Marruecos vuelve a apretar el botón del acelerador en su expansionismo hacia intereses españoles. Y lanza otro órdago contra las Islas Canarias a las que delimita dentro de las aguas marroquíes. Así lo ha anunciado el gobierno de Rabat.  El mar que baña las Canarias está lleno de montes submarinos cargados de minerales como el cobalto o el telurio, imprescindibles para fabricar coches eléctricos o paneles solares. España, en virtud de la legalidad internacional que le permite extender su “Zona Económica Exclusiva” para extraer y gestionar los recursos energéticos y pesqueros del mar y su subsuelo, tiene pleno derecho sobre esas aguas. No obstante, Marruecos ya las ha reclamado como propias. Su objetivo real es el puro expansionismo territorial a botín y rapiña como hizo siempre.

Nuestro vecino marroquí es un enconado, vil y abyecto enemigo de España. Desde que se erigiera como Estado independiente y soberano allá por 1956 se enfrentó a España para usurparnos nuestra soberanía. Mohamed V promovió la guerra en la colonia española de Ifni en 1957. El monarca fundador del Estado marroquí  lo hacía para autolegitimarse en el trono emprendiendo la reivindicación territorial permanente. El gobierno franquista al que no interesaba por lejanía y por coste, continuar esa guerra, y en aplicación de la legalidad internacional sobre descolonización emanada de la ONU tras la II Guerra Mundial, abandonó Ifni en 1969. Los Acuerdos, que daban a nuestros pescadores derechos a explotar las aguas de esa excolonia, fueron incumplidos por Marruecos y nuestros pescadores, vetados.


 
La agresión marroquí continuó. En el verano de 1974, el descendiente de Mohamed V, Hasan II, pidió a España el abandono del territorio del Sáhara occidental amenazando con la invasión del mismo.  La reacción del régimen franquista fue no ceder a la amenaza y anunciar un referéndum para la autodeterminación del Sáhara en 1975 y en cumplimiento de la resolución de la ONU de 1970 que reconocía al Sáhara el derecho de autodeterminación. Por si fuera poco el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya se pronunció en octubre de 1975 contra Marruecos negándole todo derecho a ocupar el Sahara.  A Marruecos le dio igual, porque en noviembre de 1975, tras caer enfermo y ser hospitalizado el General Franco, lanzó la Marcha Verde, que fue una invasión civil y militar de más de 300 mil marroquíes sobre territorio saharaui cometiendo con Napalm y fosforo blanco el genocidio de más de 40 mil saharauis. El jefe del Estado interino Juan Carlos I y el gobierno de Arias Navarro entregaron el Sáhara a Marruecos. La ONU siempre ha reconocido la ilegalidad de la apropiación marroquí sobre ese territorio. 270 mil kilómetros cuadrados repletos de fosfatos, petróleo, agua y minerales fueron sustraídos a los españoles por el expansionismo rapaz de Marruecos apoyado por EEUU.  La legalidad internacional en este caso como en otros, no sirvió para nada.

A día de hoy Marruecos continua con sus amenazas: autoriza prospecciones petrolíferas en aguas españolas que se arroga como propias; impide faenar a nuestros pescadores y exige como propias las Islas Canarias, así como Ceuta y Melilla y otras islas e islotes de soberanía española.

Además, la inmigración ilegal masiva no controlada que asalta las vallas de Ceuta y Melilla así como la irrupción descontrolada de “menas” en suelo español se generan en un ambiente de pulso político y diplomático permanente y persistente contra España con el único fin de satisfacer el apetito expansionista de una Monarquía alauí ultraortodoxa en la radicalidad islámica imperialista.  Mohamed VI sabe que con inmigrantes islámicos instalados en España, legales o ilegales, que siempre se sentirán súbditos de Marruecos y jamás de España, Marruecos alberga la quinta columna conquistadora. En forma de vientres y de “menas” , y con Marruecos como punta de lanza política contra España, el mundo islamista tiene a España encorsetada y cogida por los güevos.

Con 12 Palacios, 1200 funcionarios cortesanos, 27 veces el Presupuesto público de la Casa Real española y el 60 por cien de los activos de la Bolsa de Casablanca en sus manos, la Monarquía de Marruecos, construida sobre  la sangre derramada de españoles y saharauis quiere despedazar la soberanía territorial española por el flanco más débil, que es el mediterráneo y de paso, como hizo con el Sáhara, apoderarse de recursos energéticos y minerales usurpando las Islas Canarias y su rico subsuelo marino.

Las vergonzantes cesiones de las altas instituciones del Estado ante Marruecos desde 1975 son escandalosas. La última reivindicación anexionista, que afecta a nuestras Islas Canarias, es otro bochorno inaceptable. 

Quieren que mantengamos sus “menas” a razón de 7000 euros la plaza de acogida; quieren que paguemos “rentas de inserción” a sus súbditos legales e ilegales que desprecian a España; y además quieren robarnos el territorio.

No es de extrañar que Mohamed VI vea en España el panorama idóneo para adelantar fases en su expansionismo frente a un Estado español inestable, zaherido por el separatismo, deshilvanado por un PSOE criminal y desposeído de la soberanía militar y política, entregadas a las instituciones supranacionales que como la Unión Europea o la OTAN han hecho de España un Estado secuestrado.  Los enemigos internos y externos de España y la civilización cristiana aupados por el profanador Pedro Sánchez, tienen ante ellos el mejor horizonte para cumplir sus criminales expectativas.