perdieron. Y en el fondo de sus corazones de chequistas saben que sólo la hubieran ganado si el general Francisco Franco hubiera formado junto a ellos para transformar una horda de asesinos en una falange espartana, en una bandera de la Legión, en un tabor de Regulares y en un Tercio de requetés. Por eso le odian.