Nos hablan de la llegada de un nuevo frente popular, nos meten miedo en el cuerpo, precisamente los mismos que han abierto la puerta al separatismo y al frente popular. Ahora de nuevo, la estrategia del miedo por aquellos que todo lo han consentido. Toca llamarnos a la movilización, toca asustarnos con lo que nos espera, como si lo sufrido hasta el momento con los distintos gobiernos de Mariano Rajoy, hubieran sido ejemplo de algo.

Me dicen que se preparan concentraciones frente a las sedes socialistas y frente a los mal llamados ayuntamientos del cambio, cuando esas concentraciones deberíamos hacerlas frente a las sedes del Partido Popular, máximo responsable de la situación que nos toca padecer ahora. Su irresponsabilidad, primero manteniendo como candidato a Mariano Rajoy, heredero de ese partido popular de los noventa del que ahora reniegan, y después de una legislatura con una abrumadora mayoría absoluta que se convirtió en la tercera legislatura de Jose Luis Rodríguez Zapatero, y segundo, escupiendo, insultando y desmovilizando a su propio electorado, para caer bien, para caer simpáticos a todos aquellos que ahora les han devorado.

Malos ministros, mala gestión y cesión continúa de soberanía a organismos internacionales que nos tutelan. Leyes de memoria histórica, imposición de ideologías de género, liberación de etarras y criminales, timorata actuación frente al independentismo catalán, son la herencia de un partido popular que se ha visto incapaz de hacer frente a todos los desafíos que amenazan nuestra convencía y nuestra propia existencia.

Se avecinan tiempos complicados, pero no menos complicados que los vividos hasta el momento. La teoría del miedo, que también ha funcionado en el pasado, ya no es creíble. El Partido Popular ha hecho lo que consideraba mejor para su organización, pero no lo mejor para España. Unas elecciones anticipadas, hubieran sido un suicidio para un partido desnortado, a la deriva y desacreditado. Ahora tienen dos años por delante, donde Podemos y el Partido Socialista, sean convertido en sus mejores aliados. Basta con dejarles hablar, con dejarles hacer, para que el electorado conservador vuelva al redil. Lo importante es que los populares hablen poco y se comprometan a nada para recuperar parte de lo perdido.

Pedro Sánchez no lo tendrá fácil. Pan para hoy, hambre para mañana. Tratar de gobernar un país con poco más de ochenta escaños, se nos hace algo difícil de comprender. Pablo Iglesias espera rascar algo, a ellos les da igual la legitimidad de las urnas, se inventan la suya propia. Aldeanos periféricos frotándose las manos y felices, vuelven a estar en el centro del debate y son los que marcan la agenda política de este país al que odian y detestan, pero que les paga gustoso la fiesta. Nadie debe preocuparse más de lo que ya lo estábamos, parece que todo cambia, para que todo sigua igual.

Vivimos tiempos de justicia poética, tenemos la reconciliación que algunos esperaban, el partido de los GAL y el partido de la ETA, por fin juntos, unidos en armonía y comprensión. Seremos testigos de situaciones gloriosas, cómicas, divertidas, seremos objeto de palabras grandilocuentes y vacías de contenido. Nada que no conociéramos. La diferencia es que los nuevos actores irán más desaliñados y peor vestidos, pero el objetivo será el mismo. Destruir, tergiversar, mentir y engañar. Poco les importa España, ni a los que se van, ni a los que ahora vienen. Frente a la amenaza de un nuevo frente popular, solo queda la opción de un nuevo frente nacional. Para oponerse a los nuevos retos y a las nuevas amenazas, no sirven los que han sido conniventes con todo aquello de lo que ahora se horrorizan. Han demostrado su ineptitud, su deslealtad y su colaboración con el mal.