Los malos políticos y los buenos burócratas sobreviven no por lo que dicen sino por lo que ocultan. Poca gente habrá oído hablar del Tratado Global sobre la Migración (Global Compact on Migration, GCM) que desde Septiembre de 2016 y bajo los auspicios de la Asamblea General viene organizándose discretamente en las cloacas burocráticas de la ONU y que, tras el texto consensuado el pasado 13 de Julio, será adoptado en una reunión a celebrarse en Marrakesh (Marruecos) los próximos 10 y 11 de Diciembre, justo a tiempo para que nuestro Dr.Sánchez comparezca ante el Congreso el día 12, como ha anunciado, - si no se escaquea - para darnos explicaciones altamente embarazosas sobre su nefasta y ridícula gestión de los derechos españoles sobre Gibraltar ante el Brexit británico. 

El citado “Compact” (GCM) pretende ser el primer “Tratado Inter-Gubernamental por una Migración Segura, Ordenada y Regular”, con la intención de “globalizar todos los aspectos de la misma”, según un exhaustivo protocolo burocrático, cuyo borrador final en inglés de fecha 11 de Julio 2018 - que hemos tenido que digerir en su totalidad - condensa en 34 páginas interminables listas de objetivos, metas y estrategias que sería difícil condensar sin aburrir. Un borrador final que, en el fondo, ha causado gran alarma, no por lo que dice sino por lo que NO dice.

Lo que dice es fácil de adivinar: Innumerables medidas para que el movimiento migratorio mundial sea fluido, seguro, ordenado y regularizado por los Gobiernos de los Estados que firmen el acuerdo, garantizando una gigantesca acuarela de servicios gratuitos, subvenciones, ayudas y beneficios de todo tipo - como los que con creces ya se están otorgando en diferentes países europeos, entre ellos España - que de esta forma serán institucionalizados y “globalizados”.

Lo que el texto NO menciona - aparte de que no hace distinción entre migración legal e ilegal - es lo que acabamos de oír a un parlamentario holandés del PVV, según el cual el acuerdo extendería la definición de “hate speech” (lenguaje de odio) para aplicarlo al fenómeno migratorio, lo que vendría a criminalizar hechos como que se critique la inmigración ilegal, o se hable mal de la política de puertas abiertas de Frau Merkel, o que uno se queje del elevado número de inmigrantes, o que se publiquen estadísticas o relatos de violaciones o asesinatos cometidos por inmigrantes - hecho éste último que podría suponer el cierre de los medios que los publiquen.

Sería igualmente “delito criminal” el de atribuir a los excesivos inmigrantes un empeoramiento de los servicios públicos, sanitarios y de transporte, criticar sus peculiaridades - hasta el extremo de señalar que la inmigración islámica no puede integrarse en las sociedades europeas. Los países signatarios, por ende, no podrían forzar o insistir en dicha integración de los inmigrantes en sus respectivas sociedades, lo que en el fondo supondría una pérdida de soberanía decisional al respecto. Por ende, el airado parlamentario holandés denunciaba que tras esta iniciativa de la ONU estaban las grandes multinacionales, en complicidad con gobiernos izquierdistas y globalistas, decididos a potenciar y obtener de esta forma una inacabable cantera de mano de obra barata, sumisa y regulada, tanto legal como ilegal.   

Como es lógico, algunos países que en un principio dejaron a la ONU jugar con este tema ya han manifestado su oposición al proyectado Tratado GCM. - Austria, Australia, Bulgaria, República Checa, Israel, Hungría y Polonia son algunos de los países que no asistirán a la cumbre de Marrakesh. EEUU ni siquiera se molestó en participar en las reuniones previas de negociación del Tratado, por decisión del presidente Trump. Estonia y Eslovaquia tienen sus dudas y probablemente se inclinarán por no participar. En Finlandia, el Partido Finés ya ha exigido que su país se abstenga de acudir a Marrakesh. Hasta la propia Alemania que, por obra y gracia de Frau Merkel abrió las puertas de Europa a la invasión migratoria, está cambiando de opinión a juzgar por la oposición del partido Alternativa-para-Alemania en el Parlamento alemán. El austriaco Sebastian Kurz y el israelí Benjamin Netanyahu también han puesto el grito en el cielo ante el peligro de que un tal Tratado pueda hacerles abrir unas puertas que desean cerradas a cal y canto.       

Pero ¿qué pasará con España? ¿Cuál es la posición oficial al respecto? Desde que esta feria empezó a freír churros en 2016, dos gobiernos del bipartidismo han tenido tiempo de sobra para hacerse una idea de qué es lo que más conviene a España. Es posible que la posición de partida del PP de Mariano Rajoy no coincida con la actual del Dr.Sánchez, pero algo debe tener in mente nuestro “Dr.Cum Fraude” cuando días atrás, en plena emergencia de su nefasta negociación sobre Gibraltar, tuvo la frivolidad de visitar Marruecos y hacer la famosa reverencia ante la tumba de su ex-dictador. Y si lo decimos es porque nada se ha dicho de los acuerdos concretos que sobre política migratoria pudieran haberse discutido durante su estancia en el país vecino. Sánchez podría haber discutido temas migratorios de interés exclusivamente español - como la desvergonzada invasión de las pateras que Marruecos podría frenar si quisiera - y/o lo relativo a la cumbre mundial del GCM que, como hemos dicho, se celebrará en Marrakesh los días 10 y 11 de Diciembre. 
Pensamos por tanto que es materia urgente - sumamente urgente - que Pedro Sánchez explique en sede parlamentaria

(1) cuál es la posición de España ante el GCM;

(2) con qué medios cuenta para implementar esas directivas si España firmara el tratado;

(3) cuánto tiempo más se permitirá que lleguen las pateras con total impunidad, y

(4) qué volumen de inmigrantes ilegales está previsto que España absorba a corto y medio plazo.

Después de todo, el problema migratorio puede ayudarle a marear la perdiz y distraer al personal de los demás partidos que se suben por las paredes de indignación ante las descaradas mentiras vertidas y repetidas por nuestro presidente del Gobierno sobre su gratuita cesión de los derechos históricos españoles sobre Gibraltar. Una negociación, la de Gibraltar, sobre la que aún resuenan las carcajadas de Theresa May y de Fabian Picardo, y que ha convertido a nuestro sufrido país en el hazmerreir de toda la diplomacia europea.