Una de las varias manías habituales, es la de dar lecciones y discutir en un plano de igualdad con un profesional, sin ser profesional en esa materia.

Eso es lo que el artículo de un tal don J. R. Domínguez ha hecho en “El Diestro” del día 9 de noviembre de 2019, poniéndonos en un plano de igualdad las expresiones del cardenal Osoro (que dijo que “Toda imposición es una dictadura, y éstas no vienen bien a nadie” –relativa a la permisividad transexual-, y que “la Iglesia respeta absolutamente todas las posiciones”).

¿Cómo puede un jerarca de la Iglesia condenar toda imposición doctrinal y moral sin distinguir entre lo verdadero y lo erróneo?

¿Qué es lo que predice o lo que cree, si toda expresión es una aseveración que condena lo contrario de lo que asevera?

Y mi expresión fue la que refuta el escándalo de esos errores que caen en nihilismo, relativismo, anarquismo doctrinal y desorientación.

La libertad de expresión no da “derecho” al error por el mero hecho de ser expresión… Cabe, pues, aprender de la correcta expresión, como alimento espiritual constructivo.

“El que crea y se bautice, se salvará. El que se resista a creer, será condenado”. “Seréis mis amigos si hacéis lo que yo os mando”. “Id y haced discípulos enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado”. (Mat. 28).

¿Cómo compagina el cardenal los Mandamientos de la Ley de Dios y los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia, a la cual se supone que está sirviendo?

Todo mandamiento es una imposición, en función de las exigencias de la justicia natural y sobrenatural. Nadie puede mandar por mandar, ni prohibir por prohibir… Pero el ateo sistema liberal dice que solo es verdad lo que me dé la gana hacer, en hedonismo animalizante y por eso la autoridad firme, por justa y necesaria que sea, no es bien vista por el ateo, el indiferente y el materialista.

“Porque no eres ni frio ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca” (Apo. 3). El error fundamental del señor J. R. Domínguez y del cardenal don Carlos Osoro es creer que el libre albedrío es un fín en sí mismo, que nadie puede tocar, confundiendo la libertad de inmunidad de coacción física (externa), con la inmunidad de coacción moral (interna).

Somos libres para elegir el bien o el mal, pero no somos libres para no elegir.

En materia religiosa no cabe la abstención y por eso no somos libres para el mal, que es lo que nos quita la verdadera “Libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8), y nos destruye material y moralmente en el vicio, el pecado y el desorden alienante.

Dios respetó la libertad de nuestros primeros padres, pero usaron mal su albedrío y no les dio otra oportunidad –contra lo que afirma el despistado articulista-.

El pecado tiene su perdón solo si existe un sincero arrepentimiento, y comprender que somos capaces de pecado, no justifica el caer en él; y sí somos quienes para condenar lo condenable, como ministros transmisores de la doctrina revelada y profetas de justicia doctrinal. “! Hay de mí, si no predicase el Evangelio ¡”, como decía San Pablo.

“Hay que ser transigentes con las personas e intransigentes con el pecado y no imponer, por razón del libre albedrio” –dijo el articulista-, pero el pecado pertenece al pecador y no a la doctrina, como si bastase reconocer que existe pecado abstracto sin autoría, señor J. R. Domínguez, y no es respetable en su error, y cuando Cristo “recibe a los pecadores y como con ellos” fue para salvarles, no para justificarles.

Toda esta corriente confusionista doctrinal y autojustificatoria de nuestros tiempos, se debe al antropocentrismo soberbio y autosuficiente, que pretende una libertad sin Dios, frente al teocentrismo de la verdadera sociedad cristiana del nacional-catolicismo dignificante.

Siento mucho tener que decirlo, con claridad meridiana, pero el artículo citado está lleno de contradicciones de un inmaduro pedante en doctrina católica. Estudie, antes de “expresarse”.