El dilema de Perogrullo fue elegir entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español (aún en la nomenclatura oficial). Razones no le faltan. Perogrullo ha sido objeto de un detenido seguimiento por parte de los “cazatalentos” de ambas formaciones políticas y su caché alcanza cotas insospechadas, lejos de los bajos niveles de otros tiempos. Aún hoy, nadie puede asegurar que el pretendido Perogrullo milite de forma definitiva en uno u otro partido.

 

Una de las últimas decisiones de este gobierno interino de Pedro Sánchez es la de hacer fichar a los trabajadores a la entrada y a la salida del trabajo. No lo hubiera firmado ni la misma Ángela Merkel, cuando andaba ilustrando a Rajoy sobre la forma de desperezar a los españoles poco dados, según ella, a la entrega absoluta en esto del currelo. Controlar el tiempo efectivo de trabajo es una propuesta que identifica a los incapaces y a los mediocres, y no garantiza en absoluto los resultados que se pretenden. La ministra Valerio, que intentó tranquilizar a la peña, al principio de adoptarse la medida, sacó más tarde los pies del tiesto y amenazó con la inspección. La inspección de trabajo, más que una solución, es una amenaza en manos de los socialistas que, lejos de resolver situaciones comprometidas, se vuelve contra el trabajador y contra la empresa, como bien saben los abogados laboralistas.

 

La capacidad de influencia de Perogrullo afecta por igual a los asuntos nacionales, internacionales y locales. Su gestión le hace omnipresente. Por ejemplo, atendiendo a la falta de compromiso o traición para con nuestros colegas norteamericanos; algo que caracteriza también a los mediocres e incapaces. El gobierno interino de Pedro Sánchez ha dispuesto que la fragata Méndez Núñezno forme parte, temporalmente, del proyecto de circunnavegación en el que estaba participando, como buque escolta del portaaviones Abraham Lincoln, mientras que este esté en aguas de Oriente Medio, por las tensiones entre Estados Unidos e Irán. Aunque la ministra interina de Defensa ha dicho que la decisión es temporal, o sea, que la fragata española se unirá de nuevo al contingente cuando se enfrié el conflicto entre Washington y Teherán, lo cierto es que la nave que lleva el glorioso nombre del gran marino que fue Casto Méndez Núñez, el que prefería la honra sin barcos, ¡qué curioso y qué diferente!, ha hecho un mutis y ha virado a estribor dejando la vigilancia del ala que debería ocupar. Ya sabemos cómo, en tiempos del inefable Rodríguez Zapatero (que Dios mantenga alejado de nosotros por los siglos de los siglos), el ínclito se mantuvo sentado al paso de la bandera de los Estados Unidos, cuando todavía estaba en la oposición. O como, apenas ocupar ya el poder, retiró las tropas españolas desplegadas en Irak, que tuvieron que soportar los humillantes cacareos del resto de fuerzas occidentales, como los meapilas del cemento y del asfalto se ofenden por el cacareo de un gallinero en una zona rural.

 

Perogrullo no es, insisto, un afiliado del PSOE. Su habilidad y suficiencia cautivan también a otras formaciones políticas y su mano se ve a poco que nos detengamos a analizar cualquier noticia del telediario, sea en la cadena que sea. Como nos cuenta Javier Tejedor (El Correo de Madrid, edición del miércoles 15 de mayo), el candidato del presidente del Partido Popular en Guipúzcoa, Borja Semper, admite que su partido puede alcanzar acuerdos y pactar con Bildu en el Ayuntamiento de San Sebastián. Y se ha quedado tan oreado. Y el alcalde socialista de Sevilla, Espadas, que ronda la mayoría absoluta, de la mano de Perogrullo promete, si gana las elecciones como dicen las encuestas, traer a Sevilla al papa Francisco. O sea, el papa Francisco, el que confunde España con Venezuela, el que no vino para celebrar el año jubilar de Santa Teresa; el que no reconoce el esfuerzo titánico de España y su compromiso con la religión católica; al que consideran enemigo de España.

 

Un amigo me escribe por Waths up para preguntarme si alguien sabe cuándo va a finalizar el proceso de beatificación de Rubalcaba. ¡Flipo! al ver en un telefiasco de la Primera Cadena de TVE a algunos españoles posar ante las cámaras (cómo nos gusta eso de posar ante las cámaras de la tele). Uno de los comparecientes, que apenas tendría 16 años, admiraba a Rubalcaba ¿?; otra de la misma edad, hablaba maravillas del ex político. Me pregunto si ambos habrían visto a Pérez Rubalcaba en alguna intervención como la del Faisán, por ejemplo. Un tercero más talludito ya confesó que no era votante del PSOE, pero que admiraba al político recientemente fallecido (este, para mí que se ganó por ello alguna palmadita de algún tahúr del socialismo reinante, de los que precisamente no querían saber nada de Pérez Rubalcaba).

 

Hablando de barcos y de políticos conviene recordar que Rubalcaba, a quien apodaron el todoterreno de la política española (los socialistas necesitan también adornar a sus representantes para hacerlos inmortales), tuvo un antecedente con ese mismo apellido en el siglo XIX. Se trata del almirante y ex ministro de Isabel II, Joaquín Gutiérrez de Rubalcaba, uno de los enviados por el general Serrano desde Cuba (el otro fue el general Gasset) con misivas para Prim durante su estancia en Veracruz, para velar por la honra española por las afrentas ocurridas en México, y exigir al gobierno de Benito Juárez una reparación por los daños, las agresiones y la deuda. Nada que ver con la aptitud de Pedro Sánchez. Y, además, el propio Gutiérrez de Rubalcaba dejó testimonio de cómo a su paso, las fragatas francesa Foudrée inglesa Ariadna, saludaron su insignia. Comparen ahora. Nada que ver ni en aptitudes ni en compromisos, ni aún llevando un apellido heroico.

 

En fin, para qué seguir. El domingo 26 de mayo, cuando depositen su sobre con la papeleta del que será el futuro alcalde de su ciudad o su pueblo, de su autonomía o su representante en Europa, por favor, piensen que el enemigo a batir es Perogrullo, el candidato que concurre con mucha ventaja a esos comicios, el que tiene más asegurado su futuro, el que tiene mayor capacidad de influencia.