Arriba la divina primavera, henchida de soles y ricas esencias, brotando calaveras floreadas. Impenitentes cigarras, chifladuras sonoras. Reman suspiros de dicha. Dormita definitivamente la impiedad. Mesedez ozen esan negua joan egin dela, nire arima hotzak ez du sinizten eta. Por favor di en alto que el invierno se ha ido, porque mi alma fría no se lo cree, excelente composición musical de Zea Mays, con la pasmosa voz de la bilbaína Aiora Renteria mediante. El invierno, ido definitivamente. Jaio berrien antzera taupaden beharra dut orain, belarriekin ikusteko nire begiek entzuten ez dutena. Lo mismito que los recién nacidos, necesito latidos para ver con los oídos lo que mis ojos no oyen. Exactitud quirúrgica. Incluso, tal vez, en primavera se folla mejor. Pero, en ocasiones, tras los malos inviernos se suceden las malas primaveras, cantaba Adolfo Cabrales, líder de Fito & Fitipaldis. Como muestra, aterriza, súbitamente, el helador zarpazo de VOX: hipermilitarismo. La aurora de este nuevo embrión polítiquero posee columnas de cieno y fieros huracanes de negras sisellas. Reitero: militarizar, aún más, nuestras militarizadísimas sociedades. Si no teníamos suficiente con los maderos, más madera. Señor, sí señor. A sus órdenes. El (caliginoso) ejército de Vox. Sociedades pistoleras. Políticas con sobredosis de testosterona. Las cosas se resuelven con un par de huevos encima de la mesa. Cabezas de lista por Cádiz, Castellón, Alicante, Pontevedra y Melilla. Y el candidato a la alcaldía de Palma, Fulgencio Coll. Los militronchos jubiletas. Se aburrirían en casa, imagino. Y lo que te rondaré morena. 

 

Hostias y represión, es lo suyo

Tedio. Con el vacuo pretexto de la seguridad que jamás tendremos, lo único cierto es el corpulento negocio de velatorio que cobijan los arsenales. Lo demás es falsedad, avivando una inseguridad paranoide. Cada cual con su 9mm parabellum. Con un par, di que sí. Y, sobre todo, he ahí el dilema querido Joryck, utilizando como biempensante excusa la unidad de la patria. Colándose de matute, entretanto, el militarismo más turbador. Patria, en tantas ocasiones, último (y primer) refugio de los canallas, en visionaria expresión de Samuel Johnson. Cómo no rememorar en estos momentos la obra cúspide de Kubrick, Senderos de gloria. El partido liderado por Santiago Abascal procede a una difusa exaltación del militarismo patriotero más grosero. Se escamotean con abundantísima frecuencia las aristas más oscuras de esta institución, tan asombrosamente querida en España. Bajo el pretexto de la seguridad mundial, enemigos, externos e internos, diversos y plurales y desemejantes, militarizan nuestros cuerpos y almas y espíritus. La búsqueda de un enemigo, externo o interno, que pueda proporcionar (presuntos) argumentos al hecho de que se ensanche el control social, policial y militar en un territorio concreto con la excusa de la seguridad y el miedo. Si ya vivimos un Estado policial, derivaremos definitivamente hacia el distópico estado militar.

Un informe de la OTAN llamado Uban Operation in the year 2020 sugería lo que hoy ya es una realidad: militares rondando las ciudades, cuerpos de policía cada vez más militarizados y la creación de Estados de excepción con alertas antiterroristas de forma perpetua. En este informe de la OTAN esmerado en el año 2003, se marcan las pautas de la guerra en las urbes contemporáneas para el año 2020. Lo de siempre: la paranoia de masas. Ante la fausta perspectiva de un Leviatán que se (auto)destruya y un capitalismo insaciable que estaría a punto de expirar tal y como ahora lo conocemos, el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg avisó a navegantes que “una rápida capacidad de reacción es imprescindible en un mundo que se ha vuelto muy voluble, tenemos que estar preparados para lo imprevisto”. Vamos, hostias y represión contra la disidencia veraz.

 

Armas de corrupción masiva

Sórdidas ventas de armas a naciones lúgubres. Invasiones y ocupaciones de países decididas de manera arbitraria. Guerras, siempre crudelísimas. Masacres metódicas. Reconocimiento honorífico a tenaces genocidas (mientras se escarmienta aún más a Karadzic). Nacionalismo desaforado. Autoridades siempre injustas. Estados de emergencias permanentes. Militarización de la policía. Asesinatos de Estado. 

¿Y nuestro ejército? Para comenzar, ineficaz. Cualquier guerra contra un rival medio supondría nuestra derrota más clamorosa. A tal fruslería, se agrega una mixtura que combina lo más oscuro del franquismo y de la OTAN (memento: asesinato de Carrero Blanco). Por la senda indecorosa de nuestros milicos desfila una miríada de corrupción sistémica y sistemática, abusos y acosos, puertas giratorias desaforadas, ininteligibles privilegios, órganos de control que no controlan y se empuercan y se encabronan: una élite militar esencialmente negligente y abusona. El porosísimo asunto del lucro pecuniario de ciertas empresas y determinadas entidades financieras. Un complejo militar industrial que todo lo condiciona. El secretismo y los elevados precios de las armas favorece cualquier corruptela. Avasallador entramado, de rasgos mafiosos, vivaqueando en comandita accionistas y directivos de las industrias militares, gallifantes y altos mandos. La venta de armas, materia reservada en España. Pura descojonación. Recordemos algo del negociete. Airbus, Indra, Santa Bárbara, Expal, Navantia. La industria armamentística, 100.000 millones de euros al año. Nuestra patria se halla entre los machos alfa del cotarro.   España vendiendo a lo mejor del planeta.  La siniestra Arabia Saudí. Y Camerún, Paquistán, Yemen, Venezuela.

Y tantos asuntos, nunca menores, además: chanchullos inmobiliarios, militares maltratados, padeciendo en muchos casos una pavorosa precariedad laboral, sin derechos mínimos, padeciendo una alienante y ciega obediencia. Élite y chusma, también en el ejército. Y embutiéndonos en absurdísimas guerras neocoloniales. Iraq, Afganistán, Líbano, Libia. Y siempre con la sacrosanta colaboración de las putrefactas escuelas. Las escuelas como el coño de la Bernarda. Allí se cuela todo cristo. O todo Mahoma. Desde los elegetebeís hasta los maderos, pasando por las compañías de seguros. Eso sí, la educación militar, más o menos indirecta a la que estamos sometidos, y más los alumnos, púberes gremlims, forja un significativo caldo de cultivo a la hora de manufacturar pensamientos anestesiados, indolentes y muy serviles.

 

Ejército español, al servicio de la ingeniería social

 

Ejército español, pastueña alfombrilla del Gran Cerdito, OTAN (y sus derivas Gladio), con sus demencias propias de orates.  La OTAN, élite psicópata machihembrada con otras cúpulas de poder impunes, prestas a destruir demográficamente nuestra patria y nuestro entero continente. Género e inmigración por delante. Los militares españoles están en guerra contra sus propios compatriotas. Desde hace treinta años, las femihienas lo tuvieron claro: el derrape militarista del feminismo. No es casual que el mayor perfeccionamiento de la actividad del ejército español en el exterior se produjera durante el mandato ministerial de la difunta Carmen Chacón. El alistamiento de la mujer en el ejército profesional ha sido el factor más relevante para despedazar el antimilitarismo más lúcido de la sociedad española: he ahí la gloria del feminismo androfóbico. Y qué decir de la inmigración desquiciada. El mismo Ejército al que no se atrevieron a mandar a Cataluña a contra los separatistas. O a Lavapiés a constreñir un bestial motín de inmigrantes. O a la Línea de la Concepción a higienizarlo de narcotas, émulos de Popeye, es despachado, en cambio, para facilitar aún más la correría de ilegales hacia España. Amiguitos, nuestros “protectores”, de ONGs colindantes con la Podemia. Calladitos ante situaciones infames. Todo por un sueldo (de mierda). Ejemplo de valentía, diga que sí. Militares de chiste. Y, sobre todo, colaborando con frenesí en la devastación de nuestra civilización. 

 

 

VOX, hacia la nada

 

Pues nada, que siga VOX con sus majaderías. Bajándose los pantalones en Andalucía. Dejando tirados como colillas a Fernando Paz y Alicia Rubio. Con tanta traición y tanta sobreactuación van camino, de victoria en victoria, hacia la capitulación final. En fin.