En el anime japonés El tiempo contigo, recién estrenado en España, se habla del falsario cambio climático. Se plantear la polisémica hipótesis de que un ser humano pudiera ser capaz de cambiar el tiempo, en este caso para hacer felices a los demás. Hasta el venerable cine de animación japonés acaba infectándose de la paranoia de Greta y sus gretinos. Una pena.

A la manera HAARP, modificando el clima

El anime japonés El tiempo contigo, difusa paranoia climática. Con la inapreciable ayuda de la excelente banda de rock japonesa Radwimps, nos hallamos ante el primer año de instituto de Hodaka, sosías de Holden Caulfield, prota de El guardián entre el centeno. A la sazón, el sicalíptico adolescente, enganchado a los whatsapps, se larga de casa. Arriba a una aciaga Tokio de tintes (post)apocalípticos. La vida le devora el calcañar. Tras arduos instantes agosteños, con la benemérita compaña de un felino zumbón, comienza a currar en una modesta editorial de asuntos esotéricos. Diluvia sin cesar. Metáfora predadora. Poco después, en un McDonald’s, conoce a Hina. Devaneos adolescentes. Más tarde, nos enteramos de que Hina posee la extraña maña de modificar el clima. Mutando las témporas, haciendo que el Sol salga cuando le plazca, Hina puede hacer muy dichosos a los demás. Cambiando el destino del mundo, descifrando sus arcanos, el cielo como alegoría, aunque ello sobrelleve una (colosal) inmolación personal.

Dilapidando lirismo

Se echa de menos el exasperado lirismo de Your Name, la gran obra maestra de su director. Sin duda. Y sus cegadores grados de perfección. Cincelado como un vistoso Haiku, todo deviene aquí más sosegado (e imperfecto). La aptitud técnica y el mimo artístico que demuestra el estudio CoMix Wave Films proporcionan un prodigioso perfeccionismo del dibujo a todo el arrebato romántico y a las fantasiosas y paradójicas alteraciones espacio-temporales que ribetean los relatos del director de las notables El lugar que nos prometimos (2004) y Cinco centímetros por segundo (2007). Eso sí, Makoto Shinkai con El tiempo contigo, bastante lejos del portentoso nivel de epopeyas cinematográficas como El cuento de la Princesa Kaguya, El viaje de Chihiro o Tokyo Godfathers. Por poner tres ejemplos de tantísimos. Por otra parte, es dable aclarar que la refulgente religiosidad Shinto que impregna toda la obra presente proporciona momentos indelebles. Pero es deber recordar, también, que la trama se asfixia y deshilacha por momentos, se atasca y evapora, se lía y obstruye, sometida burda y absurdamente en todo momento a la dudosa polisemia sobre la paranoia climática.

Quién nos ha devorado el coco con la demencia climática

A ritmo de paranoia vegetamos. La más desternillante, a la vez que deletérea, la demente del cambio climático. Con excusas/cortinas de humo como el calentamiento global, se privilegia la (divinizada) naturaleza sobre el ser humano (animalizado). Diosa Gaia contra el hombre, culpable de todos los males. El tiempo contigo, ofrece en ese sentido, una lectura (muy) equívoca. No distingue, en ningún momento, la paranoia de masas actual del razonable cuidado de nuestro entorno. Mal.

Tras el lavado de cerebro climático se hallan, obviamente, sórdidos laboratorios de manipulaciones globales que han ido arraigando durante los cinco últimos decenios, con extrema y extremada sencillez, entre la población. La CIA, la Fundación Rockefeller, el Instituto Tavistock, la Rand Corporation, la Fundación Carnegie, el M.I.T. (Instituto Tecnológico de Massachusetts), el Centro de Investigación Stanford o la Fundación Heritage, por poner tan solo algún ejemplo volander. Sin ir demasiado lejos, Madrid está siendo doloroso testigo durante estos días, en la famosa Cumbre/Farsa del Clima COP 25, de cómo ha ido afincándose pavorosamente semejante inanidad científica. Pero brillantísima como artefacto biopolítico. Puro condicionamiento/conductismo mental. Hasta la Iglesia Católica, con su más que discutible y disparatada Laudato si, participa del extraviado aquelarre. Y el director de nuestra cinta, con sordina, también. Una lástima. En fin.