Los malos generales son los que contemplan la batalla sólo desde la punta de su sable, desatendiendo la línea general del frente y sus objetivos estratégicos. Creen que cumplen y que merecen ser recompensados porque sin vencer han mantenido, mal que bien, la posición, porque han retrocedido poco o, en el mejor de los casos, han abierto una pequeña brecha en escenarios de combate alejados, muy alejados de los intereses estratégicos y tácticos del enemigo.

 

Fluían el champán y la alegría en los estados mayores de la derecha porque en virtud de un pacto de perdedores, del que tanto abominan cuando lo conforman otros para arrebatarles a ellos el poder, van a conseguir mantener algunas plazas importantes. Muy importantes. Sea. Bienvenida la victoria aunque carezca de alas y de épica. Perdedores y debutantes, a pesar de lo mucho que entre sí se detestan, muñirán un matrimonio de conveniencia para echar del poder a las tóxicas izquierdas que con sus pírricos resultados electorales han vencido, sí, pero no podrán gobernar porque no le han causado las suficientes bajas en las urnas a la derecha. Bienvenido el pacto de perdedores que, de momento, nos quita de la piel, solo de la piel, la roña socialcomunista… en territorios en los que España, su idea y su conciencia, su metafísica, está fragilizada pero no muerta.

 

Brindaban, sonreían, se aplaudían y se abrazaban sin querer ver, sin querer mirar hacia Cataluña y Vascongadas, territorios en los que se vivió la Noche Triste de España porque en ellos ha vencido el separatismo de izquierdas y de derechas en toda la cartografía electoral. No hubo ni un lamento ni una lágrima para el delenda est Hispania en Cataluña y Vascongadas, que es donde nos jugamos no la integridad de la Patria, sino el ser o no ser de España que, en la Noche Triste de las municipales, fue expulsada de sus últimas masías y de sus últimos caseríos. Seguid contemplando la batalla sólo desde la punta de vuestro sable.