Después de las últimas decisiones judiciales en España, es muy difícil creer en la independencia del poder judicial, es complicado comprender  unas resoluciones judiciales que, utilizando una terminología suave, son manifiestamente mejorables.

El Tribunal Supremo dio luz verde a la profanación del cuerpo de Franco, revistiendo de inhumación, lo que a todas luces es una profanación, pues se realizó sin consentimiento de la familia, como así indica la propia ley. No contento con esta miserable resolución, ese mismo Tribunal Supremo, rebajó las condenas a los agresores de Guardias Civiles en la localidad Navarra de Alsasua y por último, no vio indicios de rebelión en la intentona golpista del uno de octubre de hace dos años, donde el cabecilla de la trama y máximo responsable, Oriol Junqueras fue condenado a 13 años de prisión. Se me antoja una pena muy laxa, para un delito tan grave como es intentar romper España, desde las propias instituciones, y sobre todo, si es comparada con los 14 años a los que fueron condenados los que entraron en la librería Blanquerna al grito de Cataluña es España.

Definitivamente, la justicia en España ha perdido toda credibilidad, si es que alguna la tuvo, desde que los políticos decidieran meter sus sucias garras en la elección de miembros del Poder Judicial. Es curioso y es materia de reflexión, como lo que conocemos como los grandes partidos de este país, por muchas diferencias estéticas que escenifiquen, a la hora de repartirse los miembros que deben formar parte del poder judicial, tardan muy poco en ponerse de acuerdo y es escandaloso, como en la sentencia que afecta al "proceso", primo la búsqueda de la unanimidad entre los jueces, antes que posiblemente el de hacer justicia. Deben pensar que de esta manera, apoyándose en un corporativismo mal entendido, tapan sus propias vergüenzas y miserias. Lo cierto es que nunca creí en la justicia, ni antes ni ahora, y mucho menos pensé que fuera "ciega", sobre todo con jueces y fiscales cuya adscripción política conocemos, jueces y fiscales de ida y vuelta, hoy aquí y mañana sirviendo al partido que tanto me ayudo en mi carrera, y otra vez vuelta a la judicatura cuando convenga, para seguir sirviendo a mi "amo" allí donde más necesario sea mi presencia.

Otra de las instituciones, en otro tiempo respetables, es la iglesia católica en general y muy particularmente, la iglesia católica española, incapaz de defender la dignidad de uno de sus "hijos más fieles", mirando a otro lado mientras se autorizaba la profanación de su cuerpo 43 años después de muerto a la vez que se procedía al  secuestro la Basílica del Valle de los caídos y se impedía el culto en la misma. Lo cierto, es que sería más propio hablar de Jerarquía eclesiástica que de iglesia, pues iglesia, mas que le pese a su casta dirigente, somos todos.

Tanto la justicia como la jerarquía eclesiástica han perdido todo respeto y toda dignidad.  No tengo la menor duda, de que sus actos tendrán consecuencias y un alto precio que pagar. Se han hecho a sí mismas un daño irreparable y su descredito es alarmante. Es también hora de señalar culpables, unos por acción y otros por omisión, a la iglesia y el poder judicial, se le debe sumar políticos irresponsables, tanto populares como socialistas que han sido la correa de transmisión de determinadas decisiones judiciales incomprensibles. Sea lo que fuera, Junquera y su cuadrilla, tomaran el turrón en casa, en una nueva tomadura de pelo al pueblo español.