Según pasan los días, mejor se puede apreciar que la concentración del domingo 10 de febrero en la madrileña Plaza de Colón fue un éxito sin precedentes. En clave sociológica, debemos entender que de haberse podido convocar con semanas de antelación la asistencia se hubiese multiplicado por tres o por cuatro, pues esa viene a ser la relación de personas cuyas obligaciones y compromisos no pueden alterarse de un miércoles al siguiente domingo.

Aunque fuese calificada de “pinchazo” por parte de Podemos; aunque Pedro Sánchez se refiriese a ella, pintándola como una España mortecina “en blanco y negro”, muy al contrario, lo que todos vimos refulgir briosamente fueron los colores rojo y gualda ondeando más que nunca, una españolidad intensamente viva, alegre y motivada invadió las calles de Génova, Goya, la Castellana, al no caber todos en la Plaza. El pueblo salió como una riada en defensa de la Unidad de España, contra la claudicación del Gobierno de P. Sánchez frente al independentismo, y los presentes físicamente también representaban a los miles que respaldaron anímicamente la manifestación desde sus hogares. Pero no deben engañarse ni Pablo Casado, ni Albert Rivera, puesto que la capacidad de estimular e ilusionar pertenece al partido de Santiago Abascal, VOX, y se ha conseguido a fuerza de expresar sin tapujos, ni tabúes, lo que muchos pensaban y muy pocos se atrevían.

Conducir a los golpistas hasta los Tribunales de Justicia, ha requerido decisión, entrega, compromiso, y a ese carro solamente se han subido los abogados de VOX. Al final de la concentración junto a Albert Rivera se colocaron Manuel Valls, Villacís, Girauta, Vargas Llosa, etc, era el momento de escuchar aplausos mientras llovían las fotos, pero entre el carro del sacrificio y la tribuna de la foto hay mucho trecho por medio.

Los ocho meses de gobierno sanchista los resume sabiamente nuestro refranero popular diciendo: “mal acaba lo que mal empieza”. Un periodo corto que ha parecido interminable, cuando a un dislate le sucedía vertiginosamente otro más garrafal y peligroso, hasta desembocar en el mayor fracaso político de los últimos cuarenta años. Creíamos que sería difícil empeorar a Zapatero y hemos comprobado tristemente que el listón ha bajado en lugar de subir. Fue un gravísimo error, desde el principio, pretender asentar un Gobierno sobre falsos pilares, el PSOE ya entonces había dejado ser obrero y español, se hallaba reducido a las iniciales de Pedro Sánchez y obedecía a sus necedades.

Sus tres medidas “gancho” se limitaban a exhumar los restos de Francisco Franco, acoger irresponsablemente barcos de emigrantes y a seguir dialogando con el independentismo.

El encargado de convencer “in situ” a los políticos encarcelados fue Pablo Iglesias, (lo que viene siendo mediador), pero Pablo es mucho más eficaz negociando los créditos hipotecarios propios que mediando en esas cuestiones. Además de equivocarse Sánchez en cuanto a medir sus apoyos parlamentarios, tampoco acertó a la hora de seleccionar a los Ministros. El mejor, sin lugar a dudas, fue Maxim Huerta y porque le “dimitieron” antes de que le diera tiempo a “lucirse”; Grande-Marlasca ha conseguido evaporar toda opinión favorable a su persona; el astronauta Pedro Duque quedó a pecho descubierto, flotando en el espacio sideral, desde que salió a la luz su sociedad patrimonial con inquilinos fantasmas. José Borrell ha sido nefasto en la cartera de Asuntos Exteriores, (metía los goles en su propia portería). Intercalando frases de la Vicepresidenta Calvo, del ministro Ábalos, las ministras Robles, Montero, Celaá, y otros, nos saldría un sainete que bien podría titularse “Un Gobierno ,..o algo así”.

Pero el caso más representativo y paradigmático ha sido el de Dolores Delgado, (ya para la historia la ministra Lola), su problema durante estos meses no ha sido la Justicia precisamente. El asunto de fondo es haber negado públicamente conocer al excomisario Villarejo a la par que escuchábamos las famosas grabaciones. Desde entonces se le contrajeron los músculos faciales, echa llamaradas por los ojos, la sonrisa es una mueca fingida, se muestra siempre tensa, crispada,…. a la defensiva. Necesita unas largas vacaciones, o uno de esos periodos para dedicarse más a la vida familiar y dar paseos al aire libre.

Cada palo tiene que aguantar su vela, los políticos deben responden de su gestión, como los llamados a las urnas somos responsables de nuestros votos y conviene tener muy presente que lo importante es quién ocupará más adelante el puesto que deje Pedro Sánchez. Tuvimos un Zapatero I, Rajoy actuó de Zapatero II, al no cumplir su programa; Sánchez ha sido un Zapatero III, llevando todavía más lejos el revanchismo, ahora necesitamos un nuevo Gobierno con capacidad y decisión para regenerar y reconducir España.

Lo que NO queremos es un Zapatero IV.